Todo parece complicarse de cara a las elecciones: Las fragilidades de Milei y la descomposición del sistema político
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
La vida pública y, en especial, el Gobierno, están sometidos a la presión de dos incertidumbres que se potencian entre sí. Una de ellas es la cambiaria, que está inspirada en las incógnitas que plantea el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero a ella se agrega la política. Como se están cerrando alianzas y listas electorales, aparecen interrogantes sobre cómo quedará configurado el oficialismo durante el segundo bienio de la gestión de Javier Milei. El interrogante aparece ahora como estratégico, en mira a las reformas que requieren de capacidad parlamentaria. Nadie quiere que sus iniciativas naufraguen como los pliegos de los Jueces de la Corte Suprema.
Para entender, el éxito del programa económico, tanto en su negociación con el Fondo, como el resto de las reformas pendientes depende de la calidad y volumen de los bloques legislativos que surgirán de las elecciones de octubre.
El mercado está sembrando el camino de especulaciones y la venta de reservas desde que, se instaló una nube de desconfianza sobre el sistema cambiario, no paran de sangrar. Mientras tanto, los importadores aceleran sus compras, los exportadores evitan sus ventas y los argentinos comenzamos a tener una sensación rara.
Tal como lo dijimos varias veces, la realidad supera a la ficción y también al relato. Venimos de dos meses donde todo parece volverse más frágil. Y no solo en el gobierno sino también en la oposición principalmente. Asistimos a peleas públicas entre los radicales, hemos visto el papelón en pleno recinto de los libertarios Marcela Pagano, Lilia Lemoine, Oscar Zago y Claudio Almirón y hoy le agregamos el papelón con los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla.
Todo este sainete se traduce en una dispersión a lo que se agregan varias contradicciones en los primeros cierres de alianzas provinciales. Ocurrió en Salta (al gobernador Gustavo Sáenz le armaron otra lista peronista y los libertarios van divididos), San Luis (Claudio Poggi va en una alianza con Pro y UCR, con los libertarios por afuera, y el peronismo compite en dos listas), Jujuy (hay 11 alianzas y a los libertarios oficiales le escindieron dos frentes) y Chaco (el radical Leandro Zdero se alió con los libertarios y el peronismo se partió en tres). Algo similar está ocurriendo en Santa Fe y ya sabemos que en la Ciudad de Buenos Aires, se enfrentarán la Libertad Avanza con el Pro, donde además la diáspora electoral encontrará a Martin Loustau en un frente distinto de Carrió. Por su parte Rodríguez Larreta irá solo y el único frente que puede llamarse así es el peronismo con Santoro.
Por un lado, Milei enfrenta fragilidades estructurales en su gestión. Su estrategia de gobierno, basada en la confrontación y la apuesta por decretos y vetos, muestra límites cuando necesita consensos legislativos. Además, la recesión, el ajuste fiscal y la inflación siguen siendo desafíos que pueden erosionar su base de apoyo social.
Por otro lado, la oposición está en un proceso de descomposición. Juntos por el Cambio ya no es un bloque sólido: el PRO está dividido entre quienes colaboran con Milei (como Macri y Bullrich) y quienes buscan diferenciarse (como Larreta). La UCR también está fragmentada, con algunos sectores más dialoguistas y otros en resistencia. El peronismo, especialmente el kirchnerismo, aún no define un liderazgo claro tras la derrota electoral.
Todo parece indicar que las divisiones internas atraviesan a todas las agrupaciones políticas en Argentina, lo que genera un escenario de inestabilidad e incertidumbre.
Si bien Milei mantiene un liderazgo fuerte, su propio espacio muestra grietas. La renuncia de varios funcionarios en los primeros meses de gestión, los cortocircuitos entre el ala más “liberal pura” y la más pragmática, y la influencia creciente de Mauricio Macri generan tensiones. Además, hay legisladores libertarios incómodos con la conducción personalista de Milei, lo que podría afectar futuras votaciones clave en el Congreso.
Juntos por el Cambio, definitivamente implosionó y ya no es un bloque homogéneo. En el PRO, Macri y Bullrich se alinean con Milei, pero compiten entre ellos. La UCR, está tan dividida entre una postura más dialoguista y otra que intenta recuperar protagonismo opositor, que ya ni siquiera se muestra como un “Partido nacional”. La Coalición Cívica, alejada del gobierno volvió a un rol testimonial. Por último, el Peronismo, sin liderazgo claro, también está hiper fragmentado. Incluso, algunos creen que Sergio Massa podría volver a la escena política más adelante. Ni siquiera se salva la izquierda (FIT-U), que también está tensionada. El Partido Obrero y el PTS tienen disputas internas sobre estrategias de lucha.
