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UN AÑO CRÍTICO PARA EL CRÉDITO: MENOS LIQUIDEZ, MÁS DEUDA Y UN CONSUMO QUE NO REPUNTA
Según el economista Alejandro Jones, la combinación de inflación, tasas elevadas y caída del consumo disparó la morosidad y redujo la capacidad de financiamiento de familias y empresas.
Especial para InfoSur
En diálogo con el programa radial En Línea que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos Radio, el economista Alejandro Jones, columnista habitual des espacio, analizo la situación actual en cuanto a los créditos.
La evolución del crédito en Argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. La combinación de inflación persistente, tasas elevadas, menor liquidez en el sistema y caída del consumo configuró un escenario donde tanto las familias como las empresas enfrentan crecientes dificultades para sostener sus compromisos financieros.
Los datos recientes muestran con claridad el deterioro. En el caso de los créditos personales, la irregularidad de pago prácticamente se duplicó en menos de un año: pasó del 4,3% en enero al 8% en septiembre. En tanto, las tarjetas de crédito mostraron un salto aún más significativo: la morosidad se triplicó, subiendo del 1,6% al 6% en el mismo período. Este movimiento impacta directamente en el sistema financiero, que exhibe balances ajustados y un marcado retroceso en su negocio tradicional como consecuencia del incremento de los encajes y la reducción del crédito privado.
En paralelo, el volumen total de préstamos se desplomó. Los créditos personales, prendarios y comerciales registran una contracción sostenida, reflejo de una política monetaria que prioriza contener la inflación mediante una fuerte restricción de liquidez. La plaza está “seca”, y esa sequía deliberada limita la capacidad de recuperación del consumo y frena la actividad.
En este contexto adverso, los créditos hipotecarios UVA constituyen una excepción relativa. A diferencia del resto, continúan mostrando crecimiento, aunque a un ritmo más moderado. Su principal ventaja es la tasa fija, que permite planificar el costo financiero a largo plazo, aun con la actualización periódica de las cuotas por inflación. Para quienes alquilan, la comparación entre el pago mensual de una renta y la cuota de un crédito UVA arroja una conclusión frecuente en los análisis económicos: ambos se ajustan casi por los mismos índices —inflación y salarios—, pero solo uno constituye una inversión patrimonial.
Del lado de las empresas, el análisis es igualmente preocupante. La caída del consumo interno y el aumento de las tasas desde mediados de 2024 generaron un escenario donde cheques rechazados, estiramiento de plazos de pago y fragilidad en la cadena de pagos se convirtieron en señales recurrentes. Las firmas que dependen exclusivamente del mercado interno están más expuestas, mientras que aquellas vinculadas a exportaciones logran mantener un funcionamiento más estable.
En el plano cambiario, el Gobierno sostiene una política de tipo de cambio administrado, cuyo objetivo es evitar saltos bruscos que puedan reactivar la inflación. Sin embargo, esa estrategia exige mantener bajos niveles de liquidez, lo que a su vez profundiza la contracción del crédito y restringe la capacidad de recuperación económica.
El panorama general refleja una economía que opera con recursos limitados, con una estructura crediticia reducida y con crecientes dificultades para sostener los niveles de consumo y financiamiento que requiere la actividad privada. La tendencia al alza de la morosidad, sumada al retroceso del crédito y a la falta de liquidez, configura un cierre de año tensionado, donde cada decisión financiera —familiar o empresarial— se toma con un margen de maniobra cada vez más estrecho.