URANIO, PROTAGONISTA DE UN INTERÉS NACIONAL RENOVADO
El Uranio protagonista en varios proyectos que abarcan provincias argentinas, entre ellas Chubut. El análisis que no puede obviarse, la discusión que nos merecemos.
Por Lic. Jordana Mrla
Como se dice tradicionalmente, empecemos por el comienzo, pero ¿cuál es ese punto? En primer lugar, creo que la denominación mundial que recibe el Uranio es un buen sitio para el inicio del análisis: “recurso estratégico para la transición energética global”.
En Argentina, el artículo 354° del Código de Minería establece que el poder ejecutivo nacional a propuesta conjunta con los Ministerios de Defensa y de Economía y Obras y Servicios Públicos y en coordinación con las autoridades superiores de las Fuerzas Armadas, clasificará periódicamente las sustancias minerales estratégicas. Por ello, a lo largo de la historia, del desarrollo tanto local como de la industria mundial, el listado ha ido variando, se ha ido modificando. Y aquí se presenta otra inquietud terminológica: ¿crítico? ¿estratégico? ¿económicamente estratégico? Entonces es donde se conjugan muchas variables: la dinámica de los mercados internacionales, la existencia local del mineral, su disponibilidad geológica pero también la factibilidad técnica, ambiental y social para efectuar la extracción.
Para el mundo, el Uranio es estratégico, por los motivos expuestos. Quizá no lo encontremos en los listados mas habituales de minerales clasificados de esta manera en Argentina. Pero creo, sin embargo, que coincidiremos en que tiene propiedades únicas para la industria de la producción de energía, en este caso nuclear, ya que una escasa cantidad equivale a grandes toneladas de carbón; además se emplea en la carrera armamentista con lo que en materia de defensa es muy valorado, y por ambos, podemos decir que es estratégico. También es crítico, ya que posee importancia estratégica, y puede representar claramente de la mano del desarrollo de la ciencia y la tecnología, un recurso fundamental para garantizar, por ejemplo, la seguridad energética y su soberanía.
Así llegamos a las páginas actuales de la política nacional y leemos entonces al Uranio como mineral clave. Ya en columnas pasadas he emitido opinión respecto de este y otros giros en la política nacional, en donde también, analizando la política energética nuclear, en resumidas cuentas he arribado a la conclusión sobre su retroceso, las pérdidas de capital humano y económicas, las negociaciones truncas; dejando entonces la inquietud ante el actual panorama del sector nuclear que me lleva una y otra vez a preguntar ¿uranio para qué? ¿cuáles son los fundamentos reales?
El Uranio posee radiactividad natural, emite energía por decaimiento radiactivo, es un elemento muy abundante en la corteza de la tierra por ser un componente primordial de la formación del planeta. Posee tres isótopos conocidos U234, U235 y U238 (que en abundancia representan el 0,18%, 0,72% y 99,1%). En el decaimiento radiactivo del Uranio aparecen el Torio, el Radio con sus isótopos Ra222 y Ra226 (este último con vida media de 1600 años), el Polonio. Su extracción se ve acompañada muchas veces por diferentes concentraciones de Plomo, Cromo, Vanadio, Molibdeno, Cobre, Níquel, Cobalto, Hierro, entre otros.
Para la extracción del Uranio, se realiza un proceso de lixiviado con una mezcla de químicos donde prevalece el ácido sulfúrico. El procedimiento puede realizarse in situ por inyección a la mena de la roca que contiene el mineral, para disolverlo y luego bombearlo a la superficie, o se puede extraer la mena de la roca que contiene el Uranio, triturarla, mezclarla hasta obtener una lechada con agua, y luego esta mezclarla con la solución con ácido sulfúrico para obtener el mineral disuelto en lo que se conoce como “torta amarilla”. Este último caso, con extracción de la roca, es bajo la forma de minería a cielo abierto. La decisión sobre la metodología a emplear depende de factores como la porosidad de la roca hospedante del mineral, ya que si esta es baja no es posible que la solución llegue a donde está la mena y no podrá ser bombeado en disolución a superficie.
Como en todo análisis o discusión, la opinión pública de los profesionales con experiencia en la materia, a la que podemos acceder por sus notas, trabajos o entrevistas en los medios digitales, es muy enriquecedora y ayuda en el análisis o discusión de la temática. Por ello, no quiero dejar de nombrar todo lo que leí en la explicación de la geóloga Nilda Marveggio, profesional de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), quien por supuesto mencionó los estudios realizados en el Yacimiento de Cerro Solo de la provincia del Chubut. Marveggio deja frases tan importantes que merecen su mención, como por ejemplo, la falta de convocatoria de los científicos a la discusión minera, explicando además el dilema legal de Chubut e indicando que si bien la lixiviación in situ es un método menos invasivo, no es aplicable en Cerro Solo debido a las condiciones geológicas de la roca que hospeda al mineral, pero también a la baja impermeabilidad de la que lo subyace, lo que pondría en riesgo a los acuíferos, comentando que inclusive las pruebas fueron realizadas con expertos de Bulgaria y EEUU determinándose que era inviable esa metodología. También indica que el uso de técnicas incorrectas genera mucho más riesgo, sobre todo por contaminación de los acuíferos profundos.
La minería usa agua, consume energía, genera impactos ambientales relevantes que merecen especial análisis y control, requiere de licencia social, por lo que considerarla sin el profundo análisis de estos factores, sumados al control del mineral, la soberanía sobre el recurso natural en esa inagotable apuesta a la soberanía energética, de la mano de la apuesta al desarrollo de la industria y la generación de valor agregado, todo, absolutamente todo, debe estar contemplado en la ecuación.
El cierre en esta ocasión me deja en la reflexión de la frase de Nilda Marveggio para el portal https://mineria.com.ar/ “La minería es una ciencia, no una creencia. No se trata de ‘sí’ o ‘no’ a la minería, sino de aplicar el conocimiento científico para decidir dónde y cómo se puede hacer”