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Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.
Antonio Gramsci fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano y uno de los intelectuales marxistas más destacados del pasado siglo.
Gramsci hablaba de equilibrios catastróficos o crisis orgánica. La crisis orgánica sólo es posible por efecto de la perturbación causada por un conjunto de fluctuaciones fuertes que erosionan el sistema, durante las cuales, muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo.
Ahora que las últimas elecciones por fin nos brindan algunas pistas de qué pensamos los argentinos, aparece en el escenario político una idea que trasciende los slogans de campaña.
Si por unos instantes miramos lo que sucedió el domingo electoral, tal vez nos demos cuenta de que lo que cambió es la sociedad. El verdadero cambio no fue Milei, sino el cambio de la sociedad, que hizo posible que votaran por Milei. Éste, lejos de transformarse en la solución, es simplemente el síntoma, que nos permite entender mejor que es lo que está sintiendo y pensando la sociedad.
Las transformaciones sociales son lentas y se tramitan silenciosamente, son corrientes subterráneas que no resulta fácil intuir, hasta que un día irrumpen, y entonces todos dicen: claro, es obvio, tenía que pasar. Lo que pasó el domingo 13 de agosto, fue el voto contra el sistema político, pero este fue el comienzo de una crisis que invade a todo el esquema de poder en nuestro país. La enorme mayoría de los argentinos quieren un cambio, donde poco importa si es a la derecha o a la izquierda. Lo que marca la orientación es el sistema que está vigente, que puede ser de derecha o izquierda y el cambio es contra lo que está. Y lo que está va desde el sistema de representación de los Partidos Políticos, una economía desastrosa, una inseguridad intolerable hasta un cansancio en todo lo que nos pretenda representar a los argentinos: Sindicatos, organizaciones sociales, etc.
Precisamente por este motivo, el gran responsable de la derrota de Juntos por el cambio fue el binomio Larreta-Morales, que entendieron la política como una democracia de Partidos e intentaron hacer todo en forma vieja. Alianzas sin sentido, fotos con políticos, explicar pesadas propuestas que a nadie le interesaba escuchar y menos aún entender y la búsqueda de un consenso con buenos modales, que los argentinos, claramente no querían y no quieren.
El domingo triunfó un voto-fastidio contra la sociedad que precisamente, el binomio Larreta-Morales le prometía a la argentina o que Massa ofrecía como la continuidad de la Patria nacional y popular y un outsider como Milei, sin estructura, por fuera hasta de su propio Partido Político, arrasó con todo. El domingo a nadie le importó mucho si Milei va o no poder gobernar y posiblemente su electorado tampoco lo va a evaluar de cara a octubre. Milei, supo ser distinto a todos, por su estilo, por su furia: “viva la libertad, carajo”. Es más, ya sintiéndose ganador, en la primera semana, Milei se peleó con todos. Sin embargo, la simpatía es tan sólida que no importa lo que diga o haga: nada le hace daño y hasta las barbaridades lo embellecen, como bien lo analizó Ernesto Tenembaum en un editorial, en Infobae. Milei, con su triunfo, se transformó en una nueva Bullrich, para pesar de ella, pero como candidato “tan irracional”, su adhesión no para de llegarle de todos lados.
El universo de Milei, rompió con todos los prejuicios. El primero de ellos, era que lo votaban los ricos, demostrando una trasversalidad económica, donde lo votaron los ricos y los pobres por igual (gran preocupación de Unión por la Patria). El segundo mito, era que su caudal electoral provenía de la crisis de Juntos por el cambio, sin embargo, Milei demostró aquí también una trasversalidad política, afectando tanto a Juntos por el Cambio como a Unión por la Patria por igual. Solo queda el último mito, que pude ofrecer ciertas dudas. Milei, se favoreció con el voto joven, hipótesis que, si bien tiene algo de razón, esa trasversalidad política y económica, seguramente comenzará a aumentar el voto no tan joven de aquí en adelante. Pero lo más interesante de su universo, es que Milei, logró trascender a la derecha y la izquierda. En efecto, recibió votos de ambos lados, demostrando que la clásica clasificación política, ha quedado definitivamente en desuso, para desgracia de la izquierda y para preocupación en la campaña de Massa.
