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 Por fin nos acercamos al escenario que elegimos los argentinos para vivir
Columnistas Sergio Mammarelli

Por fin nos acercamos al escenario que elegimos los argentinos para vivir

11 febrero, 2024

Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

Por fin nos acercamos al escenario que elegimos los argentinos para vivir.

Los acontecimientos de esta semana desnudaron la situación argentina como pocas veces se había visto. Un círculo rojo que por primera vez tiene miedo y preocupación y un ciudadano común que por primera vez ve y siente algo esperanzador al final del túnel. Ambas sensaciones contradictorias e inexplicables a la vez tienen un origen común: el carácter del presidente Milei y nada más que eso.

Los argentinos decidimos en las últimas elecciones un combo perfecto para que asistamos a lo que nos está sucediendo. Por un lado elegimos gobernadores e intendentes reformistas pero moderados o casi aburridos, luego elegimos un presidente fundamentalista, libertario y loco y decidimos acompañarlo con un Congreso donde la amplia mayoría de legisladores son opositores a Milei. El resultado, la realidad.

La confirmación de mi sospecha fue lo ocurrido esta semana, donde lo importante no fue el fracaso o desprolijo desenlace de la denominada ley ómnibus sino la reacción del Presidente que a sabiendas de lo que podría suceder, se fue de gira y reaccionó en forma personal a 12 mil km sepultando el proyecto y acusando a la política como la única responsable de lo que les pase a los argentinos de acá en adelante. La novedad no fue la noticia sino la reacción.

Como nunca, apareció en el inconsciente colectivo la siguiente dicotomía: loco o genio. Y automáticamente a la pregunta, la siguiente respuesta dada por su protagonista: la diferencia solo se mide con el éxito o resultado.

Hay algo que está claro. El círculo rojo además de miedo y preocupación carece de aptitud para poder analizar el carácter del Presidente. Ese círculo rojo está directamente emparentado con toda la Argentina corporativa que se nutre desde empresarios prebendarios hasta burocracia sindical, desde medios de comunicación tradicionales hasta intelectuales que son operadores del poder o en materia política desde el clásico peronismo hasta un radicalismo que hace rato les ha sido funcional o élites utra-extremistas como la izquierda o la coalición cívica. Esa imposibilidad se vio estos días en todos los editoriales políticos y las declaraciones de sus actores que pasaron desde las lágrimas hasta los festejos de barricada.

No obteniendo los votos para la ley Milei decidió romper las reglas de juego del diálogo legislativo retirando la Ley ómnibus en su totalidad responsabilizando a la política en su conjunto del fracaso y anunciando su próximo paso. Nada lo hará retroceder en lo que los argentinos votaron el año pasado. Una verdadera declaración de guerra de un loco o un genio.

Para que todos entiendan, el Gobierno resignó la fórmula para arribar al déficit 0 y con ello la posibilidad de un aumento en la recaudación del Estado nacional, para solo quedarse con una sola herramienta: gastar menos. Resignó que la primera arquitectura de su gobierno fuera acompañada por la política para emprender una cruzada contra toda la casta en forma casi solitaria. El último de los moicanos.

Precisamente es esto lo que no puede comprender el círculo rojo y es precisamente lo que mantiene la esperanza en el ciudadano de a pie. Ahora sí, es Milei en contra de toda la política.

Fracaso, malicia, ineficiencia o todo estaba calculado para que sea así?

Probablemente todo a la vez. Milei puso toda la carne a la parrilla con la presentación en sociedad de un shock y se quemó. Jugó a todo o nada y antes de quedarse sin nada, optó por decidirlo como su próxima acción de gobierno. Ahora sabemos que estamos solos.

Es esta la única respuesta que la política no puede digerir y por eso nos volcamos a los análisis colaterales. Es un loco o es un genio. Los genios nacen o se hacen. Cuáles son los vínculos entre la genialidad y la locura a partir de relaciones entre pacientes psicóticos y personas creativas. Cómo es el carácter del Presidente. Si es la manera en que un individuo reacciona de manera regular frente a las ocasiones que le suceden y moldea toda su personalidad, qué podemos esperar de acá en adelante. Pavadas como éstas pueden ocupar páginas y páginas.

Todos seguimos desconcertados con él y su estilo y me pregunto si eso es bueno o muy malo. Pareciera que al Presidente no le preocupan las consecuencias. Sigue siendo un economista que prefiere explicar mañana por qué no ha sucedido hoy lo que pronosticó ayer desconcertando a toda la política y sus analistas que esperan precisamente lo contrario: negar mañana lo que se vaticinó ayer que no ha ocurrido hoy como cualquier político de raza.

