Ola Rada Tilly 2026 consolidó una propuesta integral con más
Quién es Milei: Un león o un pobre jamoncito
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
La frase de Victoria Villarroel, que se convirtió rápidamente en treding topic y provocó infinidad de “memes”, se podría tomar como la idea fuerza de la editorial de esta semana: “Karina es brava, yo también …. Y en el medio está Javier, ¡un pobre jamoncito ¡
Qué dilemas enfrenta nuestro “pobre jamoncito”. Un primer dilema se comienza a despejar. Milei comenzó a darse cuenta de que hay que negociar, por más que su límite sea que el “ajuste no se negocia”. Eso implica que la línea difusa entre “la gente de bien” y “la casta” comenzará a ceder. Sin duda es una buena noticia si quiere que alguna de sus acciones tenga respaldo normativo.
El presidente está obsesionado con la inflación y no está mal. Sin embargo, que va a hacer Milei si triunfa con una “economía sin inflación”. Cómo será el día después y cuál será la nueva explicación. Cómo será la recuperación de la economía o dicho en términos macristas, cuándo vendrán los “brotes verdes” que a Macri le costaron su reelección. Aparentemente todo se reduce y explica con el abecedario: La recuperación será en “V” o será en “U” o peor aún será en “L”. La primera es rápida y vertiginosa, la segunda se alarga en el tiempo y la tercera, el peor fantasma es que los bajos niveles de actividad se queden un larguísimo tiempo. No soy economista, pero los mejores ya descartan la recuperación en “V” y comienzan a dudar la recuperación en “U” comenzándonos a acercarnos a la temible posibilidad de la “L”.
El desarrollo agrícola será colosal este año, pero no arrastra al resto de la economía. La inversión lejos está de recuperarme con un estado donde la obra pública está muerta. La exportación de energía y litio empujarán sin duda la actividad, pero con incidencia muy baja en % de P.B.I. El sector industrial difícilmente invierta: Quién va a querer expandir su planta que funciona al 60%.?. Por último, el desplome del consumo producido por la caída de salarios reales, complican a todo el comercio y sector servicios. Dicho de otro modo, por más que Milei sea exitoso en el shock de confianza, el ciclo virtuoso del crédito, consumo e inversión está muy lejos. Tan lejos que todavía no se pudieron consolidar normativamente las reformas estructurales y de ajuste fiscal y todo hasta ahora es una muy buena noticia, pero absolutamente precaria.
Esa precariedad fue maravillosamente explicada por Melconian. El superávit financiaro alcanzado fue fruto de tres artículos de uso más o menos común: Motosierra, licuadora y bicicleta. La primera permitió algunas reformas estructurales todavía no consolidadas. Aquí los primeros 100 días son fundamentales puesto que su uso será decreciente de acá en adelante. En cambio, la licuadora funcionó en forma brillante, pero licuó el ingreso de los jubilados y pensionados que componen el 50% del gasto público. Cuánto tiempo se podrá aguantar sin una recomposición y reforma del sistema. Por último, se utilizó la bicicleta en forma discrecional, pero eso es deuda que tarde o temprano habrá que pagar. Con esta síntesis podemos explicar perfectamente los primeros 100 días de gobierno. No existió ningún recorte del gasto público consistente y permanente. En cambio, si existió una licuación fabulosa del gasto por efecto de la devaluación pero que tarde o temprano volverá fruto de la negociación paritaria y recomposición jubilatoria y por último se bicicleteó el gasto de muchísimas cosas que son deuda para mañana. Ese combo torna al déficit 0 en una media verdad, que hasta el FMI se animó a denunciar.
Una economía capitalista para que funcione bien necesita de empresarios y trabajadores invirtiendo, consumiendo y ahorrando. También requiere de un estado burocrático que esté al servicio de los ciudadanos y usuarios de servicios públicos y por último que vivan en una democracia verdadera con mayorías y minorías alternando por el poder. Es lo que buscamos la mayoría de los argentinos: Una democracia liberal con una economía capitalista y un estado responsable. La pregunta es qué nos ha dado Milei hasta ahora.
Los tres temas destacados más arriba son los que lideran las encuestas: la economía, la inseguridad y la contención social. Cuál es el plan económico de Milei o, dicho de otro modo, cuándo abandonará su lógica “anarcocapitalista” y cuando entenderá que la argentina no es una teocracia donde gobernar es lo mismo que aterrorizar.
Como bien lo señaló Fernández Díaz esta semana en La Nación. Así como Cristina hizo el famoso relato en el rescate setentista de la generación maravillosa en un relato ideológico que compró por mucho tiempo a nuestra juventud que no vivió ni supo lo que sucedió en los 70, Milei intenta lo mismo con un rescate “menemista”, como una nueva construcción ideológica que la juventud comenzó a comprar con igual fanatismo. Para nosotros, más viejos que vivimos ambas, ni la Cámpora se transformó en el peronismo revolucionario y esperemos que la juventud libertaria no se convierta y apoye la devastación productiva, el desempleo, la pobreza y la corrupción que significó el menemismo. Los primeros signos preocupantes ya comenzaron: Rodolfo Barra en el staff, el apellido Menem que comienza a sonar en muchos lados. Y ahora, la postulación de Ariel Lijo como ministro de la Corte. Bienvenida la negociación, pero no la corrupción.
Milei es un pobre “jamoncito” pero de ningún modo entre dos mujeres de carácter sino entre dos argentinas que pujan todo el tiempo en estos 100 días. La mayoría de los argentinos elegimos dejar atrás una de esas argentinas solicitando el cambio hacia otra muy diferente. Para ese cambio elegimos a Milei como el hacedor de la difícil empresa y contra viento y marea mantenemos esa fe como bien demuestran las encuestas donde casi un 60% todavía apostamos a que el presidente logre el difícil pasaje entre lo viejo y lo nuevo.
Deseo ser optimista aun cuando los resultados, aunque buenos carecen de consistencia. Todos en el fondo expresamos lo mismo con distintas palabras. Empresarios optimistas pero cautos, oposición amigable que acompaña, pero con miedo, ciudadanía que sufre un violento ajuste, pero sin embargo acompaña. Y todo un viejo sistema -político, sindical, prebendario, corrupto- que espera saber si el cambio vino para quedarse o simplemente será transitorio y todo volverá a su normalidad. Ojalá esto último, no ocurra.
