LA MUNICIPALIDAD DE SARMIENTO DESARROLLA TALLERES DE CAPACITACIÓN LABORAL EN
Revolución conservadora o nuevo populismo. O ambos
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
La asunción presidencial del domingo tuvo ribetes muy interesantes desde lo visual y desde lo conceptual. Desde lo visual fue una asunción teñida de institucionalidad y verdadera participación ciudadana al mejor estilo de los clásicos desfiles de las fechas patrias. Banderas argentinas, familias en la calle y un verdadero clima de patriotismo y tranquilidad. Estuvo ausente la política partidaria. No existió ni convocatoria de todos ellos y menos aún el clásico arreo de la militancia con ausencia total de los clásicos micros estacionados en los alrededores. Una verdadera fiesta. Desde lo conceptual, un discurso durísimo e hiper reformista, con claro acento economicista y una referencia tangencial sobre la educación y la seguridad. Tal vez muchos puedan haber visto la proclama de una novedosa revolución conservadora, que se expresó en gestos, en frases y citas elegidas por el nuevo presidente de los principales exponentes de aquel histórico espacio político argentino. Lo confirma la total ausencia de mención de aquellos referentes de las dos fuerzas políticas que gobernaron la Argentina en los últimos 90 años. Todo ello era previsible y a nadie debe asustar. Nació la era Milei.
Sin embargo, lo más interesante de la asunción fue otra cosa. Un nuevo enfoque populista nació en la Argentina. Milei siguiendo como varias veces al repetido a Maquiavelo, arengó a los argentinos y el público reunido allí en contra de la Casta, aún sin nombrarla, identificando claramente el enemigo a vencer en adelante. Es más, hasta reformuló el concepto abriendo los brazos a quienes acompañen el ideario libertario en un novedoso borrón y cuenta nueva. De hoy en adelante, solo será casta aquello que se oponga a sus decisiones. La batalla del ajuste desde hoy se dirige contra aquella casta que no adopte las ideas libertarias.
Escuchar esas palabras me permite este nuevo concepto: “Laclau llegó nuevamente a la Argentina ahora de la mano de Milei”. Es una nueva versión del slogan de campaña de su actual Ministra de Seguridad “sino es todo, es nada”. Evidentemente Laclau seguirá inspirando a los próximos presidentes en la Argentina.
Estos rasgos de las primeras horas de la nueva era Milei ya nos conducen a pensar en un nuevo “populismo”, entendido como la capacidad de un liderazgo para crear identidades colectivas y a partir de ahí, de una nueva mayoría monolítica y un “nosotros” que permitan una nueva adhesión incondicional con un liderazgo personalista. Ello quedó patente frente a la novedad del público aplaudiendo frente al grito de “no hay plata” y “no hay solución alternativa al ajuste”.
El próximo paso, que todavía es incógnita es si comenzará a aparecer un “nuevo pueblo”, que colonizará la sociedad civil en un nuevo concepto absolutamente diferente al “nosotros” vigente bajo el kirschnerismo. Sería el nuevo pueblo del cambio, frente a un modelo político. Es el nuevo levantamiento de la sociedad frente al Estado. Es la nueva edición de un cacerolazo, pero surgido de las urnas.
La Argentina es un país sobre diagnosticado. Está claro que la sociedad quiere cambiar, pero para ello también debemos superar la tolerancia y el acostumbramiento por la declinación permanente. Milei fue aquél que supo interpretar el cambio real que estaba ocurriendo en la sociedad. También sabe que la crisis monumental todavía no explotó y seguramente explotará durante su gobierno. También sabe de su espalda institucional escuálida. Por eso eligió dar la espalda al Congreso durante su discurso e inaugurar un nuevo populismo. El tiempo dirá si ello es una estrategia temporaria para vencer su debilidad o una intención permanente que construya una nueva dinastía política. No es hora de abrir juicios de valor, pero si advertir lo sucedido.
El domingo comenzó una nueva luna de miel sin escudo parlamentario. Sabemos que la inestabilidad de los próximos meses está asegurada. Por ahora el gobierno intentará instalar la idea que el ajuste no es su culpa con la siguiente duda socrática: ¿el ajuste es del que viene o del que se fue? Esa será la discusión entre los argentinos y también será la discusión de la política en los próximos meses.
