Jones analizó la confianza en los gobiernos: Milei llega a los 32 meses con una caída, pero similar al nivel que tenía Macri
Especial para InfoSur
Alejandro Jones, magíster y analista económico, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, analizó la evolución histórica del Índice de Confianza en el Gobierno y comparó el comportamiento registrado durante las presidencias de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y la actual gestión de Javier Milei. Según explicó, el indicador muestra que la confianza tiende a deteriorarse con el transcurso de los mandatos, aunque existen diferencias importantes entre las distintas administraciones.
Jones llevó al estudio una serie histórica que, según explicó, permite observar la evolución del indicador desde diciembre de 2001 y comparar las diferentes gestiones presidenciales.
Una primera lectura muestra un comportamiento bastante recurrente.
En la mayoría de los gobiernos existe un nivel inicial de confianza que posteriormente comienza a descender.
Sin embargo, la velocidad y profundidad de esa caída varían considerablemente.
Néstor Kirchner, la excepción
Jones identificó a la presidencia de Néstor Kirchner como una de las principales excepciones al comportamiento general.
Según el análisis presentado durante la columna, durante esa gestión la confianza mostró una evolución creciente y llegó al final del mandato en niveles elevados.
La situación cambia cuando se observan las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner.
En el primer mandato, explicó, la confianza se sostuvo en niveles relativamente elevados, mientras que durante el segundo período se registró un deterioro mayor.
Mauricio Macri también atravesó una tendencia descendente a lo largo de su administración.
El caso más pronunciado de los analizados por Jones fue el de Alberto Fernández, cuya gestión registró una fuerte pérdida de confianza.
Milei y Macri, similares a los 32 meses
Para evitar comparar gobiernos que ya finalizaron con otro que todavía se encuentra en marcha, Jones propuso observar qué nivel de confianza tenía cada presidente cuando había cumplido 32 meses en el poder.
Ese ejercicio permitió establecer una fotografía comparable entre administraciones.
De acuerdo con los datos presentados por el economista, Néstor Kirchner encabezaba claramente la comparación a esa altura de su mandato.
Más abajo aparecían Javier Milei y Mauricio Macri, con niveles similares de confianza al cumplir sus respectivos 32 meses.
“Los dos tenían la misma imagen”, resumió Jones al comparar ese momento de ambas administraciones.
Cristina Fernández de Kirchner se ubicaba posteriormente y, según señaló, presentaba niveles similares a los 32 meses de sus dos períodos presidenciales.
Alberto Fernández aparecía en el último lugar de la comparación y considerablemente alejado del resto.
Una tendencia descendente para el actual Gobierno
Al detenerse específicamente sobre la administración de Milei, Jones señaló que el indicador presenta oscilaciones, pero dentro de una tendencia general de retroceso.
Según el economista, la caída se hizo más pronunciada desde julio de 2025.
La particularidad es que el deterioro acumulado todavía no alcanza, en la comparación planteada durante la columna, la magnitud registrada en otros períodos presidenciales.
Por eso, Jones evitó analizar únicamente el último movimiento del indicador y propuso observar simultáneamente la tendencia y el punto en el que se encuentra actualmente respecto de administraciones anteriores.
La comparación con Macri resulta especialmente significativa: al mismo momento de sus respectivos mandatos, ambos registraban niveles semejantes de confianza.
¿Qué mide la confianza en un gobierno?
Jones explicó que el indicador general se construye a partir de diferentes dimensiones que buscan medir la percepción de la sociedad sobre la administración nacional.
Entre ellas mencionó la confianza en el Gobierno, la eficiencia, la honestidad, la capacidad y la percepción sobre el interés puesto en gobernar.
Esto permite que una misma administración pueda obtener evaluaciones diferentes según el aspecto considerado.
Al comenzar a desagregar los datos, Jones utilizó como ejemplo los dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner.
Según explicó, durante el primero se destacaban particularmente las valoraciones relacionadas con su capacidad y honestidad, mientras que otras dimensiones presentaban niveles inferiores.
En el segundo mandato esos componentes también comenzaron a mostrar modificaciones.
