Rusia logra ganancias en los dos frentes
Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».
La guerra en Ucrania tiene lugar en dos líneas o frentes, el territorial o táctico y el estratégico o superior. Mientras en el primero la confrontación es entre soldados ucranianos y rusos y abarca múltiples campos, desde el digital hasta el energético, el segundo implica una confrontación indirecta entre Occidente y Rusia, pues el primero no sólo asiste con recursos a Ucrania, sino que trata de impactar en la economía rusa por medio de múltiples rondas de sanciones centralmente financio-económicas.
En el frente militar, Rusia ha logrado avanzar posiciones más allá de las cuatro provincias u óblasts, los que hoy forman parte de la Federación Rusa como Nuevas Regiones. No es una casualidad que prácticamente no se contemplen escenarios que vinculen la salida de la guerra a través de la devolución de territorios por parte de Rusia. Ello no sólo no será posible porque Rusia controla la mayor parte de los mismos (y como sostienen los expertos Samuel Charap y Sergey Radchenko “las realidades de la guerra, no las de la mesa de negociaciones, determinarán el control territorial”), sino porque esa región está asociada a lo que en Moscú denominan las “causas profundas de la guerra”, una expresión que los principales asesores rusos de política exterior vienen repitiendo desde hace tiempo, e incluso el mismo presidente Putin la empleó en la cumbre de Alaska, aunque sin especificarla.
Se trata de una expresión clave para comprender la invasión u OME rusa en 2022 y para considerar la posición de Moscú a la hora de llegar a la aceptación de negociaciones con Ucrania. Pero, ¿cuáles son las causas profundas de la guerra desde el enfoque ruso?
En un reciente artículo publicado en “El Manifiesto” de Barcelona, el catedrático Vladimir Lamsdorff Galagne se refiere a las “causas profundas y auténticas de la guerra en Ucrania”, explicando que con tal expresión se hace referencia a la posición nacionalista extrema del gobierno ucraniano, es decir, Zelenski “exige la integridad territorial de Ucrania”, o sea, que los rusos se retiren de todo el territorio ocupado, y que se continúe (como sucedía desde 2014) con el proceso de “ucranizar” el este y sur del país, los distritos con población rusa o filo-rusa.
Según el autor, esa ofensiva de Kiev entre 2014 y 2022 se hizo tan virulenta que Rusia finalmente intervino, advirtiendo que Moscú siempre movilizará fuerzas cada vez que poblaciones rusas (en zonas próximas o adyacentes del país) se hallen en riesgo.
Esta situación nos recuerda lo que decía Alexandr Solzhenitsyn tras el desplome de la URSS: el gran problema de la desaparición de la Unión Soviética fueron los casi 20 millones de rusos que quedaron fuera de las fronteras de la Federación Rusa. Para Moscú son una suerte de “huérfanos estratégicos”, pues fungen favorables para que mantenga activo un “derecho de injerencia”.
De modo que resulta prácticamente impensable que una eventual negociación ruso-ucraniana avance supeditando la misma al retiro de soldados rusos del este y sur. Es decir, existe una situación de cuño nacional que precede a las cuestiones que suelen considerarse como “insuperables” en este complejo conflicto, como por ejemplo, la necesidad rusa de contar con una zona terrestre de amortiguación, la que sin duda es válida, pues Rusia es una potencia eminentemente terrestre.
Rusia ha marcado aquí sus límites y resulta prácticamente imposible que vaya a haber modificación alguna, incluso en un muy hipotético “Minsk III” aumentado que no solo restituya derechos (ampliados) a las poblaciones rusas o filo-rusas por parte de Kiev, sino que el ejército ruso sea la garantía del mismo en el terreno.
En otros términos, Ucrania sufrirá las consecuencias de haber desafiado (innecesariamente) una de las “leyes” geopolíticas y etno-nacionales que condicionan intentos de cambios en una de las zonas selectivas estratégicas del mundo.
Pero es posible que haya otra causa profunda muy relacionada con la señalada, y es el impulso o habilitación proporcionado por la OTAN para que Ucrania, tarde o temprano, se convirtiera en miembro de la Alianza Atlántica. Es decir, el despliegue de una estrategia occidental (con centro en las dirigencias demócratas estadounidenses) para neo-contener a Rusia en sus propias fronteras, con el fin de evitar que este actor volviera (eventualmente) a desafiar la supremacía de Occidente. Algo así como una doctrina “pos-Kennan” dirigida a limitar al máximo el margen de acción de una Rusia geopolíticamente incurable.
Finalmente, tres cuestiones que han fungido favorables para Rusia.
Por un lado, el reconocimiento en Alaska de su status de potencia o gran poder por parte de Estados Unidos, la única potencia grande, rica y estratégica del mundo. Dicho reconocimiento implica un sesgo relativo con la resolución del conflicto en Europa del este. El mensaje de Trump en Alaska bien puede ser interpretado como que es tiempo que en la política internacional vuelvan a ser protagonistas “los que cuentan”.
Por otro lado, en Alaska el presidente Trump se ha referido a “las guerras de Biden”, expresión que resultó muy favorable para la diplomacia rusa relativa con la estrategia de “globalizar la guerra”, es decir, mostrar que Rusia no está sola, que es una parte del mundo la que la sanciona; y ahora, con la expresión de Trump, podría mostrar que el intento occidental de llevar más allá la victoria en la Guerra Fría acabó creando una catástrofe.
Por último, Moscú ha evitado, hasta hoy, que se disponga una nueva ronda de sanciones que podrían ponerla en aprietos, pues se trata de castigos que van al corazón del corazón de la economía rusa, sus ventas de petróleo y gas. Hay tres actores críticos cuyas compras son vitales para que Rusia pueda proseguir alimentando su industria de guerra: China, India (que ya ha sufrido fuertes sanciones arancelarias por parte de Washington) y Turquía, la “ventana” de Rusia al mundo.
En breve, mientras la guerra continúa y las pérdidas humanas alcanzan cifras impresionantes, Rusia ha obtenido ganancias relativas de poder en el frente y más allá del frente, las que serán capitales en relación con el curso y el desenlace de la contienda.
