Hidrógeno verde: plantean que Comodoro debe producir, agregar valor y generar empleo en la región
Especial para InfoSur
Solange Freile y Ana Clara Romero, referentes vinculadas al desarrollo sostenible y la transición energética, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, plantearon que el potencial de la Patagonia para producir hidrógeno verde representa una oportunidad para diversificar la matriz productiva de Comodoro Rivadavia y el Golfo San Jorge, pero advirtieron que el desafío no debería limitarse a generar y exportar energía. La apuesta, sostuvieron, debe incluir industrias derivadas, formación de recursos humanos, infraestructura y conocimiento para que una parte sustancial del valor agregado y del empleo permanezca en la región.
La discusión adquiere especial relevancia en un momento de transformación para la actividad hidrocarburífera de la Cuenca del Golfo San Jorge.
Para Freile y Romero, esa transición no significa abandonar una identidad construida durante más de un siglo alrededor de la energía, sino aprovechar precisamente esa experiencia para ampliar el horizonte productivo.
Comodoro cuenta con trabajadores especializados, empresas de servicios, conocimiento técnico, infraestructura y una cultura vinculada con actividades industriales complejas.
A esas capacidades se agrega un recurso que durante décadas fue considerado casi exclusivamente una característica climática adversa: el viento patagónico.
“Vientos de clase mundial”
Freile puso especial énfasis en las condiciones naturales de la región.
La Patagonia combina grandes extensiones territoriales, cercanía al mar y un recurso eólico excepcional, características necesarias para pensar en la producción de hidrógeno verde.
La diferencia entre los distintos tipos de hidrógeno radica, entre otros aspectos, en la fuente energética utilizada para producirlo.
En el caso del denominado hidrógeno verde, la electricidad necesaria proviene de fuentes renovables.
Allí aparece una de las principales ventajas comparativas de la región.
“Nosotros tenemos una condición natural que triplica seguro el promedio de factores de viento en otros lugares del mundo”, sostuvo Romero durante la conversación.
Freile utilizó una expresión que sintetiza esa ventaja: “vientos de clase mundial”.
El desafío consiste en transformar esa condición natural en una ventaja productiva.
No repetir la historia del petróleo
Romero introdujo uno de los puntos centrales del debate al comparar la oportunidad actual con la historia hidrocarburífera de Comodoro.
Durante décadas, buena parte del petróleo producido en la región fue extraído y trasladado para ser procesado en otros puntos del país.
El resultado fue que una porción importante de las actividades industriales asociadas al agregado de valor se desarrolló lejos de la cuenca productora.
Para la exdiputada nacional, el hidrógeno verde ofrece la posibilidad de pensar desde el comienzo una estructura diferente.
“No sólo generamos hidrógeno verde, no sólo generamos energías limpias, sino que además generamos industrias secundarias”, explicó.
El hidrógeno presenta dificultades para su almacenamiento y transporte, por lo que puede convertirse en derivados como el amoníaco u otros combustibles.
La propuesta es que esos procesos industriales también puedan realizarse en la región.
Producir, transformar y luego exportar, en lugar de limitarse nuevamente a extraer un recurso y trasladarlo para que el valor se agregue en otro territorio.
Pensar desde ahora las escuelas, la Universidad y el Puerto
Freile llevó esa discusión a aspectos muy concretos.
Si Comodoro pretende participar de una nueva industria energética, sostuvo, debe comenzar a prepararse antes de que las inversiones lleguen.
“Cómo pensamos nuestras escuelas, cómo pensamos las carreras en nuestra universidad, cómo pensamos nuestros talleres, cómo pensamos nuestro puerto”, enumeró.
La transición energética necesitará técnicos, profesionales, investigadores, empresas proveedoras y trabajadores con nuevas especializaciones.
Pero también infraestructura logística y portuaria.
Por eso, ambas entrevistadas plantearon que la transformación no puede depender de un único sector.
Academia, empresas, Estado y comunidad deberían confluir alrededor de una estrategia común.
La región tiene además una ventaja adicional: no parte desde cero.
Más de cien años de actividad petrolera construyeron conocimientos sobre energía, fluidos, metalmecánica, logística y operaciones industriales complejas que podrían aprovecharse en la nueva etapa.
La oportunidad existe, pero otros países también compiten
Tener viento y territorio no garantiza por sí mismo que las inversiones lleguen.
Freile y Romero señalaron que existen otras regiones del mundo con capacidad para desarrollar proyectos similares.
