¿Y qué pasó con la corrupción? ¿Acaso no nos importa?
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.
Sobre el final de la campaña, apareció nuevamente el fantasma de la corrupción sobre nuestras cabezas.
La primera noticia la produjo la Justicia. Luego del fracaso de los intentos del peronismo, sobre todo de Cristina, para modificar la composición de la Cámara de Casación Penal, a instancias de la Corte Suprema se desbarató la estrategia que planificaban en el senado y por fin el máximo Tribunal Penal, dejó sin efecto los sobreseimientos en las causas “Hotesur -Los Sauces” y “AMIA”, que deberán elevarse a juicio oral. Por fin los argentinos podremos ver los hechos, la prueba y al final del camino la sentencia en esos juicios y la suerte de sus imputados, pese al intento desesperado de Cristina por reestablecer a su Jueza preferida.
La segunda noticia, la protagonizó nada menos que la esposa del actual ministro de economía, presidente de la república por ausencia con aviso de Fernández y candidato de la Unión por la Patria, Malena Galmarini con una inexplicable licitación en AYSA por la compra de vehículos por más de un 50% del valor de mercado.
Casi sin respiro, la ex ministra de economía Batakys, nos desayunó como presidenta del Banco Nación, con aumentos de sueldos inexplicables, incorporación de su exmarido y la contratación de una adivina numeróloga con dineros del estado. Todo muy burdo e inexplicable.
Sin solución de continuidad, en la legislatura bonaerense, se descubre por casualidad una red que, utilizando un puntero ligado al Frente Renovador de Sergio Massa, el famoso “chocolate Rigau”, cobraba en cajeros más de 48 sueldos de empleados de la legislatura con sus tarjetas de débito. Esa red de financiamiento de la política, no denunciada por nadie, a excepción de Patricia Bullrich, según el periodista Carlos Pagni, tendría como destino final el financiamiento de Milei y su campaña.
Sin embargo, cuando ya no esperábamos nada más, sucedió la gota que rebalsó el vaso. Un ex varón del conurbano bonaerense, Martin Isaurralde, ex intendente de Lomas de Zamora y actual jefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires es filmado en un yate en Europa con su nueva pareja después de un divorcio bochornoso, donde su exmujer concilió la liquidación de la sociedad conyugal en nada menos que 20 millones de dólares.
Los 40 millones de dólares del patrimonio conyugal -todos dicen la que la suma en verdad asciende a 100 millones de dólares- fueron fruto del ahorro matrimonial con la conocida Yesica Sirio. Qué ejemplo de austeridad. Un poco más de una década matrimonial le permitió a la feliz pareja llegar a ese patrimonio que ahora tuvieron que repartir.
¿Cuanto ganaba Isaurralde como intendente? Según versiones periodísticas alrededor de 1.5 millones de pesos por mes. Es decir que ahorrando todo su sueldo y viviendo de la exitosa carrera de su esposa, Isaurralde necesitaría 1777 años de esos ingresos para llegar a su patrimonio de 40 millones de dólares.
La noticia bochornosa no solo se tradujo en la renuncia de Isaurralde como ministro y además candidato, sino que puso blando sobre negro la situación de corrupción de cientos intendentes del conurbano bonaerense que acumularían patrimonios similares desnudando lo que llamaríamos la corrupción al palo.
¿Estamos tan anestesiados los argentinos, que la corrupción dejó de importarnos? Acaso, hemos vuelto al consuelo que tantos años lideró la política en nuestro país: “roban, pero hacen”. Será esa la razón por la que las denuncias sobre “el cobro de las candidaturas” que pesaron sobre Milei, no tuvieron ninguna consecuencia en su triunfo en agosto.?
Como puede ser que haga menos de un año, la corrupción fue uno de los temas que mas importaban a los argentinos, luego de que Cristina fuera condenada en el juicio de Vialidad y hoy nos parece un pasado lejos de imaginar para este proceso electoral.