En cuatro sondeos que analizó el diario Clarin, el pasado martes, Milei crece en las encuestas, pero lo curioso es que el segundo es Massa y no Patricia Bullrich. Es que ella quedó absolutamente desperfilada, al quedar como una segunda marca del cambio, que la coloca como “tibia”. Sin embargo, en su círculo, Patricia promete que “me voy a liberar, voy a ser yo y no me voy a dejar enfrascar. La única que puede dar vuelta esta situación soy yo”. Veremos qué sucede en las próximas semanas.
Es cierto que todo está por verse, sintéticamente expresado por el politólogo Andres Malamud: “lo viejo no murió y lo nuevo todavía no nació”. Mientras tanto, en estos 60 días que quedan hasta el 22 de octubre, la argentina sigue con sus problemas, traducidos en deterioro económico, aumento de la inseguridad y ahora peligro de saqueos más la reciente amenaza del más puro kirschnerismo: “Massa o la disolución nacional”.
Los 3 candidatos más votados, están obligados a reinventarse de cara a octubre a partir de los resultados del domingo. Incluso pareciera, que ni siquiera los votos obtenidos por las dos fuerzas políticas predominantes están del todo fidelizados. Dónde irán los 6 millones de votos de Unión Por la Patria y los 6,5 millones de votos de Juntos por el Cambio. Se mantendrán allí o mudarán a los 7 millones de votos de Milei. Qué harán los 11 millones de votos ausentes en las PASO y qué votarán esta vez, el millón de votos en blanco o a quién votarán el millón y medio de votos, que obtuvieron otros Partidos políticos el domingo. Son demasiadas incertidumbres donde las encuestas se demostraron poco creíbles y los análisis políticos están todavía sorprendidos y desorientados. Nadie sabe qué pasará aunque hoy vemos que todos los caminos conducen a Roma.
Todo hace pensar que se acabaron las intermediaciones, comenzando por los Partidos Políticos, pero ese fin también se asoma hacia el propio Congreso. Milei promete gobernar con plebiscitos, superando la democracia representativa. Y va más allá todavía, su enfrentamiento con gran parte del periodismo intentando incluso quitar a los medios clásicos, la intermediación de la opinión pública, volcándose por las redes como la comunicación directa con su líder. Para colmo, hirió el corazón de Juntos por el Cambio, proponiéndole un cargo a Macri, agrediendo desde el domingo a Bullrich, tratándola de mentirosa.
Claramente estamos en presencia del nacimiento de un nuevo populismo, frente a la enorme crisis de representación política de lo viejo y ahora asistimos a la comunicación directa del líder con sus electores, con una enorme simplificación de la complejidad de la argentina, con una dolarización que nos viene a salvar a todos de la casta corrupta, para que los beneficios obtenidos nadie los pueda dañar ni tocar jamás.
Los padres y abuelos del joven electorado, no llegan al 40% del padrón habilitado para octubre próximo. Los jóvenes que votan (menores de 45 años), se reparten el 60% del electorado. Dentro de ese universo casi el 40 % tienen menos de 35 años.
Esa juventud electoral es la que más fue sacudida por la pobreza, donde casi el 65% de ellos, son jóvenes pobres del conurbano bonaerense. Ese joven electorado, no tienen empleo formal, no tienen empleo, algunos reciben ayuda estatal y muchísimos otros no. Lo paradójico, es que los jóvenes más acomodados y de mayor calificación, tampoco reciben ayuda estatal, también tienen empleos informales por decisión propia, su salud está en manos de prepagas privadas y su educación se reparte entre la estatal y la privada.
Pareciera que hay algo común en esta juventud electoral: Ninguna requiere o recibe los beneficios del Estado de Bienestar que tiene estructurado nuestro país. Es más, no les interesa. Podríamos animarnos a decir, que ni unos ni otros ven un desvalor de encontrarse al margen del Estado de bienestar.
En un reciente e interesante editorial del diario La Nación de Julio Montero, politólogo y filosofo, aparecido el 10 de agosto pasado, tituló sobre el PRO: “Laclau llegó al PRO”, en referencia precisamente a Patricia Bullrich, tratando de encontrar comparaciones con el Kirchnerismo, a partir de su slogan “sino es todo, es nada”. El análisis es muy interesante, aunque equivocó de candidato, o peor aún, me atrevería a reformular la pregunta: Laclau seguirá inspirando a los próximos candidatos a presidente en las elecciones de octubre.?
