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 ¿Nos bancaremos vivir en un país normal?
Columnistas Sergio Mammarelli

¿Nos bancaremos vivir en un país normal?

12 noviembre, 2023

Estamos en la puerta de una hiperinflación y sabemos que una futura estabilización y ajuste a partir de diciembre estará en manos de quién gane en noviembre, salvo que el ganador opte por que lo haga la realidad que sería la peor de las hipótesis.

Ello quiere decir, que seguimos con la incertidumbre de quién lo hará y cómo, cosa que difiere según uno u otro sea el próximo presidente. Sin embargo, mi duda es más profunda y se refiere a los propios argentinos: ¿nos bancaremos por fin vivir en un país normal al menos desde lo económico? Si bien la normalidad es mucho más amplia, como seguridad, educación, justicia, prefiero ir por partes para que la realidad no sea tan dura.

El panorama a partir de diciembre es muy complejo. El primer desafío es político. En noviembre con el ballotage definiremos quién hará el ajuste y la estabilización que necesita la Argentina para acercarse a un país normal. Sea Milei o Massa la pregunta es con qué gobernabilidad podrán ejecutarlo. Tendrán apoyo político, tendrán las mayorías parlamentarias para el cambio, ¿cómo se comportarán los gobernadores provinciales? Todo es una incógnita, ninguno de los candidatos tiene mayoría en el Congreso de modo que deberán construirla con la oposición, pero; ¿cuál oposición nos dejará la elección? Todo un enigma. De acá al 19 de noviembre, comenzaremos a pensar en quién queremos o peor aún, en quién no queremos que realice esta difícil tarea para luego pensar cómo será de violenta o de gradual o si será real o una simple ilusión que nos dejará en el infierno que vivimos actualmente.

Por fin terminado el proceso político de elección vendrá como consecuencia inevitable el plan de cada candidato. Dicho de otro modo, cómo se hará. Acá comienzan los tropiezos. Todos los argentinos sabemos que hay que hacer algo para solucionar la economía, pero no tenemos la menor idea de cómo sería el plan de cada candidato. Las pistas hasta ahora no sirven de mucho. Pareciera que el plan motosierra de Milei, con dolarización incluida, está en el olvido y su actual moderación lo dejó sin explicación económica para el futuro. Massa es peor aún, nos promete una Argentina distinta que la que actualmente conduce como presidente de facto, sin Cristina y sin el kirchnerismo sin advertir que su respaldo parlamentario está todo depositado en ellos. Una verdadera locura entre incertidumbre del que hasta ayer era el loco de la motosierra y la certidumbre de un mentiroso que provocó todos los males que ahora quiere solucionar.

Sin embargo, me gustaría, como es mi costumbre, agregar una nueva polémica reflexión para que la vida sea más divertida. ¿Podremos soportar la corrección de la mega distorsión de los precios relativos de la economía para comenzar a vivir en un país normal?

Para muestra basta un botón decía mi abuela. Macri asumió su presidencia con un atraso tarifario y cambiario, muchísimo menos grave que el que deja el kirchnerismo actual, donde la inflación de Cristina había duplicado a la suba del tipo de cambio y tarifas. Macri solo intentó corregir esos precios relativos y le costó su reelección, aunque ello no impidió terminar su mandato. La razon de su fracaso, como bien lo explicó su protagonista, no estuvo en la corrección sino en el tiempo y gradualismo con que fue implementada.

Más allá de las explicaciones y lo que pasó, la certeza de lo que ocurrió es que los argentinos no soportamos vivir en un país normal o por lo menos no nos bancamos la transición hacia él.

Hoy la situación es mucho más grave que la de aquel momento. Toda nuestra vida cotidiana está inevitablemente atravesada por estas dos variables: “precios regulados” y “tipo de cambio”. Todos los días los argentinos pagamos la luz, el gas, el agua, el transporte, el combustible, los peajes, etc, que si bien aumentan todos los días sabemos que ese aumento es muchísimo menor a otros bienes que consumidos cotidianamente como la yerba, la carne, azúcar, verduras, etc. Todos esos precios están fijados por el Estado, con subsidios escandalosos generadores de una corrupción que todos sabemos. ¿Estaremos dispuestos a que esos precios sean reales manteniendo solo subsidios para aquellos que los necesitan en situaciones excepcionales como sucede en todo el resto del mundo?

No existe argentino que no sea beneficiario de un subsidio del Estado. Sino es a través de un “plan social” en forma directa, todos los argentinos estamos subsidiados en las tarifas de los servicios públicos. Sino estamos en ese caso, que ya es difícil, igualmente recibimos un subsidio a la hora de tomar algún transporte, no importa si es un micro, un tren, un avión, un subte.  Si tampoco fuera nuestro caso, también recibimos un subsidio cada vez que llenamos el tanque de combustible sea de nuestro vehículo, auto o moto, que dicho sea de paso “no hay” o cuando pagamos algún peaje. Si todavía alguno no está en esa situación, recibimos un subsidio a la hora de comprar el pan porque el precio de la harina está subsidiado. En el supuesto que algún argentino no esté incluido en este universo, seguramente todos los días compran bienes que tienen algún componente importado que es subsidiado con un dólar ficticio de 365 pesos al que nadie accede pero que todos contribuimos a mantener.

Si vemos todos los precios de la economía, algunos de esos precios, están congelados por el estado y absolutamente todos tienen una relación directa o indirecta con el tipo de cambio (léase dólar), sea porque se importan o simplemente porque utilizan algún insumo o bien de producción importado. Es el precio de vivir en este mundo globalizado donde el concepto de la producción nacional no existe hace muchísimo tiempo. Nada se hace 100% en el país sin depender de algo que viene desde el exterior.

