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 “Mi hijo no quiere comer”: cómo incorporar nuevos alimentos sin convertir la mesa en una pelea
Entrevistas

“Mi hijo no quiere comer”: cómo incorporar nuevos alimentos sin convertir la mesa en una pelea

9 octubre, 2026

Especial para InfoSur

Agostina Parodi, licenciada en Nutrición, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, abordó una de las preocupaciones más frecuentes que recibe en su consultorio: las dificultades que atraviesan muchas familias cuando los niños rechazan determinados alimentos. Durante su columna semanal, explicó la importancia de generar un ambiente tranquilo a la hora de comer, incorporar nuevos sabores y texturas de manera progresiva y construir hábitos saludables desde la infancia. Además, anunció un taller sobre lectura de etiquetas alimentarias que se realizará el próximo 17 de octubre en Pediatrics.

“El nene no quiere comer, no le gusta nada”. Con esa frase, Parodi resumió una consulta habitual que suele generar preocupación en madres, padres y otros adultos responsables de la alimentación infantil.

La nutricionista explicó que, en muchos hogares, el momento de sentarse a la mesa termina convirtiéndose en una discusión. El rechazo de una verdura, la negativa a probar una preparación o el regreso de una vianda escolar sin consumir pueden desencadenar situaciones de tensión.

Desde la perspectiva de la psiconutrición, advirtió que es importante prestar atención no solamente a lo que se ofrece para comer, sino también al ambiente emocional que rodea ese momento.

“El ambiente tiene que ser respetuoso, porque después vas creciendo con esa idea de que me siento a comer y me retan”, señaló.

El objetivo, explicó, es evitar que la alimentación quede asociada al conflicto, los reproches o las experiencias desagradables.

Los chicos también aprenden observando a los adultos

Uno de los primeros aspectos que Parodi analiza cuando una familia consulta porque un niño rechaza determinados alimentos son las costumbres del hogar.

La especialista recordó que los chicos observan e imitan muchos de los comportamientos de los adultos.

Por eso, puede resultar contradictorio exigirles que coman verduras cuando quienes comparten la mesa habitualmente las rechazan.

“Yo no como ensalada, pero le pongo ensalada en su plato”, ejemplificó al describir una situación que aparece en las consultas.

La nutricionista recomendó que, dentro de las posibilidades de cada familia, todos compartan preparaciones similares y que los adultos también participen en la construcción de hábitos alimentarios saludables.

Esto no significa que todos deban consumir exactamente las mismas cantidades o preparaciones, sino evitar que la alimentación saludable aparezca como una obligación exclusiva de los niños.

También se refirió a las viandas escolares, donde las diferencias entre lo que llevan unos chicos y otros pueden influir en sus preferencias.

En algunos casos, las preparaciones caseras compiten con productos ultraprocesados que resultan más atractivos para los menores.

Frente a estas situaciones, Parodi insistió en que el acompañamiento debe ser paciente y sostenido.

Colores, formas y texturas para animarse a probar

Cuando un niño rechaza una verdura, la primera alternativa no debería ser eliminarla definitivamente de su alimentación.

Parodi propuso buscar otras maneras de presentarla.

Si acepta purés, por ejemplo, se pueden incorporar distintas verduras en preparaciones de texturas similares, modificando gradualmente los sabores y colores.

También sugirió aprovechar los intereses de cada chico.

“¿Qué color es su favorito? Bueno, veamos si hay verduras de ese color, veamos si hay frutas de ese color”, planteó.

Las formas también pueden ayudar. Una papa o una batata cortada con moldes puede despertar una curiosidad diferente a la de una preparación habitual.

La misma estrategia puede aplicarse con otros alimentos.

En el caso de las lentejas, mencionó distintas posibilidades: hamburguesas, albóndigas, guisos, tartas o tortillas, siempre adaptadas a la edad y a las necesidades de cada niño.

La idea es ofrecer oportunidades de acercamiento sin transformar cada intento en una obligación de comer.

“Vamos de a poco”, resumió.

Probar un alimento también es tocarlo, olerlo y conocerlo

La nutricionista explicó que la aceptación de nuevos alimentos puede requerir múltiples experiencias.

Durante las primeras etapas de la alimentación infantil, un rechazo inicial no necesariamente significa que ese alimento nunca será aceptado.

Parodi mencionó la posibilidad de realizar exposiciones repetidas, incluso hasta diez oportunidades, variando las preparaciones y respetando la tolerancia individual.

Sin embargo, aclaró que cada situación debe evaluarse particularmente.

Si aparecen síntomas compatibles con una reacción alérgica, arcadas persistentes u otras dificultades importantes, corresponde investigar qué está ocurriendo y buscar orientación profesional.

También destacó que el acercamiento a un alimento no comienza ni termina con ingerirlo.

