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Venezuela: intereses, no buenas intenciones
Alberto Hutschenreuter
La intervención de Estados Unidos en Venezuela tuvo como único propósito la captura y extracción del presidente Nicolás Maduro del país caribeño. Posteriormente, se lo llevó a Nueva York donde muy pronto enfrentará a la justicia estadounidense por acusaciones relativas con narcóticos y vínculos con el crimen organizado.
Hay otros funcionarios venezolanos que podrían correr la misma suerte que Maduro; de allí que se hable de eventuales nuevas injerencias. Si eso sucediera, ello implicará una ampliación de aquel objetivo, no otro.
Es pertinente repetirlo, pues la intervención estadounidense en Venezuela ha llevado a que, en gran medida, se considere que la «Operación Resolución Absoluta», además, persigue un cambio de régimen en el país, es decir, buscaría alcanzar un bien mayor para el pueblo venezolano.
Es cierto que hacia mediados de 2025 se afianzó en el poder estadounidense la posición de aquellos hombres, encabezados por el Secretario de Estado Marco Rubio, que aspiran a un cambio de régimen en Venezuela y aún más lejos. Pero más allá de las intenciones, no hay ningún documento del gobierno estadounidense que haga referencia a ese propósito mayor.
La experiencia en materia de intervenciones estadounidenses en diferentes partes del mundo y particularmente en América Latina, hechas con el propósito de cambiar un régimen de gobierno, no se hicieron para promover y afianzar la democracia. Por el contrario, se fundaban en determinados intereses de la potencia interviniente. Y si ello significaba promover gobiernos antidemocráticos, así se procedía, sin más.
Ello es así y continuará siendo así porque como bien sostenía Hans Morgenthau en su clásica obra Política entre naciones, «La moralidad universal no se aplica a la política internacional». El concepto central en política internacional es el interés nacional, entendido como la búsqueda de poder.
Es lo que sucede en Venezuela. Puede que la intervención lleve a negociaciones internas, pactos y, tras un periodo, surjan elecciones que impliquen un cambio. También podría suceder que el régimen se encierre o se debilite.
Ahora bien, ¿cuáles podrían ser entonces los intereses de Estados Unidos considerando la injerencia para capturar a Maduro?
Son varios.
Remarcar la condición geopolítica mayor de Estados Unidos en Caribe, Centroamérica y el norte de Sudamérica. Cumplir la orden judicial del distrito de Nueva York. Quitar del centro al hombre más manipulado por Cuba. Despersonalizar el régimen con el fin de que surjan cuadros menos desafiantes a Washington. Lograr mayor posicionamiento o acceso geoeconómico en relación con minerales e hidrocarburos (no hay que olvidar que Venezuela posee las mayores reservas del mundo). Restringir la expansión de China en la economía y el territorio venezolano (el país asiático compra el 80 por ciento del petroleo venezolano). Debilitar las políticas de reparación estratégica de Rusia. Reducir la oferta de drogas. Romper la «interdependencia delictiva» entre carteles y grupos terroristas. Aumentar el apoyo estadounidense a su presidente. Presionar a La Habana….
En breve, son los intereses los que explican la intervención estadounidense en Venezuela, no las bondades o las sanas intenciones. Estás categorías no sólo son inexistentes en la política internacional, sino que llevan a grandes confusiones.