Comodoro impulsa la primera diplomatura internacional sobre autismo y busca
Dormir mal altera el hambre, el metabolismo y el descanso: la importancia del sueño en la salud integral
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en nutrición, en el programa InfoSur Radio, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, explicó cómo la calidad del sueño influye directamente sobre el metabolismo, el apetito y los hábitos alimenticios, y advirtió que dormir mal puede desencadenar alteraciones hormonales, aumento del hambre y mayores niveles de estrés físico y emocional.
Durante la entrevista, la profesional planteó que el descanso no debe analizarse únicamente desde la cantidad de horas dormidas, sino también desde la calidad real del sueño.
“No es lo mismo dormir que descansar”, sostuvo.
A partir de allí, desarrolló una charla dinámica basada en mitos y verdades vinculados al descanso, la alimentación y las rutinas nocturnas.
Parodi explicó que uno de los principales problemas actuales es la naturalización del cansancio permanente.
“El cuerpo no se acostumbra a dormir poco; se acostumbra a vivir cansado”, afirmó.
Según indicó, cuando una persona descansa mal se producen alteraciones hormonales que impactan directamente sobre el apetito.
“La hormona del hambre aumenta y la de la saciedad disminuye”, señaló.
Eso genera una mayor necesidad de consumir alimentos ricos en azúcar y ultraprocesados, especialmente durante la noche o en momentos de agotamiento.
“El cuerpo busca energía rápida y por eso aparecen ganas de comer chocolate, helado o alimentos muy azucarados”, explicó.
En ese sentido, remarcó que muchas veces el problema no pasa solamente por la alimentación en sí, sino por el contexto físico y emocional en el que la persona atraviesa sus rutinas.
“La calidad del descanso influye muchísimo en cómo comemos”, sostuvo.
Durante la charla, la nutricionista también hizo referencia a la relación entre las cenas abundantes y las dificultades para dormir correctamente.
“Comer mucho antes de acostarse empeora la calidad del sueño”, indicó.
Por eso recomendó dejar pasar entre dos y tres horas entre la cena y el momento de ir a dormir.
Además, aclaró que no necesariamente hay que evitar completamente la comida nocturna, sino elegir preparaciones más livianas.
“No es lo mismo acostarse después de un plato pesado que después de una fruta o un yogur”, explicó.
Otro de los mitos abordados fue la idea de que el alcohol ayuda a dormir mejor.
Parodi aclaró que, aunque algunas personas sientan relajación inicial, el descanso termina siendo menos profundo y menos reparador.
“El alcohol puede hacer que uno se duerma, pero no favorece un sueño de calidad”, señaló.
Incluso advirtió que puede aumentar los despertares nocturnos, la sed y la necesidad de levantarse durante la madrugada.
También habló sobre el impacto de las pantallas y la tecnología en el descanso.
“La recomendación ideal es dejar las pantallas al menos dos horas antes de dormir”, sostuvo.
La profesional explicó que la exposición constante a televisores, celulares y otros dispositivos altera la calidad del sueño tanto en adultos como en niños.
“Muchas veces creemos que la televisión nos ayuda a dormir, pero en realidad nos dormimos por agotamiento”, afirmó.
En paralelo, remarcó la importancia de mantener ambientes ventilados y evitar dormir en habitaciones completamente cerradas o con exceso de calefacción.
“En invierno muchas veces dormimos con ambientes muy cerrados y eso también influye en cómo descansamos”, indicó.
Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la relación entre sueño y peso corporal.
Parodi explicó que dormir adecuadamente ayuda a regular procesos metabólicos y hormonales vinculados al control del peso.
“Dormir bien ayuda indirectamente a bajar de peso porque estabiliza el metabolismo y el apetito”, sostuvo.
Sin embargo, aclaró que eso no implica que dormir más por sí solo genere un descenso de peso automático.
“No es que por dormir ocho horas vamos a adelgazar mágicamente”, señaló.
La nutricionista también hizo foco en la importancia de las siestas cortas como herramienta de recuperación física y mental.
“La siesta no es mala, pero tiene que ser breve”, explicó.
Según indicó, el tiempo ideal ronda entre veinte y treinta minutos.
“Si dormimos demasiado durante la siesta después cuesta reincorporarse y muchas veces nos levantamos peor”, sostuvo.
Otro de los temas abordados fue el impacto del estrés y el cansancio sobre el sistema digestivo.
Parodi recordó que existe una fuerte relación entre intestino, descanso y estado emocional.
“El estrés y el mal descanso también afectan cómo procesamos los alimentos”, afirmó.
En ese marco, explicó que muchas molestias digestivas o sensaciones de hinchazón no siempre se vinculan exclusivamente a un alimento puntual, sino al estado general del organismo.
“Hay veces que el cuerpo está tan cansado o tan estresado que procesa mal incluso alimentos que normalmente toleramos bien”, indicó.
La profesional insistió además en la necesidad de adaptar las recomendaciones a las rutinas reales de cada persona.
“No todos tenemos los mismos horarios ni las mismas necesidades”, señaló.
Por eso consideró importante abandonar ciertas ideas rígidas respecto a horarios ideales universales.
“Cada uno tiene que encontrar una rutina que funcione dentro de su realidad cotidiana”, explicó.
De todos modos, remarcó que dormir menos de siete horas de manera sostenida generalmente termina impactando negativamente sobre la salud.
Finalmente, Parodi sostuvo que muchas personas buscan soluciones exclusivamente alimentarias sin revisar otros aspectos fundamentales de la vida diaria.
“No alcanza solo con hacer dieta si dormimos mal, vivimos estresados y no descansamos”, concluyó.
De esta manera, la especialista planteó una mirada integral sobre la salud, donde alimentación, descanso, estrés y hábitos cotidianos aparecen profundamente conectados entre sí.