Esta distorsión pone en evidencia un problema mucho mayor que preocupa a todos los argentinos por igual: “el tipo de cambio”. Otro precio también regulado por el estado y que presenta una brecha de más del 188% con los dólares paralelos que inventó este gobierno al que agregamos un CEPO que nos impida acceder a dicha moneda.

El cuento que acabo de contar nos introduce a lo que los técnicos denominan distorsión de los precios relativos. ¿Pero eso qué significa?

Significa que la brutal inflación que padecemos y la intervención del Estado en toda la economía produce que los precios de los distintos bienes y servicios que consumimos no aumenten de la misma manera, sino que algunos aumentan más que otros quedando desacoplados del resto. Esta distorsión siempre la produce el Estado con dos variables: congelamientos de precios y anclando el tipo de cambio como intento antiinflacionario. Hace más de 20 años que esto sucede y lamento mucho que nos hayamos acostumbrado.

¿Cómo nos damos cuenta de esta distorsión? Muy simple. Comparando un precio de un bien con respecto a otro bien. Es lo que hacemos todos los días de nuestra vida, comparando el precio de cualquier cosa con nuestro salario. La respuesta es intuitiva: ¿esto es caro o es barato de acuerdo con mi ingreso? ¿O esto es barato comparado con lo que aumentó aquello otro?

Lo mismo sucede cuando comparamos los precios medidos en dólares oficiales (precio regulado) o en dólares paralelos (precio libre). Así ocurre por ejemplo con los combustibles, cuyo precio es razonable con el dólar oficial (U$S 1,20) o es irracionalmente barato en relación con un dólar paralelo (U$S 0,45). El resultado de la distorsión es el que padecemos. No hay combustibles.

Incluso últimamente, con tanto éxodo de argentinos expulsados por la situación económica, es común la comparación de precios relativos con otros países. Vivimos comparando lo que sale comer en un restaurante o llenar un changuito en un supermercado en Argentina, o en cualquier otro país del mundo. O cuánto equivale nuestro salario en dólares aquí o en otro país.

Es cierto que el transporte público en Europa sale entre 1 y 2 euros, pero un trabajador tiene un ingreso promedio de 1200 euros al mes. El ejemplo no es muy diferente, si las comparaciones son más modestas y queremos hacer el ejercicio con países como Uruguay, Chile, Paraguay, etc.

En todo el resto del mundo no existe la distorsión de precios relativos que existe en Argentina. Simplemente porque el Estado en general no interviene en la economía, el tipo de cambio es más o menos libre y además no hay inflación.

Lamentablemente los argentinos padecemos un mal por el que somos centro de bromas y chistes en todo el mundo: Tenemos paladar de champagne, pero bolsillo de coca cola. Los argentinos queremos ganar como los uruguayos, como los chilenos, como los europeos o como los americanos. Sin embargo, no queremos pagar los bienes y servicios a los valores que ellos lo pagan. Queremos vivir con lo que se gana en Uruguay, pero no queremos vivir a la uruguaya, queremos vivir con lo que se gana en Europa, pero no queremos vivir a la europea y ni que hablar si la comparación es con América del Norte.

Esta situación es la que me lleva a reflexionar si los argentinos nos bancaremos vivir en un país normal.

Esa normalidad, hoy supone otra pregunta igual de complicada: ¿cuál será el colchón social que tendrá la Argentina a partir de diciembre para soportar la corrección de todos estos precios relativos? La Argentina tiene casi la mitad de su población por debajo de la línea de pobreza, jubilaciones miserables, una inflación que no existe en ningún país de los que nos gustaría parecernos y una red de subsidios que como vimos gozamos todos, ricos, pobres o sectores medios.

¿Por dónde comenzará el nuevo gobierno esa corrección, será por el atraso cambiario, será por el ajuste tarifario, será por la salida del cepo cambiario, será por un descongelamiento de los precios regulados?, o será todo junto en forma de shock de estabilización? Todo un misterio hasta ahora.

¿Qué sectores de la economía conservarán los subsidios necesarios como ocurre en todo el mundo que permita la corrección? No sabemos, aunque imaginamos que muchísimos argentinos necesitarán de esos subsidios para poder subsistir. ero quiénes? ¿Dónde estará la vara? ¿Qué ingreso o parámetro nos dejará fuera de la ayuda estatal? ¿Será determinado nivel de ingreso o tener un vehículo o tener una propiedad o vivir en determinado lugar? ¿Qué sucederá con los sectores medios y de más altos ingresos cuando estén desprovistos del festival de subsidios del gozan hasta hoy? Acaso reaccionaremos del mismo modo que lo hicimos con el gobierno de Macri.

Por ahora recién estamos transitando el camino de elegir quién lo hará. El resto de las preguntas todavía no tienen respuesta. Los candidatos evitan hablar de esto, salvo para que Massa nos amenace que si votamos a Milei los precios subirán al cielo, aunque no explica cómo hará él para que ello no ocurra. Los argentinos preferimos no saberlo y tampoco enterarnos. Sin embargo, vivir en un país normal tendrá una transición extremadamente dolorosa donde los únicos que deberán ser atendidos son los más necesitados. Hace muchísimos años que vivimos en la ilusión de una Argentina que no se sostiene más, pero vuelvo a la pregunta, ¿nos bancaremos vivir en un país normal?

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