Ola Rada Tilly 2026 consolidó una propuesta integral con más
Milei está condenado a radicalizarse debilitando nuestra democracia
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Hace poco más de una semana atrás, el Presidente Milei y su gobierno se encontraban en el mejor de los mundos y nada en el horizonte podría hacerles mella. Sin embargo, todo cambió en un minuto y con un simple posteo de absoluta “cosecha propia”. En efecto, no le estaba contestando a nadie ni estaba reaccionando contra ningún exabrupto de la casta y tampoco sabemos si cometió un error o un delito.
Lo cierto es que, más allá de la suerte que corra el “cripto gate” en el laberinto de la investigación periodística y ahora judicial, lo verdaderamente interesante es adivinar cómo el Presidente se conducirá de acá en adelante.
La pregunta entonces sería la siguiente: ¿acaso Milei puede volverse moderado, frente al primer problema político de su gobierno que además fue “autoinfligido”?
Lamentablemente, mi respuesta encierra muy poco optimismo. Y la primera pista, la ofrece nada más y nada menos que los consejos de Trump al Presidente Milei: alguien que viene a salvar el país, jamás puede ser censurado ni por la ley ni tampoco por el sistema institucional de un país. Es un patriota.
A ello le agregaría lo que el mismo Milei estaría pensando: ¿si las fuerzas del cielo han querido que venga a salvarlos, porqué debo someterme a la ley?
Fuera de esto, lo más contundente para su radicalización ocurrió esta semana. El Presidente Javier Milei entró en un conflicto con los otros dos poderes del Estado, decidiendo nombrar por un simple decreto en comisión a los dos miembros de la Corte Suprema que, en principio, cubrirán las vacantes en ese tribunal. La Corte Suprema de Justicia, cabeza del Poder Judicial, ya decidió que no le tomará juramento a Lijo mientras que ya lo hizo con el nuevo Juez Mansilla. Lo hará solo si el juez renunciara al cargo que tiene ahora. El otro conflicto se presenta con el Senado, que es el cuerpo parlamentario que debe darles acuerdo a los jueces de la Corte con los dos tercios de sus votos y fue claramente ninguneado a cuatro días del inicio de las sesiones ordinarias.
Algo similar, que reafirma nuestro análisis, es que Milei en esta misma semana dio también un brusco giro en la política exterior argentina y modificó su adhesión constante a Ucrania, alineándose con Donald Trump. Milei ordenó el lunes que la Argentina se abstuviera en las Naciones Unidas en una votación sobre una resolución que exigía a Rusia retirar sus tropas de Ucrania.
Milei enfrenta un dilema político complejo: sin mayorías en el Congreso y con una resistencia fuerte de sectores sindicales, políticos y judiciales, su capacidad de gobernar depende de una estrategia de confrontación constante. Su promesa de “cambio drástico” choca con las instituciones democráticas y los tiempos legislativos, lo que lo empuja a radicalizar su discurso contra “la casta” y a buscar herramientas que le den más poder ejecutivo, como decretos y plebiscitos.
Si sigue este camino, solo estamos en condiciones de seguir observando a un Milei que puede terminar erosionando la democracia al intentar gobernar por fuera de los mecanismos institucionales. Nada nos resulta increíble bajo estas premisas.
Sin embargo, también podría moderarse y negociar con otros sectores, aunque esto lo alejaría de su base más radicalizada. Su desafío es cómo sostener su proyecto sin quedar paralizado por las reglas del sistema democrático que dice querer transformar.
Lamentablemente mi visión pesimista del futuro se deposita en la siguiente reflexión: no es que los problemas políticos obliguen a Milei a radicalizarse, sino que él elige hacerlo porque es la única estrategia coherente con su discurso y su base de apoyo. Milei llegó al poder prometiendo una transformación total del Estado, enfrentándose a lo que llama “la casta” y posicionándose como un líder antisistema. Sin mayorías en el Congreso y con fuerte resistencia de actores clave (gobernadores, sindicatos, Justicia), tiene dos caminos principales:
1. Negociar y moderarse, lo que implicaría acuerdos con sectores de la “casta” que él mismo demonizó, debilitando su imagen ante su electorado más fiel.
2. Radicalizarse y confrontar, presentándose como una víctima del sistema y apelando al apoyo popular para presionar a las instituciones (vía plebiscitos, movilización social o incluso deslegitimando al Congreso y la Justicia).
