Ola Rada Tilly 2026 consolidó una propuesta integral con más
Una apertura de sesiones sin legisladores. Una calle sin gente y una televisión sin rating. Y del otro lado del charco, la celebración de 40 años de democracia
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
El título sintetiza toda la puesta en escena de Milei en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación el sábado pasado.
Mientras eso ocurría, en Uruguay, el profesor de historia Yamandú Orsi, del izquierdista Frente Amplio, asumió como Presidente de Uruguay hasta 2030 en el día que el país celebró los 40 años de democracia, con una imagen republicana que fue elogiada por gobernantes de todo el mundo que llegaron del exterior.
Los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, José Mujica y su esposa y exvicepresidenta Lucía Topolansky, sentados juntos durante la Ceremonia de Compromiso de Honor Constitucional en el Parlamento uruguayo. Los que faltaron, fallecidos, tenían la excusa de “estar en el cielo viendo la ceremonia”. El primero es un colorado batllista socialdemócrata, el segundo es un blanco nacionalista liberal y el tercero, un frenteamplista tupamaro. En tanto, el Presidente saliente, el blanco liberal Luis Lacalle Pou esperaba en la Plaza Independencia frente a la Casa de Gobierno, para traspasar la banda presidencial y desear suerte a su sucesor y adversario político.
El contraste es desolador y la sana envidia me invade. La presencia del Presidente Milei ante la Asamblea Legislativa este 1° de marzo de 2025 tuvo un rating notoriamente más bajo que el discurso del año anterior. Sudiscurso llegó a tocar picos de 17 puntos de rating sumando a los canales de aire y de cable, contra los picos de 50 puntos de rating del discurso del año anterior.
La calle estaba vacía y el Congreso también. La ausencia de los bloques de legisladores del PJ en el acto de este sábado fue una triste noticia leída en el exterior como una señal ineludible de la falta de consenso político en la Argentina.
Hubo poco más de 130 legisladores, entre diputados y senadores, y seis de los 24 gobernadores. La Corte Suprema, en cambio, estuvo completa. Observando la cantidad de legisladores presentes, si se hubiese tratado de una sesión, se habría caído por falta de quórum. Hubo poco más 110 diputados de los 257 totales y 21 senadores de los 72.
Nada distinto se vivió con su discurso, donde claramente prefirió inaugurar su campaña electoral para los comicios de octubre próximo en lugar de abrir las sesiones ordinarias del Congreso. Aunque muchas de las cosas que dijo son ciertas, casi todos los anuncios ya los había hecho y repetido hasta el hartazgo.
La mayoría de los argentinos aplaudimos la recuperación económica, pero no queremos fascismo barato. Todos aplaudimos la apertura de la economía, traducida en libertad de comerciar, libertad para comprar y terminar con el proteccionismo que nos obliga a comprar productos caros y de mala calidad. Todos aplaudimos los hitos conseguidos, desde las 1700 reformas estructurales realizadas, la baja de la inflación, la desaparición de los piquetes y hasta la privatización de empresas públicas, que son una carga para el Estado. Todos queremos mayor seguridad, bajar la edad de imputabilidad y hasta posiblemente un agravamiento de las penas de determinados delitos. También estamos de acuerdo, con que la inmigración no permanente o transitoria, pague por su salud y educación.
“Hoy el país es radicalmente distinto” inició su discurso. Y de eso no hay duda. Odia al Estado, denuncia a la casta política y su programa económico superó incluso a la convertibilidad transformándose en el más exitoso de la historia. Todo gracias a él y su “coloso” Luis Caputo. La modestia es una virtud que el Presidente no conoce ni conocerá. Sin embargo, pocos analistas hablan de su discurso triunfal. Su importancia quedó sepultada con un episodio lamentable entre el diputado Manes y su “super asesor” Caputo, que le quitaron por completo el protagonismo.
Se jactó de eliminar la obra pública como uno de los curros más grandes de la política, insistiendo en la mentira de que jamás generaron trabajo. Ello implica que la Argentina seguirá olvidándose de su infraestructura más elemental para ser un país vivible. Es la primera vez que un presidente no anuncia obras públicas de infraestructura al inicio de las sesiones. Ignoramos por qué caminos podremos transitar, a qué escuela irán nuestros hijos, en qué hospital podremos atendernos o si podremos tener energía eléctrica y gas el próximo año. ¿Acaso debemos aplaudir todo esto?
Como era de esperar, criticó a la prensa al decir que “no necesitamos sobornar a los medios… no necesitamos periodistas mentirosos”. Como contraste, asistimos a la pérdida absoluta de la prensa independiente, con cada vez más “periodistas ensobrados”.
Cometió una curiosa contradicción, al darle las gracias a la Ministra Bullrich por “devolvernos el orden y la paz y la seguridad a los argentinos”, para luego admitir la crisis delictiva más seria de la historia de la provincia de Buenos Aires, distrito que supera el 40% de la población nacional. ¿Acaso esa gente estará fuera de la Argentina que gobierna?
Alardeó con las modificaciones en la política exterior del país. “Los ojos del mundo se posan sobre la Argentina después de mucho tiempo”, mientras la prensa internacional no deja de informar de nuevas investigaciones sobre el “cripto gate” y las implicancias que lo involucran al Presidente.
Habló del “Pacto de mayo”, como si su vigencia no ofreciera dudas, pese a que se anunció en marzo del 2024, recién se firmó en julio de ese año y se archivó al otro día hasta hoy.
Anunció un año como el comienzo de la reconstrucción de la Argentina, olvidando analizar que es un año electoral y que para ello necesita un Congreso donde se aprueben sus iniciativas.
Nos prometió un ajuste permanente. “La motosierra no es solo un programa de gobierno, es una política de Estado”, olvidando el brutal ajuste que estoicamente soportaron todos los argentinos.
Por último, fue al Congreso a inaugurar sus sesiones ordinarias, acusándolos en la cara de ser “un instrumento para defender la conquista del Estado sobre el individuo” con una advertencia escalofriante: – “Si este Congreso decidiera no acompañar, sepan que esto no detendrá el proceso de cambio. Lo vamos a hacer solos, a nuestra manera, pero tarde o temprano lo vamos a hacer. Nunca pero nunca nos rendiremos, jamás nos vamos a rendir. Aunque les cueste y se resistan, vamos a hacer a la Argentina grande nuevamente»
Con un final de comedia, le marcó la cancha a la Vicepresidente Villarroel: “No terminé”, solo para poder gritar “Viva la libertad, carajo”.
En definitiva, jugó de local, sin público visitante. Se declaró el líder del “mejor gobierno de la historia” ante sus fanáticos seguidores, exaltó la “motosierra” como política de Estado y confrontó como siempre con “la casta”. Un Javier Milei auténtico, solo que ahora en campaña. Nada muy distinto de las aperturas de Cristina Kirchner.
Mientras tanto, como bien destaca con humor político, Santiago Borenztein, continúa en cartel el escándalo del gobierno y las criptomonedas, que, según él, no es otra cosa que el debate entre “son boludos” versus “son corruptos”.
La política debería intentar unir las partes que fracturan a nuestro país, superando y haciendo convivir nuestras distintas visiones: somos Borges, pero también somos Discépolo; somos Messi, pero también somos Maradona; somos el agro, pero también somos la industria. La solución, claramente no está en que hay un sector que debe ser eliminado. Qué lástima que Milei no se dé cuenta.
En fin, ¿qué lindo es Uruguay, no?
