Ola Rada Tilly 2026 consolidó una propuesta integral con más
Por ahora, solo pragmatismo: poco de economía de mercado y casi nada de Estado eficaz
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Milei ha mostrado, hasta ahora, muchísimo pragmatismo en casi todas sus decisiones, sobre todo en economía, política interior y exterior, pero la eficiencia del Estado sigue siendo un problema grave de su Gobierno. Para decirlo en términos más duros: ha reducido el gasto público en varias áreas, pero sin una administración estatal eficaz, al punto que muchas de esas medidas pueden quedar a medio camino o generar más caos que soluciones.
Este pragmatismo hasta ahora nos permite afirmar que la motosierra en el gasto no siempre ha sido acompañada de una mejora en la gestión pública. Es decir, seguimos teniendo un Estado ineficiente, aunque más pequeño.
Algo similar sucede con su pragmatismo en otros frentes, como su giro en la relación con el Congreso y los gobernadores, su aceptación de que la dolarización no es inmediata o su alianza con el PRO.
La pregunta que deriva de lo que va de su gestión, es si realmente le interesa o no a Milei, la construcción de un Estado eficiente, donde ajuste no es sinónimo de la mejora en la gestión. Esto lo venimos viendo a diario, donde el fuerte recorte del gasto público no derivó en una reestructuración profunda del Estado que lo haga más ágil y funcional. Por el contrario, la parálisis en muchas áreas (salud, educación, ciencia, transporte) y la lentitud en la digitalización o modernización del aparato estatal muestran que todavía no hay una estrategia clara en ese aspecto.
Lo mismo puede decirse de Milei en su relación ambigua con la democracia. Si bien llegó al poder por vía democrática y respeta las instituciones en términos formales, su discurso y algunas de sus acciones muestran poco compromiso con ciertos valores democráticos fundamentales, al menos hasta ahora. Algunas pruebas indudables de esta afirmación resultan al azar de algunas de sus acciones, como por ejemplo:
1. Ataques constantes al Congreso y a la oposición: Claramente no ayudan a la República y a la democracia, calificaciones a los legisladores como “nidos de ratas” o “delincuentes”.
2. Hostilidad hacia la prensa, donde no creo que la descalificación de medios y periodistas que lo critican, llamándolos “ensobrados” u “operadores”, se correspondan con un líder democrático, que puede cuestionar a la prensa, pero no tratar de deslegitimarla.
3. Afinidad con líderes autoritarios: En lo personal, su admiración por Bukele, Trump, Bolsonaro y otros dirigentes con tendencias autoritarias sugiere una visión más plebiscitaria que institucionalista de la democracia.
4. Desprecio por el diálogo político: Milei no negocia, prefiriendo imponer su visión antes que negociar. Claramente una postura contraria a la democracia, que se basa en la búsqueda de consensos, especialmente en un sistema sin mayoría propia.
5. Uso de decretos para saltar el Congreso: Si bien los DNU son legales, Milei los ha usado para cambios estructurales, evitando la discusión legislativa, con una particular amenaza en la apertura de sesiones legislativas: “me acompañan o lo hago a mi manera”.
Estos simples ejemplos hasta ahora, sin embargo, no parecen buscar un quiebre institucional, pero sin duda su estilo erosiona la calidad democrática todos los días. Claramente allí, su batalla cultural, en lugar de fortalecer las instituciones, tiende a debilitarlas, promoviendo un discurso de “pueblo vs. casta” que lo hace cada vez más autoritario.
En este contexto, las elecciones legislativas de 2025 serán clave para el Presidente. Si la economía mejora, puede crecer su base legislativa. Si la inflación sigue bajando, la actividad se recupera y hay mejoras en empleo y salarios, Milei podría consolidar su apoyo y sumar más diputados y senadores y la Libertad Avanza (LLA) podría acercarse a ser la primera minoría, aunque sin mayoría propia. Por el contrario, si la crisis se profundiza, puede perder apoyo. Precisamente por ello, deberá cuidar que el ajuste no genere demasiado malestar y lejos de transformarse en “política de Estado” cree señales claras de mejora económica. Si ello no ocurriera, Milei podría enfrentar una caída de su popularidad, que incluso permitiría que la oposición (Peronismo o incluso Juntos por el Cambio si se reconfigura) podría recuperar terreno, creando un Congreso más fragmentado, con un crecimiento de partidos provinciales y una oposición dividida.
En conclusión, a diferencia de lo que afirma el Presidente, lejos estamos de haberse cumplido un “programa de gobierno” o de “las promesas de campaña”. Sin duda, su pragmatismo “al palo” lo aleja de una democracia de mercado con un Estado eficaz.
El concepto de un Estado eficaz y una economía de mercado combinan dos principios claves, todavía ausenten en este Gobierno. El primero apunta al Estado, con un Gobierno que interviene de manera eficiente y estratégica en la economía y la sociedad, garantizando el cumplimiento de la ley, la provisión de bienes públicos (educación, salud, infraestructura, seguridad) y la estabilidad institucional. Está claro que la motosierra no lo estaría logrando. El segundo apunta a la economía, con un sistema basado en la libre competencia y la propiedad privada, donde los precios y la producción se determinan principalmente por la oferta y la demanda. Implica la reducción de barreras al comercio, incentivos a la inversión y la innovación, pero sin descuidar la regulación adecuada para evitar abusos y garantizar la equidad. También aquí, estamos bastante lejos del objetivo.
En fin, sin desconocer los logros, el gobierno de Milei todavía está muy lejos del “mejor gobierno de la historia” y de una solución económica de la Argentina. Recién cuando veamos signos de equilibrar el desarrollo económico con la equidad social, promoviendo crecimiento sostenible, atracción de inversiones y bienestar general, sin duda aplaudiremos su llegada. Por ahora, todo queda en los discursos.
