ÚLTIMO MOMENTO

El miedo menor

Othar: «Cuando el Estado planifica y el vecino cumple, se

Othar supervisó obras viales y terrenos entregados en René Favaloro

Macharashvili rechazó los argumentos del ENReGE y exige documentación formal

Othar supervisó las tareas de reacondicionamiento en el Estadio Municipal

El destructor Almirante Brown, la gran atracción de la celebración

“Mi hijo no quiere comer”: cómo incorporar nuevos alimentos sin

Inteligencia artificial y cultura digital: Comodoro impulsa una diplomatura con

Atletismo: Inauguración de la instancia provincial de los Juegos Evita

Diagnóstico tardío y neurodivergencia: “Necesitaba reconocerme y dejar de enmascarar

domingo 11 octubre, 2026
InfoSur en Línea InfoSur en Línea
  • Comodoro
    • Rada Tilly
    • Regionales
    • Nacionales
  • Política
  • Economía
  • Policiales
  • Deportes
  • Cultura
  • Turismo
  • Columnistas
    • Mariel Suarez
    • Sergio Mammarelli
    • Gabriela Mendonça
    • Paula Saavedra
    • Jorge Sánchez
    • Club del Libro
logoDARK
  1. Home
  2. Columnistas
  3. El miedo menor
 El miedo menor
Columnistas Sergio Mammarelli

El miedo menor

11 octubre, 2026

Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

En 2023 votamos a un desconocido con una esperanza sin garantías. En 2027 vamos a votar entre dos conocidos con una sola certeza: que alguno de los dos nos da más miedo. Los argentinos cambiamos de criterio electoral y nadie lo anunció.

«Mi madre parió gemelos: a mí y al miedo».

Thomas Hobbes, sobre su nacimiento en 1588

I. UNA REFORMA QUE NADIE VOTÓ

Hay reformas que no pasan por el Congreso, no se publican en el Boletín Oficial y no figuran en ningún pacto de mayo, pero transforman el país con más eficacia que cualquier ley. La más profunda de los últimos años no la firmó nadie: los argentinos estamos modificando, en silencio y sin quórum, el criterio con el que elegimos presidente. Durante décadas votamos con la vieja brújula del mal menor, ese instrumento resignado que nos permitía entrar al cuarto oscuro con la nariz tapada y salir con la conciencia más o menos en orden. Elegir lo malo para evitar lo peor era una forma triste de la racionalidad, pero era racionalidad al fin. Lo que se insinúa de cara a 2027 es otra cosa. Ya no vamos a elegir al que menos daño haga. Vamos a elegir al que menos miedo nos produzca. Parece un matiz de vocabulario. Es una degradación de categoría.

El mal menor, aun en su versión más amarga, era un cálculo. Obligaba a comparar daños, a imaginar consecuencias, a sopesar lo que cada candidato haría con el país. Preguntaba, en el fondo, qué va a hacer este señor. El miedo no pregunta eso. El miedo pregunta qué me va a pasar a mí. El primero es un juicio político; el segundo es un reflejo de supervivencia. Montesquieu, que de estas cosas sabía bastante, enseñaba que cada forma de gobierno tiene su resorte: el honor sostiene a las monarquías, la virtud a las repúblicas y el miedo a los despotismos. Una democracia que empieza a elegir por miedo no se vuelve despótica por eso, pero toma prestado el combustible de la casa equivocada. Las urnas pueden estar impecables y el escrutinio ser perfecto, y aun así el motor que las mueve ser exactamente el que los republicanos clásicos consideraban incompatible con la libertad.

II. LA ESPERANZA QUE NO PODÍA SER DESMENTIDA

Muchos de los que votamos a Milei en 2023 no lo hicimos por fe. Lo hicimos para que no volviera lo mismo, que entonces se llamaba Massa y cargaba con una inflación anual del 211 por ciento. Votamos algo que no conocíamos y en lo que confiábamos poco, pero que tenía una virtud decisiva: era distinto. El 55,7 por ciento del balotaje no fue una adhesión doctrinaria a la escuela austríaca; fue un salto al vacío de un país que prefería caer en lo desconocido antes que seguir parado sobre lo conocido. Aquella esperanza tenía una ventaja que hoy se perdió para siempre: no podía ser desmentida. Nadie sabía cómo gobernaría un economista que prometía dinamitar el Banco Central y suprimir ministerios arrancando carteles frente a una cámara. La ignorancia, en política, es un combustible formidable, porque permite proyectar sobre el candidato todo lo que uno desea.

