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Explican por qué llegar con mucha hambre a casa puede llevar a comer de más y cómo evitar los atracones
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en Nutrición, en el programa InfoSur Radio, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, explicó por qué muchas personas experimentan episodios de ansiedad al momento de comer después de una jornada intensa de trabajo y compartió una serie de recomendaciones para evitar los llamados “atracones” sin recurrir a dietas restrictivas ni prohibiciones alimentarias.
Durante la entrevista, la especialista señaló que una de las situaciones más frecuentes ocurre cuando una persona pasa varias horas sin comer y llega a su casa con un nivel muy elevado de hambre.
En ese contexto, explicó, el organismo tiende a buscar alimentos con alta densidad energética, ricos en azúcares y grasas, porque generan una sensación inmediata de placer y alivio.
“El cerebro busca una respuesta rápida y por eso aparecen las ganas de comer pan, gaseosas, snacks o alimentos muy calóricos”, explicó.
Sin embargo, advirtió que ese efecto dura apenas unos minutos.
“Esa sensación de calma desaparece rápidamente y el cerebro vuelve a pedir más alimentos, lo que muchas veces termina en un consumo excesivo”, sostuvo.
Parodi explicó que detrás de este comportamiento existe una combinación de factores fisiológicos y emocionales.
El estrés acumulado durante la jornada laboral, la falta de descanso y las largas horas sin alimentarse generan un escenario propicio para que aparezca el denominado hambre emocional.
“Muchas veces no es solamente el cuerpo el que tiene hambre, sino también el cerebro que busca compensar el estrés vivido durante el día”, indicó.
Por ese motivo recomendó evitar sentarse a comer de manera impulsiva apenas se llega al hogar.
Antes de hacerlo, sugirió incorporar pequeños hábitos que permitan disminuir el nivel de ansiedad.
“No hace falta salir a correr. Alcanzan algunos minutos para respirar profundamente, estirar el cuerpo, caminar un poco o simplemente tomar un vaso de agua con tranquilidad”, señaló.
Según explicó, ese breve tiempo ayuda a disminuir la activación fisiológica y favorece decisiones más conscientes al momento de elegir los alimentos.
Otro de los conceptos centrales desarrollados durante la entrevista fue la diferencia entre restringir alimentos y aprender a equilibrarlos.
La nutricionista sostuvo que prohibirse determinados productos suele generar el efecto contrario al buscado.
“Si una persona se prohíbe aquello que realmente tiene ganas de comer, probablemente al día siguiente termine consumiendo una cantidad mucho mayor”, afirmó.
Por eso propuso abandonar la lógica de las prohibiciones y reemplazarla por estrategias de equilibrio.
Como ejemplo, explicó que una persona puede comer el sándwich que tenía pensado, pero acompañarlo con una fruta u otros alimentos que aporten fibra y nutrientes.
“No se trata de eliminar alimentos, sino de aprender a combinarlos mejor”, expresó.
Entre los alimentos que ayudan a generar mayor saciedad mencionó frutas, verduras, proteínas, aceite de oliva, palta y frutos secos.
En cambio, explicó que los alimentos elaborados con harinas refinadas y azúcares simples producen aumentos rápidos de glucosa en sangre que, posteriormente, favorecen una nueva sensación de hambre.
“Cuando el azúcar sube muy rápido también cae rápidamente y eso vuelve a estimular el deseo de seguir comiendo”, indicó.
Parodi también advirtió sobre otro hábito frecuente: realizar compras cuando se tiene mucha hambre.
Según explicó, en esas circunstancias resulta más probable elegir productos de consumo inmediato y alto contenido calórico.
“Cuando compramos desde el hambre solemos decidir de manera impulsiva y terminamos llevando alimentos que normalmente no elegiríamos”, sostuvo.
Otro aspecto abordado durante la charla fue el consumo de café, bebidas azucaradas y otras sustancias estimulantes.
La profesional explicó que, en personas que ya presentan elevados niveles de ansiedad, estas bebidas pueden contribuir a mantener esa activación.
“En esos momentos conviene priorizar alimentos que ayuden a estabilizar el organismo antes que seguir estimulándolo”, señaló.
Asimismo, destacó la importancia de prestar atención no solo a qué se come, sino también a cómo se come.
En ese sentido recomendó evitar las pantallas durante las comidas.
“Si estamos mirando televisión o usando el celular, muchas veces dejamos de registrar cuánto estamos comiendo”, explicó.
Esa falta de atención favorece el consumo excesivo y dificulta que el organismo identifique correctamente la sensación de saciedad.
Parodi insistió además en que los cambios de hábitos no deben construirse desde la culpa.
“No hablamos de dietas estrictas ni de prohibiciones. Lo importante es comprender cómo funciona nuestro cuerpo para poder tomar mejores decisiones”, afirmó.
La especialista recordó que cada persona posee necesidades diferentes y que quienes presentan enfermedades como diabetes u otras patologías deben recibir indicaciones nutricionales adaptadas a su situación particular.
Finalmente, remarcó que incorporar pequeñas pausas antes de comer, mejorar la calidad de los alimentos y prestar atención a las señales del propio organismo puede marcar una diferencia importante en la salud cotidiana.
“Ser conscientes de cómo llegamos a la comida muchas veces es tan importante como lo que ponemos en el plato”, concluyó.
De esta manera, la ansiedad alimentaria vuelve a aparecer como una de las principales dificultades de la vida cotidiana moderna, especialmente en personas con jornadas laborales intensas, aunque pequeños cambios de hábitos pueden ayudar a mejorar la relación con la comida sin recurrir a restricciones extremas.