ENERGÍA NUCLEAR Y EXTRACCIÓN DE MINERALES, LAS DOS CARAS DEL URANIO
El Uranio como mineral crítico y estratégico en la carrera de la energía nuclear, pero también en la armamentista mundial. Imposible escindirlo del análisis de sus múltiples aristas en el contexto regional, nacional y mundial que rigieron, rigen y regirán las decisiones en la materia.
Por Lic. Jordana Mrla
En ese ruido de noticias que aturden entre el abandono de YPF SA de las áreas convencionales maduras y todo el proceso de venta, comenzó a oírse la presentación de YPF nuclear, con Chubut de cara a la explotación del uranio, ¿es esta una nueva oportunidad para la provincia? O ¿por dónde empezamos? más bien ¿desde dónde y cómo nos detenemos a mirar y analizar? En principio, la propuesta es entender que no se menciona cualquier tipo de mineral, sino que se referencia al Uranio y que éste, se encuentra íntimamente ligado a la política energética nuclear de la Argentina. Imposible escindirlos, pero si, necesario analizarlos por separado, ya que como siempre digo, la tradición de la política extractiva de minerales en nuestro país corrió una suerte e historia diferente a la nuclear.
Argentina, posee una robusta historia en política energética nuclear, de esas por las que deberíamos estar orgullosos y defender, sin lugar a duda. En julio de 1945, el mundo no dejaba de asombrarse con lo acontecido. No terminaba de medirse la magnitud del hecho: habían detonado dos bombas nucleares, una en Hiroshima y la otra en Nagasaki. La primera, compuesta por 64 kilogramos de U235 (isótopo de Uranio) en donde tan solo un kilogramo había hecho fisión nuclear para desencadenar semejante reacción en cadena capaz de liberar tanta energía; la segunda de Pu239 (isotopo de Plutonio). El resto de la historia, todos la conocemos.
Sin embargo, aquí me detengo para reflexionar algo que siempre mencionamos, y es cómo el análisis de lo que acontece en nuestro suelo siempre está ligado a la política global. Como cualquier hecho que solo podríamos ver aislado, se une minuciosamente a las decisiones que fuimos tomando o a la manera de acoplarnos al proceso. Y es por este triste hecho que nos puede parecer ajeno, que en agosto de 1945 -sí, leyeron bien, un mes después de las bombas- Argentina empieza su historia en política energética nuclear, de la mano claro de la minería, primer eslabón necesario para su desarrollo. Es así como se promulga el Decreto militar N° 22855, por parte del Gral. Manuel Savio, que estaba a cargo de la Dirección de fabricaciones militares, en donde se proclamaba “preservar los depósitos minerales estratégicos del área nuclear prohibiendo su exportación” dejándose, además, en manos de la Universidad Nacional de Cuyo la exploración y prospección de Uranio y Torio.
Pero la historia no se trunca aquí. En 1950 se crea la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) y cuatro años después ya habían geólogos en todo el territorio argentino buscando Uranio. Por aquel entonces, el presidente de la CNEA afirmaba que “el programa nuclear argentino se conformaría sobre la base del Uranio natural, todo de producción y desarrollo nacional”. En 1958 marcamos nuestro primer hito, logrando desarrollar en tan solo nueve meses el primer reactor nuclear latinoamericano, el RA-01 (reactor argentino 01) de solamente 40 kW, pero que no solamente nos puso primeros en la carrera, sino que además, abrió las puertas a la nucleoelétrica y la producción de radioisótopos para medicina nuclear.
La carrera siguió y los desafíos fueron mayores, alcanzando en 1974 otro hito, la primera planta nuclear de Latinoamérica era argentina: Atucha 1, de 362 MW. A ella le siguieron Embalse y Atucha 2; todas de uranio natural y uso de agua pesada. Supimos tener nuestra propia planta industrial de producción de agua pesada en Neuquén (cerrada desde 2017), aunque hoy solo importamos agua a costos elevadísimos. En 2009 y bajo la Ley Nacional N° 26.566 se promovió el desarrollo de la cuarta y quinta central nuclear (CANDUM y HUALONG-01, esta última con tecnología China) y se encomendó a la CNEA el diseño, ejecución y puesta en marcha del proyecto CAREM para el desarrollo de un reactor nuclear modular pequeño, cuya ejecución comenzó en 2014 y tenía previsto estar completa para 2025 (CAREM-25).
Hoy, de la cuarta y quinta central nuclear no se habla, no están en el plan nuclear proclamando en diciembre de 2024. El presidente actual de la CNEA ha felicitado al CAREM indicando todo lo que se ha aprendido con el, pero lo ha paralizado anunciando el desarrollo de un nuevo reactor modular pequeño (SMR) ahora en el complejo Atucha. También ha anunciado la exploración y explotación minera de Uranio, en un momento poco claro para el desarrollo atómico, en donde se esta paralizando o retrocediendo en esta ardua carrera que desarrollo por décadas la Argentina.
