Advierten que muchos alimentos promocionados como saludables no lo son y recomiendan aprender a leer las etiquetas
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en Nutrición, en el programa InfoSur Radio, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos, explicó que muchos productos promocionados como “light”, “fortificados”, “enriquecidos” o “sin azúcar” pueden generar una falsa percepción de alimentación saludable y sostuvo que la mejor herramienta para elegir correctamente en el supermercado sigue siendo leer la lista de ingredientes de cada producto.
Durante la columna, la especialista invitó a los consumidores a cambiar la forma de recorrer las góndolas y prestar mayor atención a la información nutricional que figura en los envases.
“La parte más importante del producto no suele estar en la cara principal del envase, sino en la lista de ingredientes”, afirmó.
Parodi explicó que el orden en que aparecen los ingredientes no es casual.
El primero de la lista corresponde al componente presente en mayor cantidad y, a partir de allí, el resto se ordena de manera decreciente.
“Si entre los primeros ingredientes aparecen azúcar, jarabe de maíz, glucosa, sacarosa, grasas o sal, es un dato que debemos tener muy en cuenta antes de comprar ese alimento”, señaló.
Como ejemplo mencionó los panes que se comercializan como integrales o de salvado.
“Muchas veces el primer ingrediente sigue siendo harina refinada y luego aparecen azúcares o distintos tipos de jarabes”, explicó.
Para la nutricionista, aprender a interpretar esa información resulta mucho más útil que dejarse llevar por los mensajes destacados en la parte frontal del envase.
“El etiquetado frontal ayuda, pero la verdadera información está en la lista de ingredientes”, sostuvo.
Otro de los conceptos desarrollados durante la entrevista fue la diferencia entre alimentos fortificados y alimentos enriquecidos.
Parodi explicó que los alimentos fortificados son aquellos a los que la industria incorpora vitaminas o minerales para aumentar su valor nutricional.
Entre los ejemplos mencionó las leches con vitamina D o las bebidas vegetales suplementadas con calcio y vitamina B12.
Sin embargo, aclaró que la presencia de esos nutrientes no convierte automáticamente al producto en un alimento saludable.
“Si se trata de un producto ultraprocesado con mucho azúcar, el agregado de vitaminas no cambia su perfil nutricional”, advirtió.
Respecto de los alimentos enriquecidos, recordó que en Argentina existe una legislación que obliga a fortificar las harinas de trigo con hierro, ácido fólico y otras vitaminas.
“Esa medida tiene un objetivo de salud pública y busca prevenir enfermedades como la anemia y determinadas malformaciones congénitas”, explicó.
Durante la charla también analizó el significado del término “light”, una de las expresiones más utilizadas por la industria alimentaria.
Según indicó, un alimento light simplemente presenta una reducción de alguno de sus componentes respecto de la versión original.
“Puede tener menos grasa, menos azúcar o menos calorías, pero eso no significa necesariamente que sea saludable”, señaló.
En ese sentido recomendó evitar la asociación automática entre envases de color verde y alimentos beneficiosos para la salud.
“Muchas veces el marketing transmite una idea que no siempre coincide con la composición real del producto”, expresó.
Otro aspecto que despertó especial atención fue la presencia de azúcares ocultos bajo diferentes nombres.
Parodi explicó que ingredientes como miel, fructosa, sacarosa, dextrosa o distintos tipos de jarabes representan formas de azúcar que también deben ser consideradas al momento de evaluar un alimento.
“Es importante conocer esos nombres porque muchas veces creemos que un producto no tiene azúcar cuando en realidad está presente bajo otra denominación”, indicó.
La especialista también cuestionó la costumbre de clasificar los alimentos únicamente como “buenos” o “malos”.
A su criterio, esa mirada simplifica excesivamente la nutrición.
“No existen alimentos buenos y malos. Lo importante es construir una alimentación equilibrada y comprender la frecuencia con la que consumimos cada producto”, sostuvo.
Como ejemplo mencionó el asado, una comida tradicional que suele ser señalada como poco saludable.
Sin embargo, explicó que muchas veces el problema no radica en la carne sino en todos los alimentos y bebidas que suelen acompañarla.
“La calidad de una comida también depende del contexto y de cómo está compuesta”, afirmó.
Otro de los ejes abordados fue la alimentación infantil.
La nutricionista advirtió que muchos productos destinados a niños utilizan mensajes relacionados con vitaminas, calcio o crecimiento para posicionarse como saludables.
“Antes de elegirlos conviene revisar siempre la lista de ingredientes y no quedarse únicamente con lo que dice el frente del envase”, recomendó.
Asimismo, insistió en que incorporar el hábito de leer etiquetas debería formar parte de la educación alimentaria desde edades tempranas.
“Aprender a elegir alimentos es una herramienta que nos acompaña toda la vida”, expresó.
Finalmente, Parodi remarcó que una alimentación saludable no depende exclusivamente del precio de los productos ni de las estrategias publicitarias.
“Lo importante es ser conscientes de qué estamos comprando y qué nutrientes realmente le estamos aportando al organismo”, concluyó.
De esta manera, la educación alimentaria aparece como una herramienta clave para que los consumidores puedan tomar decisiones más informadas frente a una oferta cada vez más amplia de productos que, a través del marketing, muchas veces prometen beneficios que no siempre reflejan su verdadera composición nutricional.