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 NO SOMOS INDIOS, SOMOS LUCAYOS
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NO SOMOS INDIOS, SOMOS LUCAYOS

12 octubre, 2024

Adán Costa.
Abogado. Profesor universitario de Historia, Políticas Públicas y Filosofía (UCU-UNR). Trabaja en el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales y es presidente de la Comisión de Derecho Indígena Latinoamericano e Interjuridicidad del Colegio de Abogados de Santa Fe.

Cada once de octubre de cada año, desde hace tiempo, los pueblos originarios de muchos países americanos celebran con sus puños cerrados  su “Último día de libertad antes de la Conquista”. En Argentina, luego de un largo derrotero iniciado por Hipólito Yrigoyen el año 1917, donde cada doce de octubre, se conmemoraba como una festividad nacional el día de la Hispanidad y la Raza, hasta  que Cristina Kirchner en el año 2010 lo ha planteado como uno de los feriados, en este caso, móviles, pero desde un adecuado  encuadre, se conmemora el “Día del respeto por la diversidad cultural”.

Quienes ejercen el poder, siempre temporal, aunque dure milenios, saben que necesitan de operaciones culturales para afianzar sus propósitos. Así cuando Hernán Cortés y los españoles tomaron el control en 1521 de Tenochtitlán y de los pueblos mexicas, entendieron que ese pueblo, “laborioso, con orden y policía” iba a ser más fácil de conquistar si se trabajan sus símbolos. En mismo lugar que ese pueblo veneraba a Tonanztin, “nuestra madre” en lengua nahuátl, apareció la Virgen de Guadalupe.

El 16 de noviembre de 1532, el extremeño Francisco de Pizarro logró hacer algo que parecía imposible. Con un ejército minúsculo de poco más de cien soldados, logró apresar a uno de los hombres más poderosos de la América, el décimo tercer emperador inca Atahualpa, que contaba con más de 40.000 soldados bien entrenados. Como lo supo Cortés en relación a Moctezuma, Pizarro también sabía que Atahualpa era muy resistido por muchos pueblos indígenas que estaban en el Incario a disgusto. De solo pensar que los incas llamaban chiriguanos a los guaraníes.

“Guano” en la lengua quechua significa estiércol. Con engaños, Pizarro retuvo como huésped al emperador inca, pero en realidad fue su prisionero por quien pidió un botín de rescate en oro, para luego mandarlo a ejecutar en la plaza pública de Cajamarca. Luego él mismo tomo sus atributos y el estandarte de mando e inició para la corona española la conquista de todo el imperio inca, que iba desde la desembocadura del río Guayas en el Ecuador hasta el río Mendoza en el actual territorio que hoy se denomina Argentina. Se cambió la cabeza del mando político, pero se mantuvo la organización social que estaba entretejida por debajo como sociedad jerárquica de castas. Quien nacía sacerdote era sacerdote toda la vida, al igual que el que nacía como artesano o burócrata estatal o como soldado.

Hoy la sociedad argentina pareciera reconocer la palabra casta, pero claramente con un sentido diferente. No sabemos aún si el próximo 12 de octubre será feriado o se seguirá encuadrando como “Día del Respeto por la Diversidad Cultural”, porque todas las políticas públicas que se relacionan con los orígenes étnicos y culturales de nuestros pueblos arremeten contra los derechos del presente de las comunidades indígenas.

Se ha desperfilado el ya bastante deshilvanado organismo estatal encargado de las políticas indígenas; se ha dado de baja el Registro Nacional de Comunidades Indígenas; se multiplican las sentencias penales contra miembros de comunidades indígenas, entre ellas, una condena a seis mujeres jóvenes mapuche por la realización de actos de naturaleza cosmovisional en un Tribunal Federal de San Carlos de Bariloche; se promueve la suspensión de la ley de relevamiento de tierras que ocupan las comunidades originarias, que es una herramienta valiosa que muchas de éstas cuentan para evitar desalojos judiciales de sus tierras. Tanto es así, que se pueden ver claramente si leemos la entrelínea de los considerandos un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia presidencial que deroga la ejecución de la ley 26.160 impulsado desde la firma electrónica de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich: “…Que, por otro lado, la situación económica del país demanda el fortalecimiento de la confianza de los ciudadanos en que su propiedad será respetada, así como el rápido ingreso de inversiones genuinas que, en uno y otro caso, pongan en marcha la producción en todos los órdenes y generen fuentes de trabajo (…) Que, así las cosas, dada la irrazonable extensión de la medida y las diferentes afectaciones que esta produce, tanto al derecho de propiedad como al dominio de los recursos naturales de las provincias y a la certidumbre del derecho, se estima necesario disponer su terminación de forma inmediata…” Propiedad privada y recursos naturales aprovechados por la inversión multinacional que promueve economías extractivas de enclave, en el mismo lugar donde, precisamente conviven en comunidad pueblos indígenas.

Ya se dijo y se sabe.  844.200 hectáreas tiene el multimillonario textil italiano Luciano Benetton en la Patagonia argentina. 38.000 hectáreas, Joe Lewis, dentro de esas tierras posee ilegalmente cautivo el Lago Escondido. Y no hay justicia federal o provincial que se lo impida. El emir de Qatar en abril de 2023 compró 4.500 hectáreas en Baguales, a 50 kilómetros de Bariloche, controlando el acceso a agua potable de las comunidades indígenas primero, y de las ciudades aledañas, más temprano que tarde. Tan sólo poco menos de 7 hectáreas tiene el “rehue” ceremonial por el cual fueron condenadas seis mujeres y un joven mapuche por el delito de usurpación.

Hoy las comunidades indígenas sufren un proceso de profunda estigmatización social, que sigue tirando muy lejos la posibilidad de comprender que los presentes son una resultante de un proceso histórico. Pero no como pasado fosilizado. La “machi” Betiana Colhuán Nahuel maneja redes sociales tan bien como resuelve su práctica ceremonial sanadora. En esta comprensión no deberían existir ni una romantización, ni una victimización, ni boleadoras, ni plumas ni chiripás. Y que el problema que portan, primero, en sus cuerpos los originarios antiguos y del presente, es también el del conjunto de la sociedad.

Los lucayos fueron quienes primero tomaron contacto con Cristóbal Colón en la isla de Guanahani en la noche del 11 al 12 de octubre de 1492, cuando todavía él creía que había llegado al Cipango, el Japón, en su camino a las especias de las Indias. No somos indios, somos lucayos. No somos como nos quisieron y nos quieren llamar. Somos también fruto del mestizaje. También somos amerindios y afroamericanos. Somos los zambos, pardos, mulatos y criollos de las guerras independentistas del siglo XIX. Somos los orilleros y los gauchos. Somos el río, las montañas, las llanuras, el mar, y la ciudad donde conviven rascacielos y las viviendas sociales.

Somos todo eso. Pero no somos indios, aunque no tenemos problema de que se nos llame indígenas, pero mucho mejor, si nos llaman por nuestros nombres: qom, wichi, mapuche, tehuelche, ranquel, cacano, caracaés, querandí, corondá, diaguita, moqoit, tupí-guaraní, mbya, chaná, timbú, charrúa, lule, vilela, kolla, aymara, henia, camiar, ona, selk y yámana.

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