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 Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres
Columnistas Sergio Mammarelli

Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres

17 noviembre, 2023


Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

La seriedad de un espacio de expresión no pasa por decir lo que todos quieren escuchar, sino movilizarnos a pensar, a partir de una subjetiva opinión que en modo alguno pretende transformarse en verdad.

La palabra, el lenguaje solo adquiere sentido y finalidad si comunica autenticidad; si solo expresara lo correcto o lo que se quiere escuchar, es sofisma -o mentira que es lo mismo-. En este espacio, entre corrección y autenticidad, elijo esta última para expresar la subjetividad de mis opiniones.

El próximo domingo llegará por fin el final de este infierno. Los argentinos desde agosto estamos sometidos a un larguísimo proceso electoral para elegir por fin un presidente por cuatro años. Parece poco, pero en Argentina cuatro años son una eternidad.

En mi caso estoy harto de campañas políticas, mentiras de los candidatos, redes sociales plagadas de spots, publicidades radiales y televisivas, encuestas pagas, periodistas ensobrados o militantes y alianzas políticas fracasadas y debates presidenciales. También estoy cansado de sentir bronca, impotencia, resignación o miedo sobre el futuro de la Argentina. Estoy seguro de que algo parecido les sucede a mucho de ustedes. No importa su condición social, económica, cultural o al colectivo social al que pertenezcan, sean jóvenes, trabajadores, profesionales, empresarios, emprendedores, jubilados, desocupados, etc.

Desde agosto lejos de ver un proceso virtuoso que nos saque de este abismo hemos asistido a todo lo contrario. Y aun así los argentinos hemos votado bien. La culpa en todo caso hay que buscarla en la dirigencia política. La mayoría elegimos hacia donde no queremos ir. Sin embargo, por fin llega el próximo domingo y volveremos a “optar” que en modo alguno significa “elegir”. Optar es elegir entre lo que está. Ahora lo que está es Milei o Massa. En mi caso descarto el voto en blanco o de quedarme en mi casa por igual. Un voto en blanco es un acto solitario de disconformidad, que, aunque legítimo, no conduce a ningún partido de los “votantes en blanco” ni tampoco a una representación política que lo exprese. De una vez por todas los argentinos debemos al menos reafirmar lo que no queremos más por más que lo otro sea incertidumbre. En esta instancia tan crítica ejercer el abstencionismo aséptico es de una maliciosa ingenuidad rayana con el suicidio. No olvidemos que el lunes tras las elecciones seguiremos aquí y deberemos hacernos cargo de nuestra actitud frente al futuro.

Comenzaría por analizar aquellos peronistas que en su inmensa mayoría pertenecen al 36% que obtuvo Massa en la primera vuelta electoral expresándose en favor de un incipiente “massismo” que para mí expresa como alguien dijo un “massoquismo injusticialista”.

El domingo tengo varias razones para no optar por Massa o por la continuidad.

Mi primera reflexión hacia aquellos que componen ese 36% es la traición a sus creencias. Si primero está la Patria y por último los hombres, porqué invertir la regla y además eligiendo al peor de los hombres posibles. El que nos llevó a donde estamos, con una inflación apuntando al 180 % anual, reservas negativas en el Banco Central superiores a los 7 mil millones de dólares, un déficit fiscal primario de más del 5% del PBI, una emisión monetaria superior al 10% del PBI, un atraso cambiario formidable, un atraso tarifario superior al 70%, una caída del PBI del 3% y una pobreza superior al 45%. El mismo que nos dejó sin combustibles por falta de dólares con un país inseguro, con una educación miserable, que jamás tuvo compromiso y palabra con nadie y que además está sospechado de los peores nexos con la corrupción que llegan hasta el narcotráfico, en fin, el que traicionó a los suyos y a todos los otros.

Votar a Massa es votar a Ali Babá, que, aunque te parezca un Santo viene con los 40 ladrones. ¿Qué sería de ese Santo rodeado de tremendos delincuentes con Cristina, a la cabeza? Los 40 ladrones son sinónimo de lo peor del kirchnerismo, de la corrupción K pero también de todos los demás políticos corruptos, empresarios prebendarios, financistas sin escrúpulos que sabemos que existen a lo largo de todo el país y que es hora de decirles basta. Ni siquiera tiene sentido que te los mencione porque son tantos que excederían el propósito de esta editorial, pero que todos conocemos cuando repetimos esa famosa frase que deberíamos borrar de nuestra memoria colectiva: “roban, pero hacen”.

No tengo dudas que mientras exista un pobre el Peronismo tendrá razón de existir, pero no con estos delincuentes. El Peronismo nació para otra cosa. Sin embargo, gracias a todos ellos hace tiempo que, lejos de terminar con la pobreza, el Peronismo la amplió a niveles nunca vistos hasta ahora, conformándose con administrarla, pero además administrándola de la peor forma. El resultado está a la vista por más justificativos que busquemos.

La única verdad es la realidad y es hora de liberarnos. Perder una elección no es nada frente a la posibilidad de recuperar nuestra razón de ser. Es liberación o dependencia de esta decadencia que debe terminar de una vez por todas y para siempre. Ya habrá tiempo para repensar el futuro del espacio, como seguramente sucede también en el seno de Juntos por el Cambio. Las derrotas sirven para depurar y fortalecer y es lo que está faltándole a la política clásica que nos viene gobernando hace 20 años.

El domingo no elegimos, sino que optamos para impedir que gane el otro. La respuesta acerca de quién es el otro no es fácil. Para los que quieren hacernos ver una opción entre República o autoritarismo solo nos quieren arrastrar a una falsa opción. Ambos son configuraciones de un mismo pensamiento autoritario. Uno viene con corrupción incluida en cambio el otro no lo sabemos aún. Uno es más de lo mismo y el otro viene a liquidar lo viejo. Sin embargo, el autoritarismo permanecerá.

En lo personal, jamás Milei será una elección, pero si es una opción. Es una opción para que no gane otro peor. Son los dilemas del ballotage donde todos afirman que uno opta por el candidato menos malo. Sin embargo, es la primera vez que sucede que ambos lo son. Ahora la incógnita sería si un mal puede evitar un mal mayor, pero ojo que no optar significa evitar la oportunidad de rechazarlo. 

Nunca hasta ahora había optado por votar por alguien que no me gusta, pero mi disgusto hacia el otro es más potente. Prefiero correr el riesgo de votar a Milei y no quedarme con la certeza que significa Massa. Milei es un peligro hipotético frente a Massa que es la certidumbre de un mal absoluto representando la peor tradición de corrupción de nuestro país. Estoy convencido que muchos argentinos me entenderán porque arrastran la misma incertidumbre. Solo un 36% eligió la continuidad recargada frente a una enorme mayoría que eligió un cambio incierto.

Votar en blanco o no ir a votar para simplemente poder decir “yo no los voté” es una soberana tontería. Lo utópico mejor es enemigo de lo posible y el domingo hay muchísimo en juego.

El próximo gobierno tendrá una enorme fragilidad parlamentaria para cualquiera de los candidatos. Massa necesita 21 legisladores de la oposición en Diputados para alcanzar la mayoría. Milei necesita aún más y el apoyo de Juntos por el Cambio será caso por caso. Es bueno saber que no existirán mayorías automáticas y nada podrá aprobarse a libro cerrado.

No tengo duda que los argentinos votaremos bien y no nos equivocaremos el próximo domingo. Aunque resulte paradójico, Milei como peligro hipotético representa al mismo tiempo una esperanza diferente. La única diferencia es que tal vez esa esperanza en realidad es una cuestión de supervivencia.

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