Los personalismos que sin duda detenta Milei y que promete protagonizar Bullrich en su nuevo diseño de campaña, solo nos conducen a pensar en un nuevo “populismo”, entendido como la capacidad de un liderazgo para crear identidades colectivas y a partir de ahí, de una nueva mayoría monolítica y un “nosotros” que permitan una nueva adhesión incondicional con un liderazgo personalista. Pareciera, que está apareciendo un “nuevo pueblo”, que comenzaría a colonizar la sociedad civil absolutamente diferente al “nosotros” vigente bajo el kirschnerismo, que representa lo viejo que está muriendo. Sería el nuevo pueblo del cambio, frente a un modelo político. Es el nuevo levantamiento de la sociedad frente al estado. Es la nueva edición de un cacerolazo, pero volcándolos en las urnas.
Ambos candidatos, Patricia y Javier, si bien envían un mensaje similar: “esfuerzos dolorosos”, el electorado de Milei, no lo percibe así. Podrá Patricia Bullrich, crear la misma esperanza, o solo se contentará con prometer sangre, sudor y lágrimas.
La Argentina es un país sobre diagnosticado. Llevamos muchísimos años de declive en un mundo de muchísima transformación global. En este escenario, la Argentina debe reencontrar una matriz productiva con inclusión social, que atienda a todos. Milei, nos promete un paraíso terrenal, desterrando a la casta y una milagrosa dolarización que todo lo soluciona.
Está claro que la sociedad quiere cambiar, pero para ello también debemos superar la tolerancia y el acostumbramiento por la declinación, que todos sentimos desde hace muchísimo tiempo. Todos de uno u otro modo, contribuimos al acostumbramiento generando continuamente un falso estado de confort y ahora deberemos superar esa actitud frente al cambio y los esfuerzos dolorosos que implican.
Milei fue aquél que supo interpretar, el cambio real que estaba ocurriendo en la sociedad. Del otro lado, la nueva “unión democrática”, representada por Juntos por el Cambio, con su mayor referente, Rodríguez Larreta, que hizo su campaña sobre la base del consenso de la política, sumando, cuanto Partido Político quisiera ingresar, resultó el derrotado más sorpresivo. Menos mal, que, Patricia Bullrich, presentó un perfil distinto para salvar la ropa, dirigiendo su discurso a los padres y abuelos de los jóvenes electores, pero no llegó a sus hijos y nietos. Y qué pasó con el Peronismo.? Definitivamente fuera de época, representa el monopolio de “lo viejo” y se quedó con lo poco que sobraba y de ahí su fracaso histórico, quedando en tercer lugar. Ni hablemos del resto de los Partidos políticos que compitieron en las PASO, hoy creo que son anécdota.
Las posibilidades de Juntos por el cambio hoy están depositadas en volver a lo que perdió: representar el cambio, que desde el domingo 13 de agosto, se llama Milei. Precisamente por esta razón, si Patricia Bullrich se “larretiza”, podría hasta perder votos por partida doble. Todo hace predecir, que Patricia mantendría su “dureza” pero con el agregado de “gobernabilidad”, que es su único elemento de diferenciación. Sin embargo, además deberá modificar su mensaje haciéndolo atractivo al voto joven. Del otro lado, por ahora, Milei disfruta su triunfo y una simpatía que le justifican todo. Sin embargo, esa tendencia a perdonarle todo, tiene seguramente un umbral en la sociedad y veremos si Milei, lo atraviesa o no, comenzando a desencantar a su propio electorado. Lo peor, le queda a Unión por la Patria, donde Massa especula con algún milagro, que le permita incluirse en el ballotage, aunque todos los pronósticos lo conducen a un nuevo fracaso.
No hace falta un doctorado en sociología para notar que la sociedad argentina está astillada, partida en mil pedazos luego de una década de estancamiento, de una economía que no funciona ni resuelve ni muestra una salida, de una configuración política polarizada que ya no le sirve a nadie, de años pandemia e inflación. Si no hubo en este tiempo una rebelión que arrasara con todo de un único golpe fulminante, como ocurrió en 1989 y 2001, está sucediendo ahora dentro de los cauces democráticos en estas elecciones.
Octubre, tal vez, por fin permita que lo viejo muera y lo nuevo nazca, si es que alguno de los candidatos triunfa en la primera vuelta, sino esta pesada agonía, deberá extenderse a noviembre.