Australia, Chile y distintos países aparecen también en el escenario internacional.
Romero advirtió que los capitales buscan condiciones favorables y que las oportunidades pueden trasladarse rápidamente de un territorio a otro.
Por eso aparece como una cuestión central la existencia de marcos regulatorios y políticas capaces de otorgar previsibilidad.
Durante su paso por la Cámara de Diputados, recordó, trabajó sobre un proyecto de regulación y promoción del hidrógeno verde que llegó a avanzar en el debate legislativo, aunque finalmente no logró convertirse en ley.
Para Romero, la ausencia de un marco específico continúa siendo una de las cuestiones pendientes.
Una promoción diferenciada para el hidrógeno verde
La exlegisladora defendió particularmente la necesidad de diferenciar el hidrógeno producido mediante fuentes renovables de aquel generado utilizando combustibles fósiles.
El argumento tiene una dimensión ambiental, pero también regional.
Si los incentivos resultaran prácticamente equivalentes para producir hidrógeno a partir del gas disponible en otras cuencas y para hacerlo mediante energía eólica en Patagonia, sostuvo, se perdería parte de la oportunidad de utilizar esta nueva industria como herramienta para reconvertir la matriz productiva del Golfo San Jorge.
“Nosotros insistimos con el verde porque entendemos que por ahí pasa la reconversión de nuestra matriz productiva”, señaló.
Desde esa perspectiva, una política nacional debería contemplar también las características particulares de las diferentes regiones energéticas.
Comodoro y una deuda histórica
Romero vinculó esa discusión con otro planteo que impulsó durante su etapa legislativa: el reconocimiento del aporte histórico realizado por Comodoro y la Cuenca del Golfo San Jorge.
Durante la entrevista sostuvo que, entre 2003 y 2023, la región perdió importantes recursos como consecuencia de diferentes mecanismos aplicados sobre la actividad hidrocarburífera.
Mencionó particularmente el impacto del denominado barril criollo y estimó pérdidas superiores a los 1.500 millones de dólares, además de una reducción en ingresos potenciales por regalías.
La propia entrevistada aclaró al mencionar la cifra que debía ser chequeada, por lo que corresponde tomarla como una estimación planteada durante la entrevista y no como un dato definitivamente establecido.
Su argumento político es que ese aporte histórico debería ser contemplado al momento de diseñar herramientas para acompañar la reconversión productiva de una cuenca madura.
No para reemplazar inmediatamente a los hidrocarburos, sino para comenzar a construir nuevas actividades mientras la industria tradicional continúa funcionando.
Una industria con mayor participación de mujeres
La transición energética abre además otra posibilidad: modificar la composición de una industria históricamente masculinizada.
Romero señaló que la participación femenina en petróleo y gas continúa siendo reducida y disminuye todavía más en determinadas actividades operativas.
Según los datos que citó durante la entrevista, las energías renovables muestran una incorporación proporcionalmente mayor de mujeres.
Pero destacó algo adicional.
No se trata solamente de acceder a puestos de trabajo, sino de participar desde el comienzo en la construcción de la nueva industria: legislación, financiamiento, investigación, planificación y toma de decisiones.
Para Romero, la transición ofrece así la posibilidad de modificar simultáneamente la matriz energética y algunas características sociales del modelo productivo.
Del petróleo al conocimiento energético
Freile y Romero coincidieron finalmente en que Comodoro no necesita renunciar a su historia para imaginar una nueva etapa.
Por el contrario, esa historia puede convertirse en una ventaja.
La ciudad sabe de energía.
Tiene trabajadores, empresas, talleres, conocimiento, infraestructura y una Universidad vinculados durante generaciones con una de las industrias técnicamente más complejas del país.
La pregunta es cómo trasladar esas capacidades hacia las tecnologías que comienzan a disputar una porción creciente del mercado energético mundial.
El hidrógeno verde aparece como una posibilidad, pero aprovecharla requerirá mucho más que disponer de viento.
Será necesario construir regulación, atraer inversiones, formar trabajadores, adaptar infraestructura, desarrollar proveedores y definir qué parte de la cadena productiva pretende conservar la región.
Y allí aparece probablemente la principal enseñanza que deja la historia petrolera de Comodoro: tener el recurso no alcanza.
Esta vez, el desafío sería conseguir que junto con la energía queden también en la Patagonia la industria, el conocimiento, la innovación y el trabajo que esa energía puede generar.