La columna continuó posteriormente con una desagregación por variables, aunque el registro disponible de la entrevista se interrumpe en ese tramo.
El crédito hipotecario y una advertencia sobre las cuotas
Antes de abordar los índices de confianza, Jones analizó también las medidas anunciadas por el Gobierno nacional relacionadas con el financiamiento y los créditos hipotecarios.
El economista pidió prudencia hasta conocer las resoluciones y condiciones definitivas.
“Déjenme que lea las resoluciones cuando las publiquen y después lo charlamos”, señaló, al advertir sobre las diferencias que pueden existir entre un anuncio y su implementación.
Su principal preocupación estuvo relacionada con el costo futuro de los créditos ajustados por inflación.
Jones utilizó un ejemplo para mostrar la decisión que enfrenta una familia entre continuar alquilando o acceder a un crédito hipotecario.
El razonamiento tradicional consiste en comparar el alquiler mensual con la cuota: si ambos valores son relativamente cercanos, puede resultar atractivo asumir un esfuerzo adicional para comenzar a pagar una vivienda propia.
Pero el economista advirtió que la comparación no debería hacerse únicamente sobre la cuota inicial.
El riesgo aparece hacia adelante
Jones señaló que en los créditos ajustables resulta indispensable proyectar cómo podría evolucionar la cuota frente al alquiler.
En el ejemplo desarrollado durante la columna, planteó una persona que paga alrededor de 800 mil pesos de alquiler y evalúa asumir una cuota hipotecaria cercana al millón.
Inicialmente, la diferencia podría parecer manejable.
Pero si el alquiler aumentara alrededor de un 25% durante el año siguiente y la cuota hipotecaria lo hiciera en una proporción mayor debido a la inflación y la tasa adicional aplicada al crédito, la relación podría cambiar significativamente.
Ese escenario, sostuvo, puede terminar obligando a las familias a recortar otros gastos para priorizar el pago de la vivienda.
“Antes de dejar de pagar el crédito hipotecario, yo dejé de consumir”, sintetizó.
El planteo apunta a un efecto económico más amplio: una política destinada inicialmente a facilitar el acceso al crédito puede terminar reduciendo el consumo de los hogares si las cuotas absorben una proporción creciente de sus ingresos.
El costo de una política también debe medirse
Jones incorporó finalmente un criterio que considera fundamental para evaluar cualquier política pública.
No alcanza con analizar el objetivo perseguido.
También debe compararse el beneficio obtenido con el costo necesario para alcanzarlo.
En ese contexto cuestionó la posibilidad de utilizar recursos previsionales para financiar determinados mecanismos de crédito si el rendimiento obtenido por esos fondos termina siendo inferior al que podrían conseguir mediante otras inversiones.
Su planteo fue que la diferencia entre ambos rendimientos también constituye un costo, aunque no resulte inmediatamente visible para la sociedad.
“Cuando el costo de toda esa plata es más alto que el beneficio que genera, eso es una mala política”, resumió.
Por eso insistió en esperar la reglamentación antes de realizar una evaluación definitiva de las medidas anunciadas.
La confianza como termómetro político
La comparación histórica presentada por Jones deja finalmente una lectura que excede a un gobierno en particular.
Llegar al poder con niveles elevados de expectativa no garantiza conservarlos.
Salvo excepciones, el desgaste aparece con el transcurso de las gestiones y termina reflejándose en la percepción de la sociedad.
El dato interesante del momento actual es dónde se encuentra Milei dentro de esa historia reciente.
A los 32 meses de gestión, según la comparación presentada por Jones, su nivel de confianza se ubica aproximadamente en el mismo terreno que transitaba Mauricio Macri a esa altura de su presidencia, por debajo de Néstor Kirchner y por encima de Alberto Fernández.
El interrogante ya no pasa solamente por la fotografía actual, sino por la trayectoria que adopte el indicador durante los meses que vienen.
Porque, como muestran los propios datos analizados en la columna, una cosa es el nivel de confianza con el que comienza una administración y otra muy distinta es cuánto consigue conservar cuando se acerca la etapa decisiva de su mandato.