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 Diagnóstico tardío y neurodivergencia: “Necesitaba reconocerme y dejar de enmascarar quién soy”
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Diagnóstico tardío y neurodivergencia: “Necesitaba reconocerme y dejar de enmascarar quién soy”

8 octubre, 2026

Especial para InfoSur

Johanna Rossi, estudiante de Psicología Social, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, compartió su experiencia personal luego de recibir en la adultez un diagnóstico vinculado con la neurodivergencia y relató cómo ese proceso la llevó a revisar años de adaptación a las expectativas sociales. También explicó por qué encontró en la Psicología Social herramientas para comprender mejor sus vínculos, trabajar la comunicación y comenzar a reconocerse sin recurrir permanentemente al enmascaramiento.

La conversación partió de una experiencia estrictamente personal. Rossi no buscó presentar su recorrido como una explicación aplicable a todas las personas neurodivergentes, sino contar qué significó para ella ponerle nombre, ya siendo adulta, a determinadas características que habían estado presentes durante buena parte de su vida.

Antes de contar con una evaluación profesional, comenzó a reconocerse al escuchar a otros adultos neurodivergentes que hablaban públicamente sobre sus experiencias.

“Primero los veía de costado”, reconoció. Pero, a medida que comenzó a escucharlos con mayor atención, algunas de aquellas experiencias empezaron a resultarle familiares.

“Yo dije: ‘Epa, ¿qué está pasando?’”.

El esfuerzo de construir una forma de ser para adaptarse

Uno de los conceptos centrales de su relato fue el enmascaramiento o masking.

Rossi lo describió, desde su propia experiencia, como la construcción de comportamientos destinados a adecuarse al entorno social, escolar o laboral y evitar llamar la atención.

“Tenía muy marcado el enmascaramiento, crear una personalidad, una identidad para adaptarme al entorno social, a la escuela, ser similar al resto”, explicó.

Ese proceso tuvo un costo.

“Fue duro porque obviamente tenía que ser otra persona que no era”, expresó.

La dificultad no necesariamente era visible para quienes estaban alrededor. Johana podía desenvolverse en distintos ámbitos y cumplir con aquello que se esperaba de ella, pero internamente existían situaciones que le demandaban un esfuerzo considerable.

Recordó, por ejemplo, dificultades frente a determinadas conversaciones y también una frase de su madre que quedó registrada como uno de los primeros interrogantes importantes de aquel recorrido: “Johanna, es que no te entiendo”.

A partir de allí comenzó una búsqueda para comprender qué ocurría.

Del reconocimiento personal a la consulta profesional

Rossi diferenció ese proceso inicial de reconocimiento de la posterior intervención profesional.

Según relató, comenzó identificando características propias y buscando información, pero luego recurrió a un psicólogo especializado para obtener una evaluación.

“Yo casi estaba segura, pero obviamente necesitaba esa validación profesional”, señaló.

El recorrido posterior incluyó además otras consultas y distintas miradas sobre el abordaje que debía seguir.

Johanna remarcó que habla exclusivamente desde su propia experiencia y que las decisiones que tomó no pretenden establecer qué camino debe recorrer otra persona.

Entre esas decisiones estuvo la de no continuar ocultando determinadas características para responder permanentemente a aquello que suponía que los demás esperaban de ella.

“Necesito ser reconocida, yo reconocerme yo, y decir: mirá, soy esto, basta, no lo enmascaro más”, explicó.

Hiperactividad, atención y una experiencia educativa atravesada por interrupciones

Otro aspecto de su recorrido estuvo relacionado con la hiperactividad y la atención.

Rossi contó que durante años comenzó diferentes carreras pero encontraba dificultades para sostener estudios prolongados.

En cambio, podía completar capacitaciones intensivas y de menor duración, particularmente cuando los contenidos despertaban fuertemente su interés.