Spinoza dejó escrito en su Ética que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza: son pasiones gemelas, inseparables, porque ambas nacen de la incertidumbre sobre lo que vendrá. En 2023 los argentinos teníamos las dos, y en proporciones razonables. Teníamos miedo al pasado y esperanza en lo nuevo, y esa tensión producía algo parecido a una voluntad política. Lo que cambió en estos tres años es que uno de los gemelos murió. Ya no hay incertidumbre sobre Milei, porque lo vimos gobernar. Ya no hay incertidumbre sobre el Peronismo, porque lo vimos gobernar antes. Cuando la esperanza desaparece, el miedo no se vuelve más racional: se queda huérfano. Y un miedo sin su gemelo deja de ser una pasión política para convertirse en un clima.

III. LO QUE EL PRESENTE YA ENSEÑÓ

El gobierno tiene derecho a reclamar lo que logró, y lo logró en el terreno exacto que lo llevó al poder: la inflación dejó de ser la principal preocupación de los argentinos. Pero ahí anida la primera paradoja de esta época. Milei resolvió el problema que lo eligió y, al resolverlo, disolvió el miedo que lo sostenía. Hoy el malestar tiene otras direcciones, más difíciles de combatir con una motosierra. Según un relevamiento de QSocial publicado esta semana, el 82 por ciento de los hogares tiene al menos una deuda y el 36 por ciento se atrasa o directamente no puede pagarla. En el área metropolitana, las tarifas de luz, gas, agua y transporte aumentaron un 944 por ciento entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, y pasaron de comerse alrededor del 6 por ciento de un salario registrado promedio a llevarse el 14,5. El informe de humor social de Moiguer registra, por primera vez en esta gestión, que los pesimistas superan a los optimistas: el 41 por ciento cree que el país estará peor dentro de un año. Con un sueldo promedio se compraban 156 kilos de carne en 2022; hoy se compran 95.

Los números de opinión acompañan la curva. La imagen presidencial tocó el 51 por ciento en diciembre de 2025, con la euforia del triunfo legislativo todavía fresca, cayó al 31 en junio y hoy ronda el 35. La consultora Zuban Córdoba mide un 63,6 por ciento de desaprobación y un dato más elocuente todavía: el 59,1 por ciento de los argentinos dice que nunca lo votaría. Pero los números no alcanzan para explicar el desencanto, porque no miden lo que más pesa. Pesa una personalidad que convirtió el insulto en método y la sospecha en rutina de gabinete. Pesa, sobre todo, la ausencia de construcción. La motosierra es una herramienta de demolición, y es honesto reconocer que había mucho para demoler. Pero nadie levanta una casa con una motosierra, y tres años después el país sigue esperando los planos.

IV. LO QUE EL PASADO NO APRENDIÓ

Si el oficialismo agotó la esperanza, el Peronismo nunca la recuperó. Es cierto que Axel Kicillof encabeza las mediciones de potencial de voto y que su imagen positiva, del 45 por ciento, supera holgadamente a la del Presidente. Pero el mismo estudio revela que el 49 por ciento de los argentinos jamás lo votaría, y que la segunda figura del espacio sigue siendo una expresidenta con condena firme que ejerce la conducción desde un balcón de la calle San José. Un movimiento que en tres años no logró escribir un diagnóstico de su propia derrota difícilmente pueda escribir el programa de una victoria. No es una cuestión de edad sino de actualización: el Peronismo es viejo porque no se renovó, no porque haya nacido hace ochenta años. Le faltan hombres y le faltan ideas, y lo que le sobra es una capacidad de bloqueo largamente probada.

Esa es, quizás, su limitación más grave. El Peronismo de 2026 sabe destruir mejor de lo que sabe construir. Sabe frenar una ley, vaciar una sesión, desgastar un ministro, ganar una provincia. No sabe, o no quiere, decir qué haría con la coparticipación, con el sistema previsional, con un régimen tributario que asfixia al que produce y premia al que evade. Su oferta para 2027 no es un futuro; es una coartada. Les dice a los argentinos que lo que sienten hoy es culpa exclusiva del que gobierna, y les pide que olviden que lo que sintieron ayer fue responsabilidad suya. No promete un país distinto. Promete un miedo distinto.

V. DOS ASEGURADORAS, UNA SOLA PÓLIZA

Así llegamos a la escena que se arma para el año próximo: dos empresas que venden exactamente el mismo producto, la protección contra la otra. La Libertad Avanza apuesta a que el miedo al pasado siga siendo más fuerte que el miedo al presente; el Peronismo apuesta a lo contrario. Ninguno de los dos necesita convencer a nadie de sus virtudes; les basta con recordar los defectos del rival. La medición de Zuban Córdoba muestra el resultado de esa competencia con precisión casi cómica: 35,9 por ciento para el Peronismo, 35,1 para el oficialismo. Un empate técnico de temores. Dos terceras partes del electorado repartidas entre dos pánicos de tamaño equivalente.