¿Alguien imagina la posibilidad de un Milei moderado?
Es evidente que no. Hasta ahora ha optado por el segundo camino, porque es el que mejor encaja con su relato de guerra contra el status quo. Sin embargo, esta estrategia tiene riesgos: puede fortalecer su liderazgo en el corto plazo, pero también puede llevarlo a un callejón sin salida institucional, erosionando la democracia o terminando aislado políticamente.
La oposición por otra parte tiene el desafío de construir una nueva estrategia frente a un Milei radicalizado, donde resulta clave no caer en su juego y construir una alternativa clara y consistente. Algunas estrategias posibles:
1. No responder con más radicalización: si la oposición se limita a bloquear todo y solo reacciona con indignación, Milei aprovechará el discurso de “la casta que no me deja gobernar” para consolidar su base. Enfrentarlo con los mismos métodos de confrontación solo refuerza su relato. Ahí está la oposición dialoguista.
2. Marcar una agenda propia: en lugar de quedar atrapada en la agenda de Milei, la oposición debe construir una propuesta clara y diferenciada. Esto implica plantear soluciones económicas, institucionales y sociales que ofrezcan una salida viable sin caer en el viejo status quo. Pareciera que algo de lo que queda del radicalismo, intenta esta vía.
3. Usar las instituciones de forma inteligente: si Milei busca concentrar poder y deslegitimar al Congreso y la Justicia, la oposición debe fortalecer estos espacios. Esto significa presentar alternativas legislativas, judicializar medidas cuando corresponda y fortalecer los controles democráticos.
4. Ganar la batalla cultural y social: Milei no solo disputa el poder político, sino también el sentido común de la sociedad. La oposición debe articular un discurso convincente que le dispute el relato, demostrando que hay caminos viables para el cambio sin necesidad de dinamitar la democracia.
5. Construir liderazgos sólidos y creíbles: Sin figuras fuertes y con legitimidad social, la oposición no logrará ser una alternativa real. Debe evitar la fragmentación y trabajar en liderazgos que puedan disputar el poder en 2025 y 2027.
Pareciera que la oposición no está logrando ninguna de estas cinco alternativas, porque Milei se fortalece en la confrontación. Continuamente la oposición ha quedado entrampada en una reacción constante imposibilitando proyectar una alternativa de futuro que sume apoyo en la sociedad.
El juego del Pro: sustituir el entorno de Milei.
Sin duda las posibilidades de subsistencia del Pro se ven cada día más reducidas, en primer lugar en lo territorial y en segundo lugar en términos electorales. Sus proyecciones en las encuestas no lo hacen superar el 4 o 5%. A ello se le suman las voces del actual entorno del Presidente: los votos del Pro ya son de Milei.
Sin embargo, frente a ese final anunciado se alza una situación política compleja, que asegura la subsistencia del partido de Macri: Sin el Pro, no hay gobierno posible, ni hasta ahora y posiblemente tampoco después de la elección legislativa, aun cuando resulte muy favorable para la LLa. Para que se entienda, sin el Pro, aún como fuerza residual, Milei no conseguirá los números ni para votar leyes e incluso para vetarlas.
Macri y su círculo cercano saben muy bien esta situación y han elegido una visible estrategia: atacar el entorno de Milei con intención de sustituirlo. Nadie en el Pro ataca al Presidente, que resulta irresponsable de cualquier traspié de gobierno. El único culpable es su entorno. Dicho de otro modo, el Presidente está mal asesorado.
Dicho esto, la estrategia de Macri es difícil pero bien sencilla: hay que cambiar a los “Lopez Rega del Presidente”, como bien lo dijo Andrés Malamud. Veamos si lo consiguen. Solo esta posibilidad permitiría el tránsito a un Milei más moderado y cercano a la institucionalidad democrática. Su fracaso solo nos conducirá a un Milei más radicalizado cuyo límite solo estará en el freno que la misma sociedad pueda ensayar en defensa del sistema democrático de nuestro país, si es que la oposición logra construir una opción alternativa con consenso. Por ahora, un horizonte difícil de observar y si bien la historia nunca se repite, hay que prestarle muchísima atención. No sea cosa que construyamos una copia trucha de todo lo malo del Menemismo y Kirchnerismo juntos, en cuyo caso, que las fuerzas del cielo nos protejan.