Si quisiéramos sintetizar el momento actual, claramente es un contexto, donde el sistema político argentino parece estar en plena reconfiguración, con alianzas inestables y liderazgos en disputa. Ahora bien, qué podemos ver en el futuro próximo.?
En la Libertad Avanza (LLA), la pregunta es categórica: ¿Consolidación o desgaste acelerado? Milei sigue siendo el líder indiscutido del espacio, pero enfrenta el desafío de institucionalizar su movimiento, en particular superar su capacidad de gobernar sin un partido sólido, resolver el respaldo del PRO y de sectores del establishment y mientras tanto controlar la reacción social ante el ajuste económico.
En Juntos por el Cambio, que parece haber llegado a su fin, todavía queda la esperanza de una pregunta: ¿Reconfiguración o disolución? En tal caso, el PRO podría fracturarse entre los “halcones” alineados con Milei (Macri-Bullrich) y los “moderados” (Larreta y algunos intendentes). La UCR deberá definir si se mantiene como aliado crítico o si intenta reconstruirse como oposición.
Y qué pasará con el Peronismo: ¿Quién lidera la reconstrucción? Los caminos son pocos y difíciles. Cristina vuelve al centro de la escena, apostando a Kicillof como su sucesor. Surge un nuevo liderazgo peronista, quizás desde los gobernadores o figuras como Massa. Se produce la fragmentación total perdiendo capacidad competitiva en 2025 y 2027. ¿Quién puede saberlo?
Queda en el escenario, solo la izquierda, con su interrogante constante: ¿Expansión o estancamiento? Si bien tiene todo para canalizar el descontento social con Milei, sus disputas internas y su falta de vocación de poder hacen de todo intento un fracaso.
Solo queda una última posibilidad: La aparición de un nuevo espacio por fuera de todas estas estructuras. En definitiva, si lo pudo hacer Milei, por qué no lo puede hacer otro, capitalizando el descontento con Milei y con la oposición tradicional. Ese espacio puede nutrirse con parte del peronismo, del radicalismo o incluso de figuras externas a la política.
En conclusión, el sistema político argentino está en plena reconfiguración. El futuro dependerá de si Milei logra sostener su modelo y de si la oposición encuentra liderazgos fuertes. El 2025, con elecciones legislativas clave, será un punto de inflexión.
Es la plena demostración de que el sistema no se recompuso con el triunfo de Milei. Sólo encontró una salida de emergencia en su figura y en su capacidad para ocupar los vacíos. Se pasó de un prolongado bi/coalicionismo a una hegemonía unipersonal tan potente como frágil a la vez.
En la Argentina la polarización organizaba el sistema, pero el fenómeno Milei expresó un grado de descontento con los dos polos. ¿Ahora bien, avanzamos hacia una nueva polarización o hacia un rechazo a toda la dirigencia? Y este es el gran dilema del país hoy. Milei es el sistema. Nada indica la aparición deun embrión de post/mileísmo. De este modo, cuando a Milei le va bien, el sistema se sostiene y cuando le va mal, el sistema cruje. En fin, todo muy precario para sostener nuestra democracia en el futuro, pero de ese tema nos ocuparemos en otro editorial.
Mientras tanto la encuesta nacional de la Universidad de San Andrés (Udesa) ratifica la caída en la imagen del presidente Javier Milei, y el Gobierno en general, tras la crisis que se generó por el criptogate. Pero en paralelo, confirma otro fenómeno particular: pese a este bajón estadístico, el oficialismo se mantiene competitivo para las elecciones legislativas.
Entre las caídas se destacan:
1) El nivel de satisfacción con la marcha general de las cosas en el mes de marzo desciende al 36%. Un 61% está insatisfecho.
2) El grado de satisfacción con el funcionamiento del Poder Ejecutivo desciende al 31%. El 16% está satisfecho con el desempeño del Poder Judicial, el 14% con el Senado y el 13% con la Cámara de Diputados.
3) Al comenzar el segundo año de gobierno, la aprobación de este disminuyó al 45%, mientras que la desaprobación es del 52%.
4) Entre los principales problemas que afectan hoy al país los entrevistados identifican la delincuencia (40%) en primer lugar, la pobreza (32%) en segundo, y los bajos salarios (29%) en tercero.
5) La percepción de la situación global comparada con un año atrás (retrospectiva), indican que para el 42% la situación empeoró y para el 35% la situación mejoró.
6) Prospectivamente (como cree que la situación estará dentro de un año), el 39% cree que el país estará mejor y el 33% considera que la situación empeorará.
En fin, por ahora, mi impresión no cambia. Todo es muy precario en la Argentina.
