Rueter y Casal anticipan una UNPSJB orientada a la demanda real: carreras cortas y formación para la transición productiva
Especial para InfoSur
En diálogo con el programa radial En Línea, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos Radio, la flamante decana de la Facultad de Ciencias Naturales y Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Bárbara Rueter, y el nuevo vicedecano, Gabriel Casal, analizaron el presente crítico de la universidad pública, los desafíos que atraviesa la institución en el actual contexto político y económico, y las transformaciones que ya comenzaron a impulsar para responder a las demandas que hoy plantea la región.
Rueter, egresada y docente de la casa, describió el momento con una mezcla de orgullo institucional y preocupación. Aseguró que asumir la conducción de la facultad “no es sencillo en este tiempo”, pero que lo hacen convencidos de su compromiso con una institución que —según remarcó— “nos vio nacer, nos formó, y hoy necesita ser cuidada más que nunca”. Casal, con una historia muy similar de arraigo universitario, coincidió y destacó que la universidad pública sigue siendo “la herramienta más probada de ascenso social en la Argentina”, especialmente en una región donde miles de jóvenes no tienen la posibilidad económica de migrar para estudiar.
Ambos pusieron fuerte énfasis en el rol social de la universidad y en su potencia territorial. Señalaron que la institución se ha convertido en los últimos años en una interlocutora permanente de los Estados municipal, provincial y nacional, además de un actor clave en el asesoramiento científico, técnico y profesional. Rueter recordó que esta vocación extensionista “no es una moda reciente”, sino un rasgo histórico de las universidades nacionales desde la Reforma del ’18: llevar el conocimiento a la comunidad, intervenir en problemáticas reales y producir investigación situada con impacto directo.
Pero el corazón de la conversación estuvo marcado por la situación crítica que atraviesan las universidades públicas frente al recorte presupuestario. Rueter lo resumió sin rodeos: “Es uno de los impactos financieros más grandes desde la vuelta de la democracia”. Explicó que el sistema viene funcionando con tres años de presupuesto reconducido, lo que significa administrar con los mismos fondos aprobados para 2023, pese a la inflación acumulada y al deterioro general de los recursos. “¿Qué casa puede vivir hoy con lo que cobraba en 2023?”, cuestionó.
El ajuste, explicó, golpea primero en lo salarial: docentes y no docentes tienen un poder adquisitivo 35% inferior al de noviembre del año pasado. “Hoy, cada cuatro meses que trabajamos, uno lo trabajamos gratis”, graficó. Y esa pérdida se traslada a la calidad académica, ya que gran parte de la formación, publicaciones y actividades de investigación se financian de manera personal. Esto, advirtió, tendrá consecuencias profundas a mediano y largo plazo.
Aun así, destacó el fuerte respaldo político que tuvo la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada dos veces —primero sancionada y luego ratificada tras el veto presidencial— con un amplio apoyo multipartidario. “Pero el Gobierno nacional no la está cumpliendo”, aclaró. Y alertó que el Presupuesto 2026 proyecta un ajuste del 40% sobre los recursos que los rectores consideran indispensables para garantizar el funcionamiento del sistema. “Aprobarlo así sería legalizar el ajuste”, afirmó.
La falta de presupuesto oficializado también genera incertidumbre para planificar: “No sabemos con cuánto vamos a contar el mes que viene. Y cuando los fondos llegan de forma discrecional —te mando, no te mando, sos amigo o no sos amigo— se rompe el espíritu mismo de la ley”.
Sin embargo, tanto Rueter como Casal destacaron que la universidad sigue en pie gracias al compromiso de docentes, no docentes y estudiantes, quienes sostienen las actividades de docencia, investigación y extensión “a pesar de todo”. Las aulas llenas y la intensa vida académica, aseguraron, son prueba de la importancia social que conserva la educación superior pública.
La entrevista también abordó la situación de la cuenca del Golfo San Jorge tras la salida de YPF y la pérdida de miles de empleos. Consultados sobre si la universidad prepara respuestas específicas, Casal fue contundente: “Uno de nuestros principales objetivos es generar nuevas carreras —en lo posible cortas, de rápida salida laboral— que respondan a esta coyuntura productiva”. Recordó que vienen trabajando en propuestas vinculadas a nuevas tecnologías, energías, oficios calificados y especialidades que acompañen la transición industrial de la región.
Rueter agregó que en las cuatro sedes —Comodoro, Trelew, Madryn y Esquel— trabajan con diagnósticos propios para que cada oferta académica responda a las necesidades de su territorio. En ese marco, celebró la reciente aprobación de la Tecnicatura Universitaria en Acompañamiento Terapéutico, diseñada específicamente para atender una demanda urgente del sistema de salud local. Será además la primera carrera creada en conjunto entre dos facultades: Ciencias Naturales y Ciencias de la Salud con Humanidades, un modelo que la gestión quiere profundizar.
Los nuevos decanos también apuntan a fortalecer el posgrado, con ofertas que permitan actualizar a los profesionales ya egresados según las nuevas tecnologías y desafíos de cada disciplina. Y subrayaron la importancia de formar en el territorio no solo por razones económicas, sino por una cuestión de soberanía: “El profesional que se forma acá entiende el contexto, la realidad, las patologías, el territorio. Ese arraigo es un valor que no podemos perder”.
Un momento destacado de la charla fue cuando Casal confirmó que ya está en marcha un proyecto sismológico internacional, desarrollado en conjunto con una universidad china y otra de Países Bajos. El objetivo es estudiar en profundidad la sismicidad de la Patagonia —mucho más activa de lo que se suele creer— y avanzar en modelos predictivos y análisis de riesgos. “Es un logro enorme para nuestra universidad”, celebró.
La entrevista cerró con el diagnóstico compartido de que el rol de la universidad pública es decisivo para sostener el futuro de la región. Rueter lo sintetizó con una frase que atravesó toda la conversación: “Tenemos una demanda social enorme, estudiantes que quieren formarse, investigadores de primer nivel y docentes preparados. Lo único que falta es el presupuesto para que todo eso se pueda desplegar”.