Ella describe esa experiencia a partir de la diferencia entre lo que suele denominarse atención dispersa y lo que personalmente interpreta como una atención selectiva, capaz de transformarse en un fuerte hiperfoco frente a determinados temas.

También relató cómo la hiperactividad se manifiesta en situaciones cotidianas.

Después de permanecer cierto tiempo sentada puede aparecer una necesidad de movimiento que la lleva, por ejemplo, a levantarse, caminar y luego regresar.

No lo plantea como una elección voluntaria ni como una característica que deba extrapolarse a otras personas: es la manera en que ella experimenta y explica su propia condición.

Psicología Social como un desafío personal

En ese contexto apareció la Psicología Social.

Rossi buscaba deliberadamente una experiencia que la obligara a trabajar con otras personas.

“Necesito aprender a trabajar en grupo”, recordó que se planteó.

Por eso eligió una formación presencial en Comodoro Rivadavia, aun cuando disponía de otras alternativas de estudio a distancia.

Lo fundamental para ella era el contacto cotidiano: comunicarse, interactuar con compañeros y permanecer dentro de un grupo.

La decisión tenía además otro desafío.

Hasta entonces había podido sostener capacitaciones intensivas de algunos meses, pero no carreras más extensas. Psicología Social significaba comprometerse con un trayecto de tres años.

Hoy cursa el tercero y se encuentra próxima a terminarlo.

“Son tres años que pude llevar adelante este desafío”, destacó.

Aprender a mirar el conjunto

Entre los contenidos estudiados hubo uno que inicialmente chocó con su forma habitual de analizar las cosas: la perspectiva de la Gestalt y la idea de observar una totalidad más allá de cada uno de sus componentes.

Para una persona que, según describe, suele concentrarse especialmente en los detalles, el concepto resultaba difícil.

La imagen de un rompecabezas terminó ayudándola: cada pieza importa, pero la figura sólo aparece cuando puede observarse el conjunto.

Otro aprendizaje significativo fue aquello que identifica como “el darse cuenta”: detenerse frente a una reacción propia y preguntarse qué está ocurriendo.

Ese ejercicio comenzó a trasladarlo a sus relaciones con otras personas.

Comprender su propia manera de comunicarse

La comunicación atraviesa buena parte del relato de Rossi.

Johanna explica que necesita literalidad y que las expresiones metafóricas pueden demandarle un esfuerzo adicional de interpretación.

También habló sobre el contacto visual.

En lugar de limitarse a considerar que le resultaba difícil mirar a otra persona a los ojos, comenzó a preguntarse por qué ocurría.

En su experiencia encontró dos explicaciones personales.

Por un lado, siente que los estímulos visuales pueden competir con la atención que necesita para organizar aquello que está diciendo. Mirar un punto fijo puede ayudarla entonces a concentrarse en la conversación.

Por otro, describe el contacto visual como una experiencia que puede resultarle demasiado íntima cuando todavía no existe un vínculo con la otra persona.

El proceso de comprender esas características modificó también su manera de presentarse frente a los demás.

“No me voy a comportar más como vos esperás que me comporte”, expresó.

“Hay que respetar el proceso”

Rossi contó que años atrás alguien le sugirió que podía ser neurodivergente y su primera reacción fue de rechazo.

Aquella experiencia es una de las razones por las cuales considera que nadie debería adjudicarle un diagnóstico a otra persona simplemente porque reconoce determinados rasgos.

“Esa persona tiene que descubrirlo en su momento”, sostuvo.

Para ella, el reconocimiento es un proceso personal y los tiempos también lo son.

Por eso insiste en hablar de sí misma y no asumir que su experiencia representa a todos los adultos neurodivergentes.

También reconoció que hacer pública su historia no fue sencillo. Incluso en ámbitos laborales tuvo que comunicar aspectos que durante años había mantenido bajo el enmascaramiento.

Su decisión actual es diferente: hacer visible que también existen adultos que llegan tardíamente a comprender características que los acompañaron durante buena parte de sus vidas.

