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TRANSICION ENERGÉTICA: OBJETIVOS Y PUNTO DE PARTIDA
¿Desde dónde miramos a la “transición energética”? aquella que está en el discurso global y la agenda de muchos países. Argentina, presente. Nos atraviesa sin distinción: a la ciudad y su proyección hacia el territorio, la provincia y la región, todos de cara a este nuevo proceso.
Por Lic. Jordana Mrla y Nicolás Coluccio, referentes de ambiente de la municipalidad de Comodoro Rivadavia.
Zonalmente, contamos con factores de potencia eólica, dados por la fuerza o magnitud potencial de nuestro viento que nos posicionan en el ranking mundial. Nuestra cuenca posee capacidades técnicas y logísticas heredadas por los años de desarrollo de la industria extractiva del gas y el petróleo. Si nos enfocamos en la franja costera de nuestra provincia, contamos con dos importantes puertos. Chubut, posee además 23 parques eólicos, que la dejan en el segundo lugar a continuación de la provincia de Buenos Aires, que lidera este punto. Entonces, ¿qué necesitamos?
En primer lugar, organizarnos, planificar estratégicamente este cambio. Detenernos a analizar cada línea y trazar nuestra propia “hoja de ruta”. No nuestra en sentido único y propio de lo local, sino extensiva a lo regional y también nacional, contemplando la oportunidad que nos ofrece el mundo para ello. Apropiarnos de una “transición justa”, sin dejar de contemplar que ya hoy, existen importantes desigualdades regionales entre el Sur Global y el Norte Global, con lo cual, la planificación estratégica –repetidamente mencionada- no debe dejar de ser premisa.
No escapar a la comprensión de que el proceso abraza a múltiples sectores, y la percepción del mismo, varía en función de ello, por lo que su concepción actual es heterogénea, así como lo son los intereses y las posturas respectivas. El sector productivo, por ejemplo, atraviesa presiones impuestas por el mercado global, sobre todo por la comunidad europea, que lo obliga a acelerar su inversión y desarrollo en la materia, encontrando obstáculos en esa senda que difiere de otras. Las universidades y comunidad educativa en general, está empezando a generar los espacios de especialización, materias y en algunos casos carreras orientadas a este futuro. Por otra parte, los centros de investigación, desarrollo e innovación, captan el proceso y canalizan su reconversión en tecnologías que puedan competir en alguna parte del evento, con aquellas que ya vienen desarrollándose en el globo. Desde los diferentes estamentos gubernamentales se plantean propuestas de marcos jurídicos. Pero hasta hoy, eso no está amalgamado persiguiendo en forma conjunta un objetivo común y más ambicioso, traducido en oportunidad y desarrollo para el país, en seguridad energética y soberanía.
Nos encontramos ante la falta de recursos humanos suficientes, legislación e infraestructura adecuada, donde no es menor mencionar la capacidad para el transporte eléctrico regional. Enfrentamos un viraje en las decisiones de la política energética nacional, que afectan los incipientes pasos que veníamos apostando en estos primeros años de recorrido. Por eso, preguntarnos lo que deseamos obtener en este desafío, supera a cualquier otra premisa. Ya que, desconocer nuestro objeto, unificado –porque no resultará posible de otra forma- impide planificar y trazar la hoja de ruta tan demandada.
Hoy nos encontramos como país, debatiendo el marco normativo para la industria del hidrógeno. Pero, ¿contemplamos los aspectos ambientales como eje íntegro, transversal y fundamental de la discusión? Porque vale recordar, que si el discurso global no esconde otro objeto, y solo debemos interpretarlo por el atuendo que viste, “el cambio climático” y la “lucha por revertirlo”; los objetivos trazados para ello, se fundan en una cuestión puramente ambiental, con tintes de: “descarbonizar” y “salvar el planeta”.
La Ley 27.742, conocida como Ley de Bases, pone todo el énfasis en la promoción de la inversión privada, pero para maximizar la renta y bajo las emergencias declaradas ¿no ponemos en riesgo nuestros recursos naturales y nuestro desarrollo? Claramente en este punto de inicio, que cambia la perspectiva del camino previo transitado, debemos más que nunca defender la conciencia ambiental, y su análisis en todo el proceso de cambio.
Entonces, en esa insistente repregunta: ¿está en consideración la materia ambiental? Y con ella, el desarrollo armónico de la población, su calidad de vida, nuestro crecimiento, la oportunidad en materia de política energética, entre otros. Estamos en la senda de la “planificación estratégica” o ¿la omitiremos nuevamente?