Avendaño alertó sobre la exposición digital de niños y pidió mayor responsabilidad de los adultos en redes
Especial para InfoSur
Horacio Avendaño, especialista en cultura digital, en diálogo con InfoSur Radio que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, advirtió sobre los riesgos que implica la exposición de niños y adolescentes en redes sociales y planteó la necesidad de que los adultos asuman un rol más activo y responsable en el uso de las tecnologías.
El especialista tomó como punto de partida un fenómeno reciente ocurrido en redes sociales durante el inicio del ciclo lectivo. Bajo el hashtag “primer día de clases”, millones de familias publicaron fotografías de sus hijos en la puerta de la escuela o con el uniforme escolar. Según explicó, solo en Argentina se estima que circularon alrededor de 15 millones de imágenes en plataformas como Instagram.
Para Avendaño, el problema no radica en la intención afectiva de compartir un recuerdo familiar, algo que históricamente existió, sino en la escala y el alcance que adquiere ese gesto en el entorno digital.
“Antes una foto del primer día de clases quedaba en un álbum familiar y la veían los parientes o los amigos cercanos. Hoy esa misma imagen puede quedar disponible para millones de personas”, explicó.
El especialista señaló que muchas de esas fotografías no solo muestran a los niños, sino que también permiten identificar datos sensibles, como la escuela a la que asisten, el uniforme que utilizan o incluso la ubicación geográfica del establecimiento.
Ese tipo de información, advirtió, puede ser utilizada con distintos fines dentro del universo digital, desde situaciones de acoso hasta delitos más graves como grooming o sextorsión.
“El problema es que muchas veces somos los propios adultos quienes exponemos a los chicos sin dimensionar el alcance que tiene esa publicación”, sostuvo.
Avendaño explicó que en el entorno digital las imágenes pueden descargarse, replicarse y circular por espacios de internet que escapan completamente al control de quienes las publicaron originalmente. En ese sentido, recordó que la aparición de herramientas de inteligencia artificial capaces de manipular imágenes o generar contenidos falsos —como los denominados “deep nudes”— incrementa todavía más los riesgos asociados a la exposición digital.
Ante este escenario, propuso una reflexión dirigida especialmente a las familias: pensar con mayor cuidado a qué ámbito se destina una fotografía antes de publicarla.
“Una cosa es compartirla en un círculo reducido, otra muy distinta es liberarla al mundo digital como si fuera un material público”, planteó.
En esa línea, aclaró que el objetivo no es prohibir el uso de redes sociales, sino promover un uso consciente que contemple la privacidad y los derechos de los niños.
Uno de los puntos centrales de su análisis se vincula con una idea muy extendida en la sociedad: la creencia de que los chicos, por haber nacido en la era de internet, manejan naturalmente la tecnología.
Para Avendaño, esa percepción es equivocada.
“No por haber nacido en una época uno sabe todo sobre esa tecnología. Nosotros nacimos en la era del automóvil, pero nadie sabe manejar cuando nace”, explicó.
Desde su perspectiva, la responsabilidad principal en el uso de dispositivos digitales sigue siendo de los adultos. Los niños y adolescentes pueden tener habilidades técnicas para manejar aplicaciones o plataformas, pero eso no implica que comprendan los riesgos asociados a esos entornos.
Además, señaló que los más pequeños no poseen aún la capacidad de abstracción necesaria para interpretar el peligro que puede existir detrás de una interacción digital.
“Un niño no percibe la pantalla como un espacio de riesgo. Para ellos la pantalla está asociada al entretenimiento, a los dibujos animados, a estímulos positivos”, indicó.
Este aspecto resulta clave para comprender por qué los menores pueden interactuar con desconocidos en entornos virtuales sin advertir el peligro que eso implica.
Otro fenómeno que preocupa a especialistas y profesionales de la salud es el tiempo creciente que los niños pasan frente a las pantallas. Según datos citados durante la entrevista, estudios recientes indican que muchos chicos permanecen conectados más de once horas diarias a distintos dispositivos.
Ese uso intensivo comienza a generar efectos visibles en la salud física y mental. Avendaño mencionó que pediatras de la región han advertido un aumento de consultas vinculadas a ansiedad, trastornos del sueño y otros síntomas asociados al consumo excesivo de tecnología.
También se observan consecuencias indirectas, como el incremento de sedentarismo y problemas de obesidad infantil.
Sin embargo, el especialista insistió en que el debate no debe centrarse en culpar a los niños o adolescentes por el uso de dispositivos, sino en revisar el rol de los adultos en la gestión de esos hábitos.
“Muchas veces decimos ‘los chicos están todo el día con el celular’, pero quienes tenemos la responsabilidad de cambiar esa situación somos los adultos”, remarcó.
Dentro de este escenario también aparecen nuevos espacios digitales que concentran la atención de los jóvenes, como plataformas inmersivas de interacción virtual. Un ejemplo es Roblox, que según Avendaño reúne a más de 150 millones de usuarios diarios en todo el mundo.
A diferencia de lo que suele creerse, explicó que Roblox no es simplemente un videojuego, sino una plataforma social donde los usuarios interactúan, crean contenidos y establecen vínculos con personas de distintos países.
El problema surge cuando los niños ingresan a esos entornos sin acompañamiento adulto o sin controles parentales adecuados.
“En esos espacios pueden ocurrir situaciones que ni siquiera imaginamos si no conocemos cómo funcionan esas plataformas”, advirtió.
Por esa razón, consideró fundamental que los adultos se involucren activamente en el mundo digital de los chicos. Eso implica informarse sobre las plataformas que utilizan, comprender su funcionamiento y acompañar el proceso de aprendizaje tecnológico.
También señaló que este desafío requiere un esfuerzo de adaptación generacional. Las comunidades digitales crean permanentemente nuevos lenguajes, códigos y formas de interacción que muchas veces resultan desconocidas para padres y docentes.
“Los chicos hablan un idioma digital que muchas veces los adultos no entendemos. Por eso también tenemos que estar dispuestos a aprender”, afirmó.
En definitiva, Avendaño planteó que el objetivo no es demonizar la tecnología ni aislar a los niños del mundo digital, sino construir un equilibrio que combine acceso, educación y protección.
En un contexto donde las pantallas ocupan un lugar cada vez más central en la vida cotidiana, el desafío —según concluyó— pasa por acompañar a las nuevas generaciones en ese entorno sin renunciar a la responsabilidad de cuidarlas.