La Argentina es un país presidencialista y no parlamentario. Acá no hay voto de confianza o algo similar. Salvo renuncia, muerte o juicio político, Milei seguirá en la presidencia hasta finalizar su mandato y ha comenzado a dar signos que funciona mejor “bajo presión”.

Entendamos que su obsesión es la economía al igual que para todos los argentinos y de eso sabe. Para llegar al equilibrio primario -sin pago de intereses de la deuda- el Gobierno debe ajustar 3,5 puntos del PBI. Sin embargo, el objetivo inicial era llegar este año a un ajuste adicional de 2 puntos más por encima del déficit primario, es decir un total de 5,5 puntos del PBI. No olvidemos que el déficit financiero del Estado nacional a fines del 2023 equivale a 6,3 puntos del PBI con lo que aún con ajuste proyectado, la Argentina no llegaría a déficit 0 en el año 2024 sin perjuicio que llegar a esa reducción sería una de las victorias más importantes de un gobierno para su primer año de gestión en los últimos cuarenta años.

Ahora bien, una cosa es proyectarlo y otra distinta cómo lograrlo en medidas políticas concretas.

El gasto público argentino es equivalente a 40 puntos del PBI. La mitad corresponde a nación y la otra mitad a todas las provincias argentinas. De los 20 puntos del Estado nacional, 10 corresponden a gasto social de modo que el gobierno solo podrá ajustar sobre el saldo restante.

Todos los analistas ven que una parte del gran ajuste recaerá sobre las provincias, donde los ojos de esta semana estuvieron puestos sobre el abultado gasto público en todas ellas. El grueso de los fondos que reciben las provincias fuera de las transferencias automáticas de la coparticipación federal se compone del: 1. Fondo nacional de incentivo docente, 2. Fondo de fortalecimiento fiscal de la provincia de Buenos Aires, 3. Asistencia financiera a provincias y municipios y 4. Transferencias a cajas previsionales provinciales.

En el mes de enero del 2024, las provincias perdieron ingresos por 277.000 millones de pesos, que representó cerca de un 12,2% menos en términos reales respecto al mismo período del año pasado. Esa pérdida contabiliza tanto coparticipación, como leyes especiales o compensaciones.

Está claro que llegar al déficit 0 solamente bajando el gasto es muchísimo más lento que lograrlo subiendo impuestos. El ajuste será brutal, incluido ajuste a las provincias e incluso ajustes sobre gastos de ejecución nacional.

Milei en menos de dos meses consiguió orden y un éxito silencioso que desde ahora será muy relevante. En primer lugar, orden público en las calles, donde Bullrich viene modelando una nueva Argentina a su estilo, contra viento y marea. Luego un orden en la macroeconomía consiguiendo en un mes superávit primario y casi financiero (incluyendo pago de intereses), eliminación absoluta de la emisión monetaria para financiar el gasto público y orden en la respuesta de los mercados en casi todas las variables desde tipo de cambio, bonos, riesgo país. Ese orden fiscal se repitió hacia las provincias argentinas casi eliminando por completo las transferencias discrecionales. Y, para terminar, el Presidente se dio el lujo de proyectar un principio de orden en la geopolítica, con su aparición en Davos y ahora su viaje a Israel, aunque atrayendo a todo el terrorismo islámico a la Argentina. Es cierto que frente a ese orden innegable el resto del Estado no funciona y la improvisación da miedo. Ni siquiera se han reemplazado funcionarios del anterior gobierno y amplios sectores de la administración no saben de quién dependen.

Ahora pateó el tablero de la política como nadie se habría atrevido en los últimos 40 años de democracia dividiendo la opinión pública entre los que ven malicia de la casta o absoluta ineficiencia del Gobierno. Ambos tienen argumentos a favor y en contra y todo dependen en qué equipo te gusta jugar o qué camiseta tengas puesta.

En definitiva, todo muy raro para un presidente que no concurre a actos públicos, no inaugura obras porque paralizó todas, no hace propaganda política al eliminar las pautas oficiales, se pelea con todos los gobernadores a quién trata de extorsionadores o traidores, maltrata a sus supuestos aliados a los que sigue considerando casta con algunas excepciones y un ministro de economía silencioso, un jefe de gabinete que nadie escuchó hasta ahora.

Por ahora, sigo desconcertado, pero pensando que tal vez la locura, como afirmaba Goethe, no es otra cosa que la razón presentada bajo una diferente forma. Tal vez, la verdadera locura de Milei no sea otra cosa que la sabiduría misma, cansada de la vergüenza de la Argentina, que toma la decisión de volverse loca.

