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Putin, la guerra y el 9 de mayo
Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».
Muchos son los hechos que tienen lugar en un mundo en el que desde hace tiempo la inquietud va muy por delante del optimismo. Si hacemos una comparación entre el mundo tras el fin de la Guerra Fría y el de hoy, entonces había tantas conjeturas esperanzadoras como de las habituales o de poder, pero hoy predominan hipótesis de riesgos en ascenso. Como advierte el informe Global Trends 2040 elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, el mundo se encuentra a la deriva, es decir, ‘carece de dirección, es caótico y volátil”.
Es que el gran drama internacional de nuestro tiempo es que a la falta de un orden o sistema regulatorio entre Estados se suma un desorden interestatal confrontativo («DIC»), pues los poderes políticos preeminentes y pensantes de diseños se encuentran en estado de discordia y hasta de “no guerra” entre sí.
Para probar esta situación, basta con echar una mirada a la cifra récord del gasto militar mundial en 2023: 2,2 billones de dólares, según la evaluación realizada por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IIEE), esperándose un gasto mayor para 2024. Asimismo, de acuerdo a esta prestigiosa entidad, «La actual situación de seguridad militar presagia lo que posiblemente será una década más peligrosa, caracterizada por la aplicación descarada del poder militar para perseguir reclamos».
En este cuadro, pasando a cuestiones más específicas, hay tres temas que concentran la atención durante esta semana: la asunción de Vladimir Putin para un quinto ciclo presidencial, la guerra en Ucrania y el 9 de mayo, Día de la Victoria en Rusia.
En relación con el presidente de Rusia, los desafíos mayores serán la resolución de una guerra que ya pasó los 800 días, y la transformación de Rusia en un poder moderno y más completo.
Dejando la guerra para más adelante, si durante los próximos seis años (con la posibilidad de seis años más) el mandatario ruso le da un decisivo impulso a la modernización de Rusia, es decir, inicia la pluralización o diversificación de la economía del país para que se vuelva algo más que un exportador de materias primas, Putin podría pasar a la historia más por sus logros que por sus déficits.
Rusia es superpotencia en varios segmentos: nuclear, regional, miembro del Consejo de Seguridad, venta de armas, entre los principales. Pero Rusia no es una superpotencia económica- tecnológica. Por ello, peyorativamente en Occidente se refieren a la economía rusa como «economía fósil’, por vivir del gas, el petróleo y los minerales, o «economía Kalashnikov», por ser, como el fusil, una economía “irrompible, barata y con poca tecnología”.
Sí Putin coloca a Rusia en la senda que la trasforme de un gran poder a una superpotencia, entonces Putin pasará a la historia como el líder conservador, clásico, patriota y, finalmente, transformador. Es el reto que aguarda al autócrata líder, aunque es pertinente decir que durante el trayecto podría afrontar el resurgimiento de fuerzas opuestas.
En cuanto a la guerra en Ucrania, la situación, en función de capacidades materiales y humanas, corre a favor de Rusia. Sin embargo, a pesar de ello las fuerzas rusas no han logrado un avance o impacto categórico que defina la confrontación. El interrogante radica en cómo podrían impactar en la guerra las capacidades que está recibiendo Ucrania, tras la aprobación del fuerte paquete de asistencia por parte de Estados Unidos.
En cualquier caso, prácticamente no se contemplan escenarios relativos con la expulsión de las fuerzas rusas de territorio ucraniano. Entonces, los escenarios consideran la prolongación de la guerra hasta que el desgaste defina la confrontación. Pero, entretanto, podrían suceder hechos inesperados o semi inesperados, por caso, un escalamiento como consecuencia del uso de armas más poderosas por parte de Rusia.
Lo que más inquieta en esta guerra innecesaria y fratricida es que para ninguna de las partes hay sustituto para la victoria, utilizando palabras del general MacArthur.
Finalmente, el 9 de mayo se celebra en Rusia el Día de la Victoria sobre las fuerzas de la Alemania nacionalsocialista. Por la diferencia horaria, en Europa la gesta se celebra el día 8. Ese día de 1945 terminó en Europa la guerra más letal de la historia.
En Rusia la celebración se lleva a cabo “con lágrimas en los ojos”, pues la guerra costó la vida a más de 24 millones de soviéticos, muy lejos de los 13 millones de chinos y más todavía de las muertes producidas en Europa. Sin duda, la confrontación entre alemanes y soviéticos fue de exterminio, y ello se explica, en gran medida, por los propósitos de Alemania: someter a la población soviética a la condición de esclavitud y explotar los inmensos recursos del país continente.
Aquel día el poder se fue finalmente de Europa, para dirigirse a los dos polos sobre los que pivoteó el orden internacional por las décadas siguientes. Charles de Gaulle lo supo ver como nadie cuando sostuvo que «En Europa hubo dos países que perdieron la guerra, mientras que los demás fueron derrotados».
El carácter total de la guerra nos viene pertinentemente a advertir que la guerra no sólo es una regularidad en la historia, sino que su alcance es mayor de aquello que nunca ha tenido lugar: una «paz total».
«No más Normandías» señala Graham Allison, en el sentido de que ya no habrá más confrontaciones como la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron más de 50 millones de personas. Sin duda, es una aspiración loable, y seguramente no habrá guerras como aquella; pero la guerra cambia su naturaleza y, desgraciadamente, siempre viene a nosotros. Si no, observemos el «estado de situación” actual en las tres «placas geopolíticas selectivas» o “puntos de inflamación” del mundo (Europa del este, Medio Oriente y Pacífico/Índico) en la tercera década del siglo XXI.
De allí la importancia de lograr cuanto antes un orden internacional. El orden o configuración internacional no significa una situación perfecta, pero históricamente es lo que más ha acercado a los países a esa situación internacional que se denomina paz.
Nada más, un orden implica relativa seguridad, previsibilidad internacional y el establecimiento de una cultura estratégica. No significa ausencia de conflictos ni de discordias. Pero, por ahora, no parece que un orden internacional se encuentre «doblando la esquina».
