ANTARTES
Adán Costa.
Abogado. Profesor universitario de Historia, Políticas Públicas y Filosofía (UCU-UNR). Trabaja en el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales y es presidente de la Comisión de Derecho Indígena Latinoamericano e Interjuridicidad del Colegio de Abogados de Santa Fe.
El país está entrando en un páramo, sin solución política a la vista como regla general. Sólo solucionado para las ínfimas excepciones de los garcas de oligopolios y sus adyacencias, que siempre han ganado, y para los nenotes que se auto celebran en una masturbación digital persistente, belicosa, hiper-sexualizada, anti-cultural, anti-histórica.
Igualmente, el mecanismo que Elon Musk adquirió para que las personas entretengan sus egos en tiempo real, aunque lo usen de a millones, no deja de ser un fenómeno barrial. No interpela al hombre y la mujer de la Puna. La mayoría de los argentinos no estamos para nada bien en las cuestiones básicas. La recta puede ser la forma más corta entre dos puntos, pero quizá no sea la más enriquecida para entender un problema.
Esta mañana Marcelo Figueras recordó con su habitual dulzura en “El cohete a la Luna Radio” a Oesterheld. Héctor Germán Oesterheld había escrito una historieta que no pudo concluir. Su “Guerra de los Antartes”, comenzada en 1974, narraba una invasión extraterrestre que sobrevino imprevistamente, destacando las reacciones humanas ante la invasión. Los defensores de la tierra usaban vinchas de aluminio para interceptar las comunicaciones, en ese futuro que les acaecía, de tan suprarreal tan trágicamente real. Vinchas de los pueblos originarios. A ellos también invadieron sus lof hace más de cinco siglos.
Algunos meses antes de la publicación de los Antartes, Pinochet y la C.I.A. se habían quedado con la voluntad popular que encarnaba Salvador Allende en Chile. Preludio de la dictadura en la Argentina. Un plan Cóndor en marcha como una invasión. También su “Eternauta”, iniciado en 1969, fue reescrito varias veces. Tanto cómo los diferentes prólogos de la “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh que marcaban la evolución de su involucramiento político.
Las historias de invasiones y resistencias nunca terminan en Oesterheld, no sólo porque una dictadura genocida se quedó con su vida. Porque sencillamente nunca terminarán. Eran tiempos de la sanguinaria Triple A y luego de la patota asesina de la ESMA. Que hoy todavía una joven no sepa quien fue Astiz es una brecha colosal en la verdad y la memoria históricas. Que por supuesto tiene responsables.
Los jóvenes y los trabajadores de otras épocas hicieron un mayo francés en 1968 para que la sociedad fuere más justa. Aquí hubo un Cordobazo en 1969. Hoy muchos pibes son disruptivos al convertirse en “gamers” y pueden matar por un “like” en una red social. Lo harán hasta que muchos se den cuenta que es lo único que transforman es un vacío en entretenimiento vano. Ni un pañuelo en blanco sobre una cabeza de madre es anácrónico, ni ésto no deja de ser una verdad.
George Orwell en 1984 predijo un futuro que hoy es presente distópico. Las historias de resistencia cultural siempre han existido, porque siempre han existido invasiones, recomienzan cada vez que la épica se transforma en historia.