En ese juego de opciones macabras, Milei puede conservar alguna ventaja, y no por mérito propio. El miedo al pasado es más antiguo, más ensayado, más fácil de narrar: tiene imágenes, tiene cifras, tiene góndolas remarcadas de memoria. El miedo al presente, en cambio, todavía está aprendiendo a contarse a sí mismo; se siente en el resumen de la tarjeta, pero cuesta convertirlo en relato. Lo que ninguna de las dos campañas va a ofrecer es lo único que la Argentina necesita con urgencia: reformas estructurales en serio. Una reforma tributaria que no sea un parche, una reforma previsional que no sea un ajuste encubierto, una reforma laboral que no se limite a decretar lo que no se animó a negociar, y una nueva ley de coparticipación que la Constitución de 1994 ordenó sancionar antes de terminar 1996 y que treinta años después sigue sin existir. Ningún candidato propone eso porque el miedo es más barato de producir que un programa, y rinde más en las encuestas.

Hay una consecuencia que pocos están mirando. Un presidente elegido por el miedo que despierta su adversario no recibe un mandato: recibe un permiso. No llega para hacer algo sino para impedir que otro lo haga. Y un gobierno que nace de un no, por amplio que sea, descubre muy pronto que no puede gobernar con él. Se puede ganar una elección contra alguien. No se puede reformar un país contra alguien.

VI. LA ARITMÉTICA DE LA NEGATIVA

Queda un tercer sector, y es más grande de lo que el ruido de la polarización permite advertir. La encuesta de La Sastrería y Tres Punto Zero registra que el 27,2 por ciento de los argentinos no se siente cercano a ningún espacio político: prácticamente lo mismo que La Libertad Avanza o que el Peronismo. La Universidad de San Andrés mide un 26 por ciento entre indecisos y quienes no responden, y encuentra que casi uno de cada cuatro votantes de Milei en 2023 todavía no sabe qué hará. Es el sector en el que me incluyo: el de quienes ya sabemos que no será Milei, que tampoco será el Peronismo, y que dudamos seriamente de que aparezca una tercera opción capaz de hacer lo que hizo la de 2023, que no nos gustaba, pero al menos nos permitía esperar algo distinto. No somos indiferentes. Somos, simplemente, los que se niegan a votar con el estómago contraído.

Albert Hirschman describió hace más de medio siglo las tres respuestas posibles ante una organización que decepciona: la salida, la voz y la lealtad. El votante argentino de 2027 las encuentra clausuradas a las tres. La lealtad se rompió con la experiencia. La voz no tiene canal, porque no hay candidato que la recoja. Y la salida está prohibida por ley, porque el voto es obligatorio. Pero el giro verdaderamente perturbador no es sociológico sino jurídico, y está escrito en la Constitución. Los artículos 97 y 98 definen al ganador sobre los votos afirmativos válidamente emitidos. El voto en blanco no cuenta. La negativa a temer no está prevista en el sistema: no se suma, no se registra, no se ve. Peor aún, se evapora a favor del que encabeza, porque al achicar la base aumenta el porcentaje de los demás.

Dicho de otra manera, quien se resiste a elegir por miedo termina financiando, sin consentimiento, al miedo que haya resultado más eficaz. El sistema electoral argentino fue diseñado para obligar a elegir, y en una elección sin esperanza eso significa obligar a temer. Es una paradoja digna de un tratado: la ciudadanía más reflexiva, la que se niega a ser administrada por el pánico, es precisamente la que la aritmética constitucional convierte en donante involuntaria del pánico ganador.

VII. EL CUADERNO

Hay, además, una pérdida que no registra ninguna encuesta porque no tiene casillero: la del fervor. Desde 1983, para quienes estrenamos la democracia con poco más de veinte años, la noche de una elección presidencial era un acontecimiento. Me sentaba con un cuaderno y una birome frente a la radio o al televisor, anotaba cada cifra que llegaba a cuentagotas y hacía cálculos, provincia por provincia, para saber si nuestro candidato, el que habíamos elegido y no el que nos había quedado, ganaba o perdía. Si ganaba, salíamos a la calle a festejar con desconocidos. Si perdía, la desilusión llegaba hasta el llanto. Era fanatismo, quizás, pero era también la prueba de que el voto nos pertenecía. Todo fue cambiando. El mal menor nos quitó primero el entusiasmo, porque nadie llora por un descarte ni festeja una resignación. Después la tecnología nos quitó la espera: ya no hay cuaderno ni largas noches de escrutinio interminable, hay una aplicación en el celular que entrega tendencias en un par de horas, y como nadie votó con fervor, a nadie se le ocurre salir a festejar, salvo una militancia que apenas llena algún local partidario. La de 2027 promete ser peor. Confirmar el miedo menor no despierta absolutamente nada. Y menos todavía a quien votó en blanco y descubre, a la mañana siguiente, que su negativa a temer terminó convertida en el porcentaje de alguien a quien ni siquiera eligió: cómplice sin haber sido socio, derrotado sin haber jugado.