Tal vez tenga razón un amigo que refiriéndose a un funcionario corrupto me decía “es que no era bueno, nunca tuvo la oportunidad de ser malo”. Será que nuestra tolerancia con la corrupción es que todos somos buenos simplemente porque no tuvimos la oportunidad de ser malos.
Esto me recuerda muchísimo a una pequeña historia inventada que utilizaba para explicar nuestra tolerancia con la corrupción. La historia de Juan y de Pedro, dos hermanos pobres del conurbano de alguna gran ciudad argentina, albañiles ambos, sumidos en la pobreza que vemos todos los días. Pero un día, Juan consiguió un puesto de inspector en la Municipalidad de esa ciudad y su vida comenzó a cambiar. La explicación no era su nuevo sueldo de empleado público sino la corrupción en la que había ingresado. En poco tiempo, un auto que nunca había tenido, una nueva casa en un nuevo barrio que nunca había soñado vivir, unido a nueva pareja, nuevos hábitos de consumo, etc. El tan ansiado progreso con el que todo argentino sueña. Uno de tantos domingos varios años después, Pedro, quién seguía viviendo en el mismo barrio y conservaba su digno pero pobre trabajo de albañil es visitado por su hermano Juan, donde se desarrolla un extraordinario almuerzo de reencuentro. Por supuesto, esta vez los preparativos fueron distintos. Comenzó por decirle a su esposa que iban comer en el comedor y no afuera como hacían porque a Juan le gusta “comer bien”. La obligó a gastar sus ahorros en un nuevo vino para la ocasión, porque Juan ya no toma “vino en cajita” y hasta obligó a sus hijos para vestirse para la ocasión al igual que a su esposa, porque además conocería su nueva pareja. Al llegar Juan, todo fue algarabía y celebración. Juan, porque no llevas a mis hijos a pasear en ese lindo auto. Juan que hermosa casa que tenés. Juan, te gustó el vino que te compramos. A cada rato, Pedro con esa simpleza e inocencia, insistía una y otra vez, a sus hijos y a su esposa, con lo bien que le iba a Juan y su nueva vida. Era el ejemplo para seguir mostrando su digna forma de vida como un verdadero fracaso. Era la estrella que sus hijos miraban como meta de sus vidas para salir del humilde barrio en que vivían con calles de tierra. Hasta su esposa, pensó la mala suerte que tuvo al elegir a Pedro y no a Juan como pareja: Pobre, entendió mal, le dijeron elegí y entendió sacrifícate.
Toda esa escena inocente, que diferente sería si internalizáramos por un instante lo espantoso de la corrupción. Sería todo diferente en la historia y en toda la argentina. Ese día, Pedro, a quién el amor por su hermano es inquebrantable, hubiera reaccionado de otra manera. En primer lugar, recibiendo a Juan en su casa y en el mismo barrio donde se criaron sin distinción alguna. Comiendo lo que acostumbran con el vino que acostumbran y en el lugar que acostumbran y vistiendo lo que acostumbraban. Explicándole a sus hijos que viene a su casa su tío Juan, que, si bien ahora es “un chorro”, nosotros lo queremos igual. Al fin y al cabo, es su hermano de sangre. Y tal vez, explicándole a su hermano, delante de toda su familia, que le brindan lo mejor que tienen para agasajarlo sin antes dejar de advertir para ejemplo de sus hijos a Juan: Sabemos que ahora robas en la municipalidad. Por esa razón, vivís en otro barrio, tenés auto y otra casa, pero igual aquí siempre sos bienvenido aun sabiendo ello, porque simplemente te queremos, aunque no seas ejemplo de nada.
Como puede ser que estas conductas no tengan influencias en todos nosotros a la hora de votar.
Acaso ignoramos que Massa también fue un varón del conurbano y está envuelto en episodios de megacorrupción con empresarios emblemáticos que están hoy realizando mega negocios en nuestro país.
Tal vez mi amigo tenía razón, no es que somos buenos, simplemente no tuvimos hasta ahora, la oportunidad de ser malos.
