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 La alimentación social y el “comer por placer”: claves para entender cómo nos vinculamos con la comida
Entrevistas

La alimentación social y el “comer por placer”: claves para entender cómo nos vinculamos con la comida

12 mayo, 2026

Especial para InfoSur

Agostina Parodi, licenciada en nutrición, en el programa InfoSur Radio, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, abordó las distintas formas de relación que las personas construyen con la comida y explicó cómo el contexto social, las emociones y el placer influyen directamente en los hábitos alimenticios cotidianos.

Durante la entrevista, la profesional profundizó especialmente sobre los conceptos de “hambre social” y “hambre por placer”, diferenciándolos del hambre emocional y planteando la necesidad de construir una alimentación más consciente y libre de culpas.

“El cerebro también está diseñado para disfrutar lo que estamos comiendo”, explicó.

Parodi recordó que en encuentros anteriores habían trabajado sobre la diferencia entre hambre física y hambre emocional, y en esta oportunidad buscó ampliar la mirada hacia otras situaciones frecuentes vinculadas a la alimentación.

En ese sentido, definió el hambre social como aquella asociada a encuentros, costumbres y momentos compartidos.

“Quizás uno no tiene tanta hambre, pero aparece una comida rica en un encuentro con amigos o familia y decide comer igual”, señaló.

La especialista sostuvo que este tipo de alimentación generalmente no genera culpa ni angustia posterior, ya que se encuentra asociada al disfrute y a la conexión social.

“Es un momento de relajación y de compartir con otras personas”, indicó.

Como ejemplo, mencionó situaciones habituales como reuniones con mates, cumpleaños, asados o eventos gastronómicos masivos.

“Muchas veces el alimento forma parte del encuentro más que de una necesidad física puntual”, explicó.

A diferencia del hambre emocional —que suele aparecer de manera urgente y vinculada a ansiedad o angustia— el hambre social se desarrolla en contextos más tranquilos y conscientes.

“En el hambre emocional aparece la urgencia, el descontrol y muchas veces la culpa”, sostuvo.

En cambio, el hambre por placer tiene otra lógica.

Parodi explicó que se trata de situaciones donde una persona decide comer algo simplemente porque tiene ganas y desea disfrutarlo.

“Uno puede querer comer un alfajor y disfrutarlo sin que eso esté asociado a una emoción negativa”, afirmó.

En ese punto, hizo especial hincapié en la necesidad de dejar de catalogar alimentos como “buenos” o “malos”.

“Si pensamos que un alimento es malo, automáticamente aparece la culpa cuando lo comemos”, señaló.

La nutricionista sostuvo que muchas veces esas etiquetas generan una relación conflictiva con la comida y terminan favoreciendo conductas poco saludables.

“El problema no es disfrutar un alimento, sino perder el registro de cómo y por qué lo estamos comiendo”, explicó.

Otro de los ejes abordados fue la importancia del contexto y de la forma en que se consumen los alimentos.

Parodi remarcó que comer rápido, de pie o en situaciones de estrés modifica la percepción del cuerpo y puede dificultar la regulación natural del hambre y la saciedad.

“Cómo comemos influye muchísimo”, indicó.

En ese sentido, señaló que muchas personas sostienen hábitos muy acelerados durante las comidas, especialmente en contextos laborales o familiares.

“El adulto muchas veces come parado, rápido y mientras hace otras cosas”, explicó.

Según detalló, esto también repercute en niños y niñas, que tienden a reproducir las conductas observadas en los adultos.

“Los chicos aprenden mirando”, sostuvo.

La profesional también hizo referencia a situaciones comunes en reuniones familiares, donde muchas veces se insiste para que otra persona continúe comiendo aunque ya no tenga hambre.

“Es importante respetar cuando alguien dice que ya está satisfecho”, afirmó.

En esa línea, insistió en la necesidad de reconectar con las señales naturales del cuerpo.

“Tenemos que volver a escucharnos un poco más”, señaló.

Parodi advirtió además que muchas personas naturalizan síntomas físicos vinculados a malos hábitos alimentarios o altos niveles de estrés.

“Hemos normalizado dolores, hinchazón o malestar como si fueran algo habitual”, expresó.

Por eso, consideró fundamental avanzar hacia una alimentación más consciente, donde las personas puedan identificar qué tipo de hambre están experimentando y qué rol cumple la comida en cada situación.

“Hay que preguntarse si estamos comiendo por hambre real, por emoción, por placer o por costumbre”, explicó.

Otro aspecto importante que destacó fue la necesidad de equilibrar las comidas a lo largo del día sin caer en restricciones extremas.

“Si sabemos que vamos a tener una comida más abundante a la noche, podemos balancear el resto del día, pero no dejar de comer”, indicó.

En ese marco, cuestionó conductas frecuentes como ayunar durante horas para luego compensar en eventos o reuniones.

“El equilibrio no pasa por castigarse, sino por organizar mejor la alimentación”, sostuvo.

Finalmente, Parodi insistió en que el objetivo principal debe ser construir una relación más amable y consciente con la comida.

“No necesitamos agregar más culpa de la que ya tenemos en la vida cotidiana”, concluyó. De esta manera, la especialista planteó una mirada integral sobre la alimentación, entendiendo que comer no solo responde a una necesidad biológica, sino también a factores sociales, culturales y emocionales que forman parte de la vida diaria.

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