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Avendaño puso el foco en las redes sociales: “El diseño de las plataformas también tiene consecuencias”
Especial para InfoSur
Horacio Avendaño, especialista en comunicación y nuevas tecnologías, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, analizó las demandas impulsadas en Estados Unidos contra grandes plataformas digitales por los posibles efectos de determinadas características de diseño sobre la salud mental de niños y adolescentes. El especialista sostuvo que la discusión instala un debate que excede al tiempo frente a las pantallas: hasta qué punto las empresas conocen la capacidad de sus algoritmos y mecanismos de interacción para generar usos compulsivos y qué responsabilidad deben asumir frente a sus consecuencias.
Durante su columna de Cultura Digital, Avendaño puso particularmente el foco en Meta, compañía detrás de Facebook, Instagram y WhatsApp, y en las acciones judiciales iniciadas en Estados Unidos relacionadas con el impacto de las plataformas sobre usuarios menores de edad.
Según explicó, uno de los principales cuestionamientos apunta a que determinadas características no serían elementos accesorios de las redes, sino componentes centrales de su diseño.
El desplazamiento permanente o scroll, los “me gusta”, las notificaciones y los algoritmos que seleccionan y ofrecen nuevos contenidos forman parte de una arquitectura destinada a mantener la atención del usuario.
La discusión, planteó Avendaño, aparece cuando esa capacidad de retención se analiza en relación con niños y adolescentes.
Cuando el diseño deja de ser una cuestión técnica
Para Avendaño, uno de los aspectos más importantes de las demandas es precisamente que colocan bajo análisis las decisiones tomadas durante el diseño de las plataformas.
El cuestionamiento que describió durante la columna consiste en determinar si las compañías conocían los posibles efectos de determinados mecanismos sobre usuarios jóvenes y, aun así, decidieron mantenerlos.
“Hay un diseño en el que la empresa sabía que iba a generar adicción y lo hizo igual”, explicó al sintetizar el argumento que, según señaló, forma parte de las acusaciones.
La afirmación no implica que exista ya un reconocimiento de responsabilidad por parte de las empresas.
Avendaño hizo expresamente esa diferenciación y señaló que cualquier eventual acuerdo previo a una sentencia no equivale necesariamente a admitir las acusaciones formuladas.
Limitar el tiempo y devolver el control a las familias
Entre las medidas que Avendaño describió como parte de las discusiones en Estados Unidos aparecen posibles restricciones destinadas específicamente a menores.
Durante la columna mencionó límites diarios de utilización de determinadas plataformas, que podrían ser modificados mediante controles parentales.
También habló de restricciones nocturnas orientadas a preservar las horas de sueño y de la posibilidad de suspender notificaciones durante el horario escolar para disminuir las interrupciones.
Otro mecanismo consistiría en incorporar advertencias periódicas sobre el tiempo transcurrido dentro de una aplicación.
La idea es sencilla: que la propia plataforma recuerde al usuario cuánto tiempo lleva conectado.
Para Avendaño, este último punto resulta particularmente significativo porque busca recuperar algo que fácilmente se pierde durante la navegación: la conciencia sobre el paso del tiempo.
Atención, sueño y rendimiento escolar
Las eventuales restricciones que describió el especialista muestran además que la discusión sobre ciudadanía digital ya no puede reducirse simplemente a determinar cuántas horas pasa un adolescente mirando una pantalla.
Aparecen involucrados el descanso, la concentración, el rendimiento escolar y la salud mental.
El debate sobre las notificaciones durante las clases resulta un ejemplo.
Cada alerta que llega al teléfono compite por la atención del estudiante y puede interrumpir el proceso de aprendizaje.
La misma lógica se aplica durante la noche.
Si una plataforma continúa generando estímulos cuando el usuario debería descansar, la discusión deja de estar exclusivamente relacionada con entretenimiento o comunicación y comienza a alcanzar hábitos fundamentales para la salud.
Las plataformas compiten por nuestra atención
El análisis se relaciona con un concepto que Avendaño viene desarrollando dentro de Cultura Digital: la atención se convirtió en un recurso económico.
Las plataformas necesitan que los usuarios permanezcan conectados.
Cuanto mayor sea el tiempo de permanencia, mayores son las posibilidades de mostrar contenidos, publicidad y obtener información sobre sus comportamientos.
Por eso, elementos aparentemente sencillos como un “me gusta”, una recomendación automática o la posibilidad de continuar desplazándose indefinidamente cumplen una función dentro de un modelo considerablemente más amplio.
La particularidad aparece cuando esa arquitectura es utilizada por menores, que requieren mecanismos de protección diferentes a los de un usuario adulto.
Un precedente que puede trascender a Estados Unidos
Avendaño consideró que las discusiones judiciales norteamericanas deberían ser observadas también desde otros países.
Si las demandas avanzan y terminan generando modificaciones concretas en el funcionamiento de las plataformas, podrían convertirse en antecedentes para nuevas regulaciones y reclamos en otros lugares.
Pero advirtió que cualquier discusión de ese tipo necesita evidencia.
“Hay que hacer estudios, hay que tener información de base para poder argumentar este tipo de cosas”, señaló.
La regulación tecnológica plantea precisamente esa dificultad: las plataformas son globales, mientras que las leyes y mecanismos judiciales continúan dependiendo en gran medida de cada Estado.
EDUCO: cómo aprender en tiempos de inteligencia artificial
La columna también permitió anticipar la participación de Cultura Digital en EDUCO.
Avendaño explicó que el viernes completarán allí una experiencia iniciada anteriormente alrededor de inteligencia artificial y educación.
El interrogante que orientará la actividad será cómo aprender en tiempos de IA.
Para el especialista, la incorporación de estas herramientas obliga también a los docentes a revisar metodologías y formas de enseñar.
“No podemos seguir con las mismas metodologías, con las mismas preguntas, porque cambió el mundo”, sostuvo.
La tecnología modificó la manera en que los estudiantes acceden al conocimiento y obliga a repensar el vínculo entre docentes, contenidos y aprendizaje.
Estudiantes de primer año de la Licenciatura en Comunicación Social tendrán además una participación activa mediante la cobertura de EDUCO como experiencia pedagógica.
Avendaño destacó especialmente esa modalidad de aprender haciendo, que permite que los futuros comunicadores realicen sus primeras experiencias profesionales acompañados por docentes.
Del algoritmo a la ciudadanía digital
El debate sobre Meta y la actividad prevista en EDUCO parecen inicialmente asuntos diferentes, pero terminan confluyendo en un mismo concepto.
La tecnología está integrada a la vida cotidiana y ya no resulta suficiente enseñar solamente cómo utilizar una herramienta.
También es necesario comprender cómo está diseñada, qué busca obtener de nosotros, qué información utiliza y qué efectos puede generar sobre nuestras conductas.
En el caso de niños y adolescentes, esa discusión incorpora además responsabilidades familiares, educativas, empresariales y estatales.
Para Avendaño, allí aparece la necesidad de profundizar la alfabetización mediática y la ciudadanía digital.
Porque detrás de una pantalla que parece ofrecer simplemente fotografías, videos o conversaciones existe una arquitectura tecnológica diseñada para captar y sostener nuestra atención. Y comprender cómo funciona esa arquitectura empieza a convertirse en una herramienta tan importante como aprender a utilizarla.