La semana se inauguró con las primeras medidas que el mismo Ricardo López Murphy calificó como “estremecedoras”. El tipo de cambio oficial subió un 118% ubicando al dólar en 800 pesos. La devaluación del peso trepó de golpe un 54% aunque nadie sabe cuánto de la devaluación del dólar se correrá a precios. El cepo al dólar se mantiene. El fuerte ajuste fiscal tiene características ortodoxas y heterodoxas. En el primer grupo el ajuste es formidable: eliminación de contratos de personal, paralización de obra pública, reducción de la estructura del Estado, suspensión de la pauta publicitaria y quita de subsidios al transporte y la energía. El ajuste se extendió a las provincias atando de manos a los gobernadores para la distribución de dinero público. Sin embargo, aparecieron las sorpresas también de un ajuste heterodoxo. Aumentaron los impuestos. Si bien se liberaron las importaciones se aumentó el impuesto PAIS. Si bien se mejoró el tipo de cambio para la exportación se aumentaron las retenciones a todas las exportaciones en un 15%. Por último, se eliminaron las bajas del impuesto a las ganancias y aquellos que se beneficiaron con la quita del IVA. Estas son las primeras medidas que se complementarán con otras que serán enviadas al Congreso de la Nación.
Una cosa es lo que los argentinos queremos que pase y otra diferente es lo que va a pasar. Veremos en cuanto coinciden ambas visiones. Los autores de la actual revolución fueron los propios argentinos a través de su voto sin embargo debemos corroborar esa decisión cuando el ajuste llegue al bolsillo. Una cosa es hablar de la muerte y otra muy diferente es morir, destacó Morales Solá en un editorial.
No olvidemos que hay 4 millones de empleados públicos que además de despidos verán paralizados la normal actualización de sus salarios bajo la máxima de “no hay plata”. A ello se agregan 10 millones de jubilados que como primera noticia reciben la eliminación de la fórmula de ajuste de sus haberes y no saben qué pasará y 5 millones de planes sociales que serían los únicos beneficiados con un aumento que sabemos quedará licuado con la inflación. Igual impacto sufrirán el empleo público de provincias y municipios al igual que jubilados provinciales. Y queda por último ver el impacto de las medidas sobre el empleo privado fundamentalmente derivado de la paralización de la obra pública, suspensión de la pauta publicitaria y el impacto de la devaluación y quita de subsidios sobre sus bolsillos. En definitiva, tal como sabíamos el ajuste si bien por primera vez toca a la política lo paga en definitiva toda la sociedad y en particular lo sentirá aún más toda la clase media argentina.
Por fin se despejó la primera duda. El ajuste lo vuelve a soportar la sociedad y además con aumento de impuestos. Una consecuencia inevitable de una promesa electoral que jamás sería cumplida.
También se despejó otra duda. No existía ningún plan y todo se está haciendo sobre la marcha con improvisación y con pésima comunicación. Cuidado, los contenidos sin explicación solo generan incertidumbre.
Hasta ahora, las primeras repercusiones de las medidas transformaron la motosierra en una enorme licuadora, acudiendo a la sencillez con que Melconian expresa sus ideas. Milei utilizó la velocidad de licuarlo todo con la devaluación, pero todo puede equilibrarse con la reacción salarial y social que no tardará en hacerse sentir. Si ello ocurre así, todo sacrificio será en vano agregándose una hiperinflación insoportable.
Hasta ahora, a los malos no les pasó nada y ninguna medida los afectó como toda la sociedad esperaba. Tampoco a los nuevos se les notó ningún signo de que serán diferentes. Cuidado que lo simbólico es lo único que permite alimentar la tolerancia social.
Esta desprolijidad le permitió a la CGT realizar su primera aparición con una verdad indiscutible. El ajuste lo paga el pueblo. Estamos viendo que el ajuste no se va a hacer sobre la casta sino sobre los trabajadores y jubilados. No estamos frente a un plan económico sino ante medidas desordenadas de ajuste que mostraron una falta de profesionalismo en la puesta en escena. Con esta advertencia la central obrera rechazó el ajuste, pero con la prudencia de esperar el avance de las medidas y una apreciación sobre las medidas que fue compartida por analistas políticos y voces de la oposición.
Esto recién comienza y ahora la incógnita estará en si lo que pasa a partir de hoy en adelante, es lo que los argentinos querían que pase cuando eligieron libremente un cambio.