Mirar al otro y descubrir algo propio

La Psicología Social también le proporcionó una herramienta que Rossi considera especialmente valiosa: preguntarse cuánto de aquello que genera rechazo en otra persona puede estar relacionado con la propia historia.

Lo descubrió frente a personas que tenían comportamientos que le resultaban particularmente molestos.

Con el tiempo comenzó a reconocer en algunos de ellos características que ella misma había aprendido durante años a ocultar o rechazar.

“A mí me enseñaron a rechazar eso en mí, entonces yo aprendí a rechazarlo en el otro”, reflexionó.

La pregunta cambió entonces.

Ya no se trataba únicamente de determinar por qué determinada persona le resultaba molesta, sino de preguntarse qué estaba viendo de sí misma en el otro.

Ese ejercicio de observación terminó convirtiéndose en otro puente entre su experiencia personal y su formación.

De su propia comunicación a observar la de los jóvenes

El interés de Rossi por las formas de comunicación también orientó sus prácticas de Psicología Social.

Para sus trabajos de observación y coordinación decidió acercarse a un fenómeno protagonizado por jóvenes que en las redes y encuentros denominan “farmear aura”.

Su interés no estuvo puesto inicialmente en establecer una definición cerrada del fenómeno, sino en observar cómo se relacionaban quienes participaban.

Lo que encontró despertó su curiosidad: gestos, movimientos corporales y códigos capaces de generar comunicación incluso sin palabras.

“Empecé a ver códigos de comunicación entre ellos sin hablar”, relató.

Llegar al grupo tampoco fue sencillo.

Rossi contó que inicialmente no encontraba a los jóvenes en las redes sociales y finalmente decidió acercarse personalmente a algunos de ellos y explicarles que era estudiante de Psicología Social y quería realizar sus prácticas sobre una actividad que ellos conocían mucho mejor que ella.

La premisa fue justamente esa: no llegar como adulta a explicarles qué estaban haciendo, sino pedirles que fueran ellos quienes la orientaran.

Observar antes que juzgar

Su participación en uno de los encuentros realizados en la Plaza San Martín reforzó esa mirada.

Allí observó movimientos que relacionó con experiencias que ella misma había conocido en actividades físicas, defensa personal y otras disciplinas.

Pero, fundamentalmente, encontró jóvenes reunidos en un espacio público, realizando ejercicio, interactuando y desarrollando códigos propios.

Frente a las críticas que reciben en redes sociales, Rossi propone otra actitud: observar antes de descalificar.

Recordó que cada generación desarrolló sus propias formas de pertenencia, sus estéticas y sus maneras de expresarse, muchas de las cuales también fueron cuestionadas por los adultos de su época.

“Ellos se están expresando y es válido”, sostuvo.

Para Rossi, existe además una contradicción cuando los adultos reclaman que los adolescentes abandonen las pantallas pero posteriormente cuestionan las formas que encuentran para reunirse y ocupar espacios públicos.

Una experiencia personal convertida en pregunta

La historia que Johanna Rossi decidió compartir no ofrece una fórmula sobre cómo debe vivir una persona neurodivergente ni pretende reemplazar el acompañamiento profesional.

Es, fundamentalmente, el relato de una mujer adulta que comenzó a hacerse preguntas sobre sí misma, buscó una evaluación profesional y decidió revisar mecanismos de adaptación que había construido durante años.

En ese recorrido encontró en la Psicología Social una herramienta para relacionarse con otras personas, sostener una formación extensa y observar de otra manera aquello que inicialmente le resultaba extraño.

Tal vez por eso su experiencia personal y su mirada sobre los jóvenes terminan encontrándose en un mismo punto.

Antes de rechazar aquello que se aparta de lo esperado, propone preguntar, observar, escuchar y tratar de comprender qué está ocurriendo.

Una práctica que Johanna comenzó aplicando sobre sí misma y que hoy intenta trasladar a la forma en que mira a los demás.

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