Avendaño sobre los resultados de las Pruebas PISA: “No es la escuela, es el sistema y la política pública”
Especial para InfoSur
Horacio Avendaño, sociólogo y docente, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, analizó los resultados de las evaluaciones educativas internacionales y planteó que el desempeño de los estudiantes argentinos no puede explicarse únicamente por el uso de pantallas o las dificultades dentro de las aulas. Para el especialista, detrás de los indicadores existe un problema estructural vinculado con la inversión educativa, el acceso a libros y tecnología, las condiciones de enseñanza y la formación docente.
Avendaño sostuvo que los resultados deben ser observados con preocupación, pero también puestos en contexto para evitar conclusiones simplificadas.
Según los datos mencionados durante su columna, Argentina quedó en el puesto 66 entre 81 países y octava entre 13 naciones latinoamericanas consideradas en las evaluaciones a las que hizo referencia.
“Estamos muy abajo”, reconoció.
Sin embargo, señaló que la posición no representa una ruptura absoluta respecto de desempeños anteriores y cuestionó cierta “espectacularización” de los resultados.
Una fotografía dentro de un proceso mucho más amplio
Avendaño recordó que estas evaluaciones internacionales analizan competencias vinculadas con matemática, lectura y ciencias y sostuvo que deben ser consideradas como una herramienta para observar una parte del sistema educativo, no como una explicación completa de su funcionamiento.
“Es una fotito de una película”, graficó.
La educación, remarcó, constituye un proceso mucho más amplio y condicionado por factores sociales, económicos, institucionales y por las propias políticas públicas.
También señaló que las pruebas responden a estándares internacionales que no necesariamente contemplan de la misma manera las prioridades educativas de cada región.
Por eso consideró necesario observar los resultados sin desconocer las condiciones concretas en las que estudiantes y docentes desarrollan diariamente el proceso educativo.
Libros, tecnología y condiciones para aprender
Avendaño identificó tres aspectos que, desde su perspectiva, resultan fundamentales para comenzar a modificar los resultados.
El primero es el acceso a materiales educativos y tecnología.
Sostuvo que actualmente no observa políticas públicas de alcance comparable a programas anteriores de distribución de dispositivos tecnológicos o material bibliográfico.
La segunda cuestión está relacionada con el tamaño de los grupos de aprendizaje.
Según planteó, grupos más reducidos permiten mejores condiciones pedagógicas, mientras que las restricciones de recursos pueden producir el proceso contrario: menos cursos y mayor cantidad de estudiantes dentro de cada aula.
El tercer componente es la formación continua de los docentes.
Para Avendaño, los resultados educativos difícilmente puedan modificarse de manera sostenida si esas dimensiones no forman parte de una política pública integral.
“La educación como una inversión y no como un gasto”
El sociólogo cuestionó además que parte de la explicación sobre las dificultades educativas recaiga automáticamente sobre los teléfonos celulares, las redes sociales y el tiempo que los jóvenes pasan frente a las pantallas.
No negó que la tecnología pueda producir efectos sobre las prácticas cotidianas, pero sostuvo que convertirla en la causa principal puede ocultar problemas estructurales.
“Pareciera ser que lavamos las culpas diciendo: ‘Bueno, viste que si total están 11 horas con las pantallas debe ser porque están todo el día con el teléfono’”, señaló.
Para Avendaño, detrás existe “una realidad estructural mucho más dura, mucho más compleja”.
Y resumió el criterio desde el cual considera que debería abordarse: “Tenemos que considerar la educación como una inversión y no como un gasto”.
El salario docente como indicador
Sobre el final de la columna, Avendaño incorporó otro elemento a su análisis.
Tomando como referencia los aproximadamente 20 años transcurridos desde las primeras evaluaciones PISA, sostuvo que el salario docente se encuentra actualmente en su nivel más bajo dentro de ese período.
A partir de ese dato, interpretó que existe una desinversión estructural que ayuda a comprender por qué los resultados no muestran una transformación significativa.
“Estructuralmente hay una desinversión en el sistema educativo”, afirmó.
Desde esa perspectiva, los resultados no deberían provocar sorpresa si durante el mismo período no se modificaron las condiciones necesarias para mejorar los aprendizajes.
El planteo de Avendaño apunta así a invertir la pregunta: en lugar de preguntarse solamente por qué los estudiantes obtienen determinados resultados, propone revisar qué políticas, recursos y condiciones les ofreció el sistema para alcanzar otros.
Tecnología versus escuela: una falsa oposición
El análisis se conectó finalmente con uno de los temas habituales de la columna de Avendaño: el impacto de las nuevas tecnologías.
El especialista rechazó la idea de construir una oposición sencilla entre una supuesta escuela tradicional que funcionaba mejor y una escuela contemporánea deteriorada por celulares, redes sociales o inteligencia artificial.
“No es la escuela, es el sistema”, sostuvo.
Y precisó que ese sistema comprende las decisiones de política pública educativa que pueden generar —o impedir— transformaciones.
La tecnología, desde esa mirada, no debería convertirse en el argumento que permita explicar por sí solo los problemas educativos.
El desafío pasa por determinar qué escuela se construye con las nuevas herramientas disponibles, qué posibilidades reales tienen los estudiantes de acceder a ellas y qué recursos reciben los docentes para incorporarlas al proceso de enseñanza.