Para algunos chicos, tocarlo, olerlo, observarlo o participar en su preparación ya puede representar un avance.

“Que lo toque, que lo huela, que esté en contacto con ese alimento. Son avances”, explicó.

Por eso recomendó evitar tanto la presión para que lo consuman inmediatamente como la decisión de retirarlo para siempre después del primer rechazo.

Participar en las compras y en la cocina

Otra herramienta propuesta por Parodi consiste en involucrar a los niños en la elección y preparación de los alimentos.

En lugar de preguntarles libremente qué quieren comer, los adultos pueden ofrecer opciones acotadas dentro de una selección saludable.

Por ejemplo, durante una compra, se les puede preguntar cuál de dos verduras prefieren probar.

De esa manera, participan de la decisión sin que toda la responsabilidad alimentaria recaiga sobre ellos.

La especialista también recomendó invitarlos a colaborar en la cocina, siempre con tareas apropiadas para su edad.

No obstante, aclaró que participar en la elección o preparación no garantiza que después acepten comer el alimento.

El proceso puede llevar tiempo y requiere sostener límites adecuados sin recurrir a castigos, amenazas ni discusiones permanentes.

Los comentarios sobre el cuerpo también forman parte del problema

Parodi dedicó parte de su columna a una cuestión especialmente importante durante la adolescencia: los comentarios sobre el peso y la apariencia física.

Expresiones como “comé porque estás muy flaquita” o “dejá de comer porque estás muy gordita” pueden afectar negativamente la relación de una persona con la alimentación.

La nutricionista recordó que comer no es solamente incorporar nutrientes.

También intervienen los vínculos familiares, las emociones, la manera en que los adultos se dirigen a los chicos y el significado que se construye alrededor de la comida.

Por eso insistió en trabajar sobre hábitos saludables y no sobre restricciones o exigencias relacionadas con la apariencia corporal.

Aprender a leer las etiquetas para elegir mejor

En la segunda parte de la columna, Parodi trasladó la atención hacia las compras en supermercados.

Advirtió que muchas veces los consumidores interpretan expresiones como “liviano”, “saludable” o “sin azúcar” sin revisar la composición real del producto.

La especialista explicó que los sellos negros del etiquetado frontal son herramientas importantes porque advierten sobre excesos de determinados componentes, pero no reemplazan la lectura de la información nutricional y la lista de ingredientes.

También recomendó prestar especial atención a los productos comercializados para bebés y niños pequeños, ya que sus presentaciones pueden transmitir una imagen saludable que no necesariamente refleja todos sus ingredientes.

En ese sentido, mencionó la importancia de revisar la presencia de endulzantes como la miel y de considerar las recomendaciones específicas para cada edad.

La lectura de etiquetas, sostuvo, permite tomar decisiones más informadas y no depender exclusivamente de los mensajes publicitarios.

Un taller para poner las etiquetas “bajo la lupa”

Con el propósito de profundizar estos conocimientos, Agostina Parodi anunció la realización del taller “Etiquetas bajo la lupa”, que tendrá lugar el sábado 17 de octubre, a las 10, en Pediatrics, Comodoro Rivadavia.

La actividad tendrá una duración aproximada de una hora y media e incluirá contenidos teóricos y ejercicios prácticos de análisis de productos alimenticios.

La propuesta busca enseñar a identificar la información más relevante de los envases y utilizarla para realizar compras más conscientes.

Parodi explicó que, aunque al principio interpretar las etiquetas puede parecer complicado, con algunas herramientas básicas la tarea se vuelve más sencilla.

“Una vez que ya tenés el timing de qué es lo que tenés que mirar cuando tenés el paquetito, es sumamente fácil”, señaló.

Datos del taller

Sábado 17 de octubre, a las 10

Pediatrics, Comodoro Rivadavia

Duración: una hora y media

Arancel: $20.000. Cupos limitados

Inscripciones: 297-414-4070

También se puede consultar la información publicada en Instagram, en la cuenta Pediatrics Comodoro.

Construir hábitos desde los primeros años

Hacia el cierre, Parodi volvió a insistir en la importancia de comprender la alimentación como un proceso que se construye a lo largo del tiempo.

Advirtió sobre la incorporación temprana de bebidas azucaradas y otros productos de bajo valor nutricional, y recordó que las decisiones alimentarias de la infancia pueden influir en los hábitos posteriores.

Para la especialista, el acceso actual a la información representa una oportunidad para revisar prácticas familiares y adoptar decisiones más conscientes.

La clave no está en imponer una dieta estricta, sino en acompañar a los chicos, ofrecer variedad, respetar los procesos individuales y generar un vínculo saludable con la comida.

Porque aprender a comer también implica aprender a compartir, explorar y disfrutar el momento de sentarse a la mesa.

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