Los acontecimientos de esta semana desnudaron la situación argentina como pocas veces se había visto. Un círculo rojo que por primera vez tiene miedo y preocupación y un ciudadano común que por primera vez ve y siente algo esperanzador al final del túnel. Ambas sensaciones contradictorias e inexplicables a la vez tienen un origen común: el carácter del presidente Milei y nada más que eso.

Los argentinos decidimos en las últimas elecciones un combo perfecto para que asistamos a lo que nos está sucediendo. Por un lado elegimos gobernadores e intendentes reformistas pero moderados o casi aburridos, luego elegimos un presidente fundamentalista, libertario y loco y decidimos acompañarlo con un Congreso donde la amplia mayoría de legisladores son opositores a Milei. El resultado, la realidad.

La confirmación de mi sospecha fue lo ocurrido esta semana, donde lo importante no fue el fracaso o desprolijo desenlace de la denominada ley ómnibus sino la reacción del Presidente que a sabiendas de lo que podría suceder, se fue de gira y reaccionó en forma personal a 12 mil km sepultando el proyecto y acusando a la política como la única responsable de lo que les pase a los argentinos de acá en adelante. La novedad no fue la noticia sino la reacción.

Como nunca, apareció en el inconsciente colectivo la siguiente dicotomía: loco o genio. Y automáticamente a la pregunta, la siguiente respuesta dada por su protagonista: la diferencia solo se mide con el éxito o resultado.

Hay algo que está claro. El círculo rojo además de miedo y preocupación carece de aptitud para poder analizar el carácter del Presidente. Ese círculo rojo está directamente emparentado con toda la Argentina corporativa que se nutre desde empresarios prebendarios hasta burocracia sindical, desde medios de comunicación tradicionales hasta intelectuales que son operadores del poder o en materia política desde el clásico peronismo hasta un radicalismo que hace rato les ha sido funcional o élites utra-extremistas como la izquierda o la coalición cívica. Esa imposibilidad se vio estos días en todos los editoriales políticos y las declaraciones de sus actores que pasaron desde las lágrimas hasta los festejos de barricada.

No obteniendo los votos para la ley Milei decidió romper las reglas de juego del diálogo legislativo retirando la Ley ómnibus en su totalidad responsabilizando a la política en su conjunto del fracaso y anunciando su próximo paso. Nada lo hará retroceder en lo que los argentinos votaron el año pasado. Una verdadera declaración de guerra de un loco o un genio.

Para que todos entiendan, el Gobierno resignó la fórmula para arribar al déficit 0 y con ello la posibilidad de un aumento en la recaudación del Estado nacional, para solo quedarse con una sola herramienta: gastar menos. Resignó que la primera arquitectura de su gobierno fuera acompañada por la política para emprender una cruzada contra toda la casta en forma casi solitaria. El último de los moicanos.

Precisamente es esto lo que no puede comprender el círculo rojo y es precisamente lo que mantiene la esperanza en el ciudadano de a pie. Ahora sí, es Milei en contra de toda la política.

Fracaso, malicia, ineficiencia o todo estaba calculado para que sea así?

Probablemente todo a la vez. Milei puso toda la carne a la parrilla con la presentación en sociedad de un shock y se quemó. Jugó a todo o nada y antes de quedarse sin nada, optó por decidirlo como su próxima acción de gobierno. Ahora sabemos que estamos solos.

Es esta la única respuesta que la política no puede digerir y por eso nos volcamos a los análisis colaterales. Es un loco o es un genio. Los genios nacen o se hacen. Cuáles son los vínculos entre la genialidad y la locura a partir de relaciones entre pacientes psicóticos y personas creativas. Cómo es el carácter del Presidente. Si es la manera en que un individuo reacciona de manera regular frente a las ocasiones que le suceden y moldea toda su personalidad, qué podemos esperar de acá en adelante. Pavadas como éstas pueden ocupar páginas y páginas.

Todos seguimos desconcertados con él y su estilo y me pregunto si eso es bueno o muy malo. Pareciera que al Presidente no le preocupan las consecuencias. Sigue siendo un economista que prefiere explicar mañana por qué no ha sucedido hoy lo que pronosticó ayer desconcertando a toda la política y sus analistas que esperan precisamente lo contrario: negar mañana lo que se vaticinó ayer que no ha ocurrido hoy como cualquier político de raza.

