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Hábitos saludables en la infancia: “Mientras más temprano arranquemos, mejor”
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en Nutrición, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, destacó la importancia de construir hábitos saludables desde los primeros años y remarcó que una buena alimentación es solamente una parte del proceso. Hidratación, descanso, movimiento, variedad de alimentos y una relación saludable con la comida son algunos de los componentes que deben incorporarse progresivamente durante la infancia.
La nutricionista retomó algunos de los conceptos que había trabajado con niños durante su participación en EDUCO, donde brindó una charla sobre “Crecer saludables”.
La infancia, explicó, representa una verdadera “ventana de oportunidades” para incorporar conductas que pueden mantenerse durante el resto de la vida.
“Mientras más temprano arranquemos con los hábitos es mejor, porque es salud de hoy y de nuestro futuro”, señaló.
Pero también dejó una primera advertencia: los hábitos no aparecen automáticamente.
Al comienzo necesitan repetición, acompañamiento de los adultos y cierta organización hasta que comienzan a incorporarse naturalmente a la rutina.
Alimentarse bien es mucho más que comer una ensalada
Parodi planteó que cuando se habla de hábitos saludables suele pensarse inmediatamente en frutas y verduras.
Sin embargo, la construcción es mucho más amplia.
La hidratación ocupa un lugar fundamental y debe adaptarse a la edad, el nivel de actividad física y las condiciones climáticas.
“Siempre que nosotros decimos hidratación, decimos agua”, remarcó.
En los niños más pequeños, las cantidades necesarias dependerán de la edad y también de si reciben lactancia o fórmula, mientras que el requerimiento puede aumentar frente al ejercicio o temperaturas más elevadas.
La recomendación práctica es sencilla: tener el agua disponible y ofrecerla regularmente, sin esperar necesariamente a que el chico la pida.
Dormir también forma parte de una vida saludable
El descanso fue otro de los pilares abordados.
Mientras que para los adultos suele hablarse de siete u ocho horas como referencia general, Parodi explicó que durante la infancia las necesidades pueden ser mayores y mencionó un rango aproximado de nueve a once horas, dependiendo de la edad.
El crecimiento y el desarrollo requieren descanso.
La nutricionista puso especial atención sobre los adolescentes y el uso nocturno de pantallas.
Dormir pocas horas durante la noche por permanecer conectado al teléfono y después intentar compensarlo con una siesta prolongada no constituye, explicó, una buena organización del sueño.
“La siesta no es porque me quedé hasta las tres de la mañana con teléfono y pantallas, me levanté a las seis y fui a la escuela”, ejemplificó.
La idea es que la siesta, cuando sea necesaria, sea reparadora y complemente adecuadamente el descanso nocturno.
Tres frutas y verduras en distintos momentos
Como referencia ideal, Parodi propuso incorporar tres frutas diferentes distribuidas durante el día.
No todos los chicos tienen ese hábito y allí aparece nuevamente la necesidad de avanzar gradualmente.
Si inicialmente existe rechazo hacia una fruta entera, puede comenzar a incorporarse en diferentes preparaciones y avanzar progresivamente hacia su consumo natural.
La misma lógica se aplica a las verduras.
La recomendación tradicional es incorporarlas en almuerzo y cena, pero Parodi invitó a romper con esa estructura rígida.
Huevos revueltos con tomate o zanahoria, preparaciones con arvejas, hummus o verduras incorporadas a una tostada son algunas posibilidades para llevarlas también al desayuno o la merienda.
“Hay un montón de otro tipo de alimentos que me aportan un montón de nutrientes”, explicó.
La banana de noche y otros mitos
La conversación permitió también revisar algunos mitos familiares que atraviesan generaciones.
Uno de ellos sostiene que comer banana durante la noche es perjudicial porque “es pesada” o porque engorda.
Parodi explicó que no existe una prohibición general de consumirla por la noche.
La recomendación puede modificarse ante determinadas condiciones particulares, como diabetes u otros diagnósticos, pero eso requiere evaluar cada caso.
Lo mismo sucede con la idea de que “todo lo que se come después de las seis de la tarde engorda”.
“No”, respondió la nutricionista frente a esa afirmación.
El horario, por sí solo, no convierte automáticamente un alimento en perjudicial. Lo importante es analizar el conjunto de la alimentación y las condiciones particulares de cada persona.
¿El jugo de naranja es tan saludable como parece?
Otro punto interesante fue el jugo exprimido.
Aunque suele asociarse automáticamente con una alimentación saludable, Parodi marcó una diferencia entre beber un vaso de jugo y comer la fruta entera.
Para preparar un vaso pueden utilizarse tres o cuatro naranjas.
Eso significa consumir de una sola vez el azúcar presente en varias frutas y, además, perder parte del beneficio que aporta la fibra cuando se descarta la pulpa.
Por eso, especialmente en los niños, sostuvo que es preferible ofrecer una naranja en gajos antes que convertir varias naranjas en un vaso de jugo.
El mismo principio se aplica a determinadas jugueras que separan el líquido de la pulpa.
“La fibra es lo que me va a ayudar a que los niveles de glucosa no se eleven tanto”, explicó.
De todos modos, Parodi insistió en que las recomendaciones deben analizarse según los objetivos y las condiciones particulares de cada persona.
Proteínas y lácteos, todos los días
La nutricionista destacó también la importancia de incorporar fuentes de proteínas diariamente.
Carnes, pollo, pescado y huevo pueden combinarse con fuentes vegetales como legumbres y cereales integrales.
Los lácteos aportan también nutrientes relevantes y forman parte de esa planificación cotidiana.
Parodi señaló además que combinar determinados alimentos con fuentes de vitamina C puede favorecer la absorción del hierro.
La intención no es convertir cada comida familiar en un cálculo permanente de nutrientes, sino adquirir referencias sencillas para revisar la alimentación cotidiana.
Frutas en diferentes momentos, verduras al menos en las comidas principales y alguna fuente de proteínas diariamente pueden funcionar como guía.
Una hora para moverse, jugar y desconectarse
El último componente excede nuevamente la alimentación.
Parodi planteó como referencia una hora diaria de movimiento para los niños, aclarando que eso no significa enviarlos todos los días a un gimnasio o imponerles una actividad deportiva.
Puede ser fútbol, bicicleta, patineta, una caminata, jugar en la plaza o sacar a pasear al perro.
Lo importante es encontrar una actividad que disfruten.
El movimiento, explicó, también ayuda a regular las emociones y ofrece una alternativa para evitar que la comida termine convirtiéndose en la principal respuesta frente al aburrimiento, la ansiedad u otros estados emocionales.
Se trata de permitir que el cerebro pueda “tomar aire”, conectarse con el presente y encontrar otras formas de bienestar.
Cambiar de a poco para que el hábito permanezca
Parodi volvió finalmente sobre un principio que atraviesa sus recomendaciones: no intentar cambiar todo de un día para otro.
Una familia que prácticamente no consume frutas difícilmente sostendrá durante mucho tiempo el objetivo de pasar inmediatamente a tres porciones diarias, verduras en todas las comidas, actividad física y una rutina perfecta de descanso.
El camino puede comenzar con algo mucho más pequeño.
“Intento incorporar una cada dos días y me voy poniendo metas que son alcanzables”, ejemplificó.
Porque el objetivo no es cumplir durante una semana con una alimentación ideal.
Es construir hábitos que puedan permanecer.
Y allí aparece el mensaje central de la columna: aprovechar la infancia como una etapa especialmente valiosa para enseñar que cuidar la salud no depende de un alimento aislado, sino de pequeñas conductas que se repiten todos los días.