El peligro de ser oficialismo

Milei tiene motivos para festejar el resultado de Brasil. También tiene motivos para preocuparse. El problema es que a lo mejor prefiera hacer solamente lo primero.

Flávio Bolsonaro quedó por delante de Lula y ambos deberán disputar el balotaje. La presidencia todavía no está definida, pero el Presidente brasileño recibió una advertencia: el poder conserva sus recursos, sus estructuras y sus discursos; lo que no conserva automáticamente es la paciencia de los ciudadanos.

Sería exagerado afirmar que en Latinoamérica pierden todos los oficialismos. México ratificó la continuidad de Morena y Ecuador reeligió a Noboa. Las excepciones existen y obligan a pensar mejor. Pero Brasil vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿cuánto vale una identidad política cuando el ciudadano empieza a sentir que su gobierno ya no resuelve sus problemas?

La lectura más cómoda consiste en anunciar otro avance de la derecha. La más interesante es preguntarse cuánto pesa el desgaste de gobernar. Porque el mismo elector que ayer buscaba un salvador puede mañana buscar a alguien que lo salve de ese salvador.

Ahí aparece la advertencia para la Argentina. Milei llegó al poder capitalizando el hartazgo con quienes gobernaban. Pero ahora gobierna él. Cada dificultad cotidiana empieza a tener su dirección política, aunque el Gobierno insista en reenviar las quejas al domicilio de sus antecesores.

La herencia explica el punto de partida. Con el tiempo, deja de alcanzar como explicación del destino. Quien prometió cambiarlo todo termina siendo evaluado por lo que cambió en la vida de quienes lo votaron. El empleo, los ingresos, la posibilidad de sostener un comercio o de imaginar un futuro pesan más que una ovación entre convencidos.

Por supuesto, una derrota de Lula no anticiparía mecánicamente una derrota de Milei. Cada país tiene su historia y cada elección sus alternativas. Pero tampoco le otorgaría un certificado de inmunidad. El castigo al oficialismo puede cruzar las fronteras ideológicas con una facilidad que sus dirigentes prefieren ignorar.

Por eso, antes de brindar por Brasil, Milei debería mirar con atención qué está celebrando. Tal vez vea una victoria de sus amigos. Tal vez esté viendo el cansancio con un presidente.

Y en la Argentina, el Presidente es él.

VIII. SIN COARTADA

Hobbes contaba que su madre lo dio a luz antes de tiempo, aterrada por la noticia de que la Armada Invencible se acercaba a las costas de Inglaterra. Mi madre parió gemelos, escribió muchos años después: a mí y al miedo. De esa infancia salió la teoría política más influyente de la modernidad, la que sostiene que los hombres entregan su libertad a un soberano a cambio de dejar de tener miedo. Los argentinos llevamos años practicando una versión criolla de ese contrato, con la diferencia de que en lugar de un soberano elegimos, cada cuatro años, a un guardaespaldas contra el soberano anterior.

Pero 2027 trae una novedad que no figura en ninguna encuesta y que lo cambia todo. En 2023 pudimos alegar ignorancia. Votamos a ciegas a un desconocido para escapar de un conocido, y si salía mal, siempre quedaba el recurso de decir que no sabíamos. Esta vez los conocemos a los dos. Sabemos lo que hizo uno y lo que hizo el otro, lo que prometieron y lo que cumplieron, lo que destruyeron y lo que dejaron sin construir. La esperanza necesita ignorancia para florecer; el miedo, en cambio, se alimenta de memoria. Y la memoria tiene una consecuencia moral que la esperanza no tiene: suprime la coartada. Lo que salga de las urnas el año próximo no va a ser una sorpresa ni un error. Va a tener otro nombre, más incómodo. Va a ser una confesión. Y las confesiones, a diferencia de las esperanzas, no tienen segunda vuelta.

Share This:

Previous post
RELACIONADAS Te puede interesar
Comodoro

Othar: «Cuando el Estado planifica y el

11 octubre, 2026

El intendente visitó a Bárbara Encina, vecina de barrio Km 8 que accedió a

Comodoro

Othar supervisó obras viales y terrenos entregados

11 octubre, 2026

La gestión municipal avanza con soluciones habitacionales y de mantenimiento en Km. 14. El

Comodoro

Macharashvili rechazó los argumentos del ENReGE y

10 octubre, 2026

Tras detectarse marcadas diferencias en las tarifas residenciales respecto a otras zonas patagónicas, el

INFOSUR EN LÍNEA. Todos los derechos Reservados.