La Argentina es un país presidencialista y no parlamentario. Acá no hay voto de confianza o algo similar. Salvo renuncia, muerte o juicio político, Milei seguirá en la presidencia hasta finalizar su mandato y ha comenzado a dar signos que funciona mejor “bajo presión”.

Entendamos que su obsesión es la economía al igual que para todos los argentinos y de eso sabe. Para llegar al equilibrio primario -sin pago de intereses de la deuda- el Gobierno debe ajustar 3,5 puntos del PBI. Sin embargo, el objetivo inicial era llegar este año a un ajuste adicional de 2 puntos más por encima del déficit primario, es decir un total de 5,5 puntos del PBI. No olvidemos que el déficit financiero del Estado nacional a fines del 2023 equivale a 6,3 puntos del PBI con lo que aún con ajuste proyectado, la Argentina no llegaría a déficit 0 en el año 2024 sin perjuicio que llegar a esa reducción sería una de las victorias más importantes de un gobierno para su primer año de gestión en los últimos cuarenta años.

Ahora bien, una cosa es proyectarlo y otra distinta cómo lograrlo en medidas políticas concretas.

El gasto público argentino es equivalente a 40 puntos del PBI. La mitad corresponde a nación y la otra mitad a todas las provincias argentinas. De los 20 puntos del Estado nacional, 10 corresponden a gasto social de modo que el gobierno solo podrá ajustar sobre el saldo restante.

Todos los analistas ven que una parte del gran ajuste recaerá sobre las provincias, donde los ojos de esta semana estuvieron puestos sobre el abultado gasto público en todas ellas. El grueso de los fondos que reciben las provincias fuera de las transferencias automáticas de la coparticipación federal se compone del: 1. Fondo nacional de incentivo docente, 2. Fondo de fortalecimiento fiscal de la provincia de Buenos Aires, 3. Asistencia financiera a provincias y municipios y 4. Transferencias a cajas previsionales provinciales.

En el mes de enero del 2024, las provincias perdieron ingresos por 277.000 millones de pesos, que representó cerca de un 12,2% menos en términos reales respecto al mismo período del año pasado. Esa pérdida contabiliza tanto coparticipación, como leyes especiales o compensaciones.

Está claro que llegar al déficit 0 solamente bajando el gasto es muchísimo más lento que lograrlo subiendo impuestos. El ajuste será brutal, incluido ajuste a las provincias e incluso ajustes sobre gastos de ejecución nacional.

Milei en menos de dos meses consiguió orden y un éxito silencioso que desde ahora será muy relevante. En primer lugar, orden público en las calles, donde Bullrich viene modelando una nueva Argentina a su estilo, contra viento y marea. Luego un orden en la macroeconomía consiguiendo en un mes superávit primario y casi financiero (incluyendo pago de intereses), eliminación absoluta de la emisión monetaria para financiar el gasto público y orden en la respuesta de los mercados en casi todas las variables desde tipo de cambio, bonos, riesgo país. Ese orden fiscal se repitió hacia las provincias argentinas casi eliminando por completo las transferencias discrecionales. Y, para terminar, el Presidente se dio el lujo de proyectar un principio de orden en la geopolítica, con su aparición en Davos y ahora su viaje a Israel, aunque atrayendo a todo el terrorismo islámico a la Argentina. Es cierto que frente a ese orden innegable el resto del Estado no funciona y la improvisación da miedo. Ni siquiera se han reemplazado funcionarios del anterior gobierno y amplios sectores de la administración no saben de quién dependen.

Ahora pateó el tablero de la política como nadie se habría atrevido en los últimos 40 años de democracia dividiendo la opinión pública entre los que ven malicia de la casta o absoluta ineficiencia del Gobierno. Ambos tienen argumentos a favor y en contra y todo dependen en qué equipo te gusta jugar o qué camiseta tengas puesta.

En definitiva, todo muy raro para un presidente que no concurre a actos públicos, no inaugura obras porque paralizó todas, no hace propaganda política al eliminar las pautas oficiales, se pelea con todos los gobernadores a quién trata de extorsionadores o traidores, maltrata a sus supuestos aliados a los que sigue considerando casta con algunas excepciones y un ministro de economía silencioso, un jefe de gabinete que nadie escuchó hasta ahora.

Por ahora, sigo desconcertado, pero pensando que tal vez la locura, como afirmaba Goethe, no es otra cosa que la razón presentada bajo una diferente forma. Tal vez, la verdadera locura de Milei no sea otra cosa que la sabiduría misma, cansada de la vergüenza de la Argentina, que toma la decisión de volverse loca.

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