En un punto, minería y energía nuclear se unen, y es en ese elemento primordial: el uranio, aquel que tiene radiactividad natural, que presenta los tres isótopos mas importantes del combustible nuclear, pero también de la carrera armamentista nuclear en el mundo. No obstante, la historia de la minería para Argentina y Latinoamérica, no se jacta de poseer una historia semejante al relato previo. Como todo, tiene un aspecto común, y es el comportamiento global de la época que condujo a la extracción desmesurada de minerales en las tierras conquistadas. Allá por el año 1500 los galeones cargaban oro y plata, todo cuanto podían extraer donde el ojo humano detectaba las vetas. “Vale un Potosí” fueron calificaciones de alto valor para una cosa o persona, y sí, toda América valía por aquel entonces un Potosí. En la historia extractivista de los minerales, aquellos críticos y estratégicos, formaron parte del paquete voraz que consume y demanda el Norte Global.
El Código Minero Argentino data de 1886, con sus modificaciones, pero esa es parte de su historia y génesis. Entre nuestros momentos recientes en materia de política extractivista de minerales estratégicos, no podemos pasar por alto el “Tratado de Integración y Complementación minera entre Chile y Argentina” firmado en diciembre de 1997, sin fecha de caducidad y en el que las partes recién pueden acceder a demandas 30 años después, o sea en 2027. Afecta toda la cordillera de los Andes, en la frontera entre países con un ancho variable que se extiende entre 15 a 150 km en tierra chilena y entre 20 y 220 km en tierra Argentina. Desde el hierro de Salta hasta el carbón de Río Turbio. El país vecino puede disponer de nuestra energía y agua, y viceversa. También pueden los minerales extraídos en suelo argentino ser exportados por puertos chilenos o al revés, siempre priorizando la rentabilidad del proceso y la cercanía en temas logísticos. Claro que otorga beneficios impositivos de todo tipo y además estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años. Permite deducir ganancias, devolución del IVA, exime de pagar gastos por importación de bienes de capital, equipos e insumos, impuesto al cheque, a las transferencias al extranjero; y todo eso con una regalía del 3 % máxima, sin contar los reintegros por uso de puertos patagónicos -cuanto más austral, mayor es el reintegro.
Pero ante ese escenario, de beneficios que vencen en diciembre de 2027, aparece un nuevo actor: el RIGI impuesto por la Ley Nacional N° 27.742, que no solo otorga 30 años más de estabilidad fiscal, cambiaria y aduanera, con reducción de ganancias, créditos y débitos, reforzando además todos los beneficios previos, sino que además omite el desarrollo de proveedores locales, ostenta ausencia de incentivos o exigencias de investigación y desarrollo, transferencia de tecnologías y reserva mención de aspectos ambientales y sociales.
Ahora, volvamos al inicio con todo este desarrollo y nos detengamos en la historia de Chubut. Allá por 1976 se licitó una planta de concentración de uranio o planta química en los pliegos que comenzó a construirse en 1977 en un galpón en el distrito uranífero Pichiñán, para las explotaciones de Uranio de Los Adobes y Cerro Cóndor. Todo ello en la margen derecha del Río Chubut, a 26 km de Paso de Indios. El complejo cerró en 1981, cuatro años duró la explotación. En Los Adobes, se extrajeron más de 90.000 toneladas de mineral para obtener 108 toneladas de uranio y en Cerro Cóndor más de 57.000 para obtener tan solo 45 toneladas. El uranio, es por estas zonas un mineral de baja ley. Quedaron 85.000 toneladas de pilas de lixiviación y 60.000 toneladas de escombros. La cantera fue parcialmente rellenada en 1998. Hasta 2021 no se detectan en los informes remediaciones posteriores. El Uranio trae consigo otros minerales en las colas. Se ve acompañado mayormente por Torio 230 y Radio 226 en su decaimiento, pero también lo acompañan el molibdeno, el plomo, vanadio, cobre, zinc, cromo, níquel, hierro, entre otros.
Argentina estima una reserva de Uranio de 30.000 toneladas, presentando sus mayores estimaciones en Cerro Solo Chubut y en Sierra Pintada Mendoza. En 1996, se calculó para Cerro Solo en 100 hectáreas, una proyección de aproximadamente 8.000 a 9.000 toneladas de Uranio. Este mineral estratégico está íntimamente ligado a la política energética nuclear argentina, su desarrollo, innovación y mantenimiento. Pero ¿dónde está hoy ese plan nuclear? Si frenamos el desarrollo de dos nuevas centrales nucleares, nos despedimos del CAREM representado el mismo un gran aprendizaje y nada más, privatizamos empresas, perdimos profesionales que representaban valiosísimas capacidades en el sector nuclear, entonces ¿uranio para qué?
La minería representa un desafío en múltiples aspectos de análisis globales, nacionales y regionales. También en el plano económico, social y ambiental. Analizarla no implica negarla ni aceptarla, no es ese el objeto, sino que simplemente remite a poner la información a disposición de la comunidad toda, que es quien debe apropiarse de su responsabilidad sobre los bienes comunes, como lo son los recursos naturales. Las preguntas que debemos hacernos son ¿cuáles son los fundamentos reales en este momento de la historia, comprendiendo todo el contexto planteado? ¿qué esperamos de ello?
El Uranio es un recurso estratégico, la decisión de su extracción merece planificación, transparencia, y análisis profundo de todos los aspectos señalados. ¿queremos entregar soberanía y control del mineral?