Seguridad vial: “Para mantener el control del vehículo, lo primero es disminuir la velocidad”
Especial para InfoSur
Sabrina Guerrero, referente de la Escuela de Conducción Defensiva del IAPG, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, volvió a poner el foco en la velocidad como uno de los factores determinantes de la seguridad vial y advirtió que, frente al deterioro de las rutas, congestionamientos, accidentes u obstáculos inesperados, la principal herramienta disponible para el conductor es reducir la marcha y aumentar las distancias.
La columna semanal partió esta vez de situaciones ocurridas en Comodoro Rivadavia y sus alrededores que permitieron abordar un mismo problema desde diferentes escenarios.
Una colisión que alteró completamente el tránsito urbano, un sobrepaso riesgoso en el camino hacia Pampa del Castillo y las dificultades que presenta la Ruta Nacional 3 volvieron a mostrar que una velocidad inadecuada reduce el margen disponible para reaccionar cuando algo inesperado sucede.
Un accidente y el riesgo de generar otro
Uno de los episodios analizados ocurrió en la zona de Hipólito Yrigoyen y Estados Unidos, donde un siniestro vial provocó importantes complicaciones en la circulación.
La presencia de bomberos, policía y ambulancias obligó a reorganizar el tránsito mientras los vehículos comenzaban a concentrarse en un solo carril.
Guerrero observó que estas situaciones vuelven a mostrar una dificultad recurrente entre los conductores.
“No estamos preparados”, sostuvo al referirse a la manera en que reaccionamos cuando un hecho obliga a modificar repentinamente la circulación habitual.
Al congestionamiento se suman entonces conductores que intentan adelantarse, cambiar de carril o evitar las filas para recuperar el tiempo perdido.
Y allí aparece un segundo riesgo.
“A lo que pasó se le puede sumar algo más”, advirtió Guerrero.
La distracción que provoca observar el accidente y el apuro por abandonar rápidamente la zona pueden terminar generando un nuevo siniestro alrededor del primero.
Un sobrepaso que pudo terminar en tragedia
La columna incorporó además una experiencia ocurrida durante el ascenso hacia Pampa del Castillo.
Dos camiones de grandes dimensiones circulaban en caravana junto con vehículos particulares por un tramo sinuoso, aunque con buenas condiciones de visibilidad.
En ese momento apareció un automóvil que comenzó a sobrepasar a los vehículos pese a las características del camino.
Quien circulaba en sentido contrario logró observar la maniobra, frenar y desplazarse hacia un costado.
La situación pudo haber tenido consecuencias mucho más graves.
El episodio permitió poner sobre la mesa una conducta habitual: confundir experiencia al volante o capacidad del vehículo con la posibilidad de desafiar límites físicos que ningún conductor puede modificar.
“No se trata de tener muñeca, ni experiencia, ni tener el mejor vehículo, ni tener el más tecnológico”, explicó Guerrero.
Un automóvil necesita distancia para detenerse y una velocidad compatible con el camino para conservar su estabilidad.
“Si yo no cumplo con alguna de estas cosas, el vehículo se me va a ir de las manos”, resumió.
Una ruta deteriorada obliga a cambiar la forma de conducir
El estado de diferentes sectores de la Ruta 3 fue otro de los puntos abordados.
Deformaciones, huellones, pozos, falta de señalización y otras irregularidades obligan, según explicó Guerrero, a modificar la velocidad incluso cuando se circula por una ruta abierta.
El límite permitido no debe interpretarse como una obligación de circular a esa velocidad.
Si las condiciones de la calzada no son adecuadas, la velocidad debe disminuir hasta permitir mantener el control del vehículo.
Guerrero planteó que existen circunstancias en las que puede ser necesario circular a 70 o 60 kilómetros por hora e incluso continuar reduciendo la marcha.
A los desniveles propios del pavimento pueden sumarse otros elementos inesperados.
Un neumático puede sufrir daños al ingresar en un pozo o algún elemento desprendido de otro vehículo puede quedar sobre la calzada.
La diferencia, explicó, está en la capacidad de respuesta.
Una desestabilización repentina a baja velocidad ofrece mayores posibilidades de control que la misma situación a alta velocidad.
“Las máquinas son máquinas”
Uno de los conceptos más interesantes de la columna fue precisamente separar la seguridad vial de la supuesta habilidad individual.
“La máquina es máquina y tiene formas de comportarse que van a ser siempre las mismas, sea el conductor que sea”, señaló Guerrero.
La experiencia puede permitir reconocer antes determinados peligros, pero no modifica la distancia que necesita un vehículo para frenar ni las consecuencias físicas de perder estabilidad a determinada velocidad.
Por eso, ante una curva, un camino deteriorado, tránsito congestionado o visibilidad reducida, disminuir la velocidad no representa falta de habilidad.
Es exactamente lo contrario: una decisión preventiva.
Cuando una intervención sencilla consigue cambiar conductas
La columna también recuperó un ejemplo positivo.
Guerrero recordó que recientemente se había discutido la necesidad de poner nuevamente en funcionamiento una señalización luminosa destinada a reducir la velocidad en un sector donde se registraban pérdidas de control.
Tras un nuevo incidente, el dispositivo volvió a funcionar y, según observó posteriormente, produjo rápidamente un cambio.
“Hoy a la mañana ya encontré a todo el mundo circulando a menos de 40 en esa curva”, relató.
Además, destacó la coordinación de esa señalización con el semáforo ubicado posteriormente.
El ejemplo permitió mostrar que no todas las mejoras en seguridad vial necesariamente requieren grandes obras.
“A veces uno cree que las soluciones a los problemas de tránsito sólo se solucionan con millones y millones”, planteó Guerrero.
En determinadas situaciones, revisar los recursos existentes, mejorar una señalización o sincronizar correctamente un semáforo puede contribuir a modificar conductas y reducir riesgos.
La “onda verde” también necesita límites
En ese contexto apareció otro concepto: la sincronización de semáforos para favorecer la circulación.
Guerrero explicó que la denominada “onda verde” tampoco debería transformarse en un incentivo para aumentar permanentemente la velocidad.
Según señaló durante la columna, los especialistas recomiendan limitar su extensión y generar interrupciones periódicas que obliguen a recomponer el flujo.
La discusión vuelve al mismo punto: dar mayor fluidez al tránsito no significa necesariamente permitir que los vehículos circulen cada vez más rápido.
Bajar la velocidad antes de necesitar hacerlo
El mensaje final de la columna fue sencillo: la velocidad debe adecuarse al lugar y, especialmente, a las condiciones reales de circulación.
Dentro de la ciudad, Guerrero recordó que existen límites máximos y que determinados sectores pueden exigir velocidades considerablemente menores.
Pero más allá del número indicado por una señal, el principio de conducción defensiva es anticiparse.
Un accidente adelante, una fila inesperada, un pozo, una deformación de la ruta, un vehículo que realiza una maniobra imprudente o un objeto sobre la calzada pueden aparecer en pocos segundos.
La velocidad determina cuánto tiempo y cuánto espacio quedarán para reaccionar.
Por eso, frente a condiciones desfavorables, la recomendación de Guerrero vuelve a una herramienta elemental que depende directamente de quien conduce: levantar el pie del acelerador, aumentar la distancia y conservar margen suficiente para mantener el control del vehículo.
“Con eso ya nos ayudamos bastante”, resumió antes de cerrar la columna con su mensaje habitual: “Buen camino para todos”.