El Gobierno del Chubut refuerza su presencia territorial dando respuestas
La vigencia de Tato Bores es directamente proporcional a la decadencia de la Argentina
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Tato cumpliría 100 años y me pasé todo el domingo último, reviviéndolo en un programa muy extenso que se vio en el Canal “Volver”. Más allá de la nostalgia de aquellos “grandes” que ya no están, me invadió un sentimiento que no puedo dejar de compartir. La vigencia de Tato Bores sigue creciendo o, al menos, se mantiene viva de generación en generación, incluso más allá de aquellos que fueron contemporáneos de él. Es paradójico que incluso jóvenes que no lo vivieron personalmente sepan de su existencia y rían de su humor político.
Es verdaderamente asombroso que sus monólogos, aunque dichos hace 30, 40 o 50 años, siguen siendo increíblemente actuales. Él hablaba de corrupción, de promesas incumplidas, de crisis económicas, de políticos que no resolvían problemas estructurales… temas que, lamentablemente, siguen presentes en la Argentina de hoy.
En mi caso, que lo disfruté durante largo tiempo todos los domingos, me asombra la actualidad de monólogos que correspondieron a presidentes donde ni siquiera había nacido, como la presidencia de Guido u otros políticos de épocas donde era muy chico.
Por eso, cuanto más se agrava la decadencia argentina, más “vigente” parece Tato. Es como si sus críticas no pertenecieran a una época determinada, sino a un ciclo interminable que nunca se cierra. No es que Tato haya sido un “profeta” en sentido místico, sino que las fallas estructurales del país no se han corregido, y su sátira sigue describiendo perfectamente la situación actual.
Tato Bores denunciaba, entre risas y absurdo, la corrupción, el clientelismo, la burocracia inútil, las promesas eternamente incumplidas y la tendencia argentina a tropezar siempre con las mismas piedras. Su humor mezclaba desesperanza con ironía feroz, mostrando un país atrapado en su propia tragicomedia.
Quién no recuerda el “El teléfono rojo” que usaba para hablar directamente con el presidente de turno. Cada llamada era un diálogo tragicómico sobre promesas incumplidas, inflación, deudas, paros, corrupción y medidas absurdas. “¿Qué tal Presidente, ¿cómo le va? Mire, la gente está un poquito preocupada… sí, por la inflación… ¡ah! que ya la va a solucionar… ¿en qué década?”
Tato relataba su intento fallido de hacer un simple trámite público, enfrentándose a un sistema kafkiano de sellos, ventanillas, autorizaciones y vueltas interminables. Todo contado con desesperación creciente y un humor absurdo. “Fui a pedir un permiso, me mandaron a la Mesa de Entradas… que me mandó al Departamento de Permisos… que me mandó al Archivo… donde estaba cerrado por huelga… ¡pero la huelga estaba autorizada por un permiso que todavía no conseguí!” Ni hablar de la “casta” eterna, que cambia de partido, de discurso, de cargo… pero nunca de prácticas. “Un político argentino es como una media sucia: da vueltas, da vueltas… pero siempre termina en el mismo cajón.”
Sin embargo, uno de los monólogos más impactantes de Tato Bores, sobre el “futuro de la Argentina”, emitido a fines de los 80, suena tristemente actual: “Yo no entiendo más nada. Se pelean, se insultan, se acusan, se denuncian… Y el país cada vez peor. El ciudadano común, que no tiene la culpa de nada, cada vez la pasa peor. Prometen que vamos a estar mejor… pero en el futuro. Siempre en el futuro. Un futuro que nunca llega. Entonces uno se pregunta: ¿y si el futuro ya pasó y no nos avisaron? ¿Y si este presente triste era el futuro que prometían? Mientras tanto, la inflación galopa, la deuda crece, los funcionarios se hacen ricos, y el pueblo, que debería ser soberano, apenas sobrevive. Eso sí: cada tanto hay elecciones… ¡y después todos a seguir igual! ¡Viva la democracia, carajo! ¡Pero con democracia en serio, no de papel!”.
A ello, se agregan frases cortas que hoy son memes antes de ser memes:
“En este país todo cambia para que nada cambie.”
“El político argentino no se suicida: se recicla.”
“Acá, el único plan económico que funciona es el de cada uno, para salvarse solo.”
“Prometen el primer mundo y entregan el cuarto… pagadero en cómodas cuotas de miseria.”
Tato Bores, con su humor agudísimo, trató muchas veces la idea de que Argentina “se refundaba” cada pocos años, como si el país empezara de cero una y otra vez sin resolver nunca sus problemas de fondo: “Cada gobierno que llega dice lo mismo: ‘Ahora sí, empieza una nueva Argentina’. ¡Pero claro! Nueva moneda, nueva Constitución, nuevo plan económico, nueva ley de educación, nueva ley laboral… ¡nuevos impuestos! Y entonces uno se emociona, se compra banderitas, canta el himno, llora de emoción pensando: ‘¡Esta vez sí!’ Pero a los tres meses, inflación del 300%, paro general, crisis política, fuga de capitales, y otra vez a empezar. La Argentina es como un auto viejo al que cada tanto le cambian la patente para que parezca nuevo… ¡pero sigue perdiendo aceite y andando a los saltos! Y después de cada fracaso, algún iluminado sale a decir: ‘Lo que pasa es que no refundamos bien… esta vez hay que refundar en serio’. Señores: ¡la Argentina no necesita ser refundada! ¡La Argentina necesita ser gobernada!”.
Ese domingo de humor y nostalgia me hizo regresar a nuestra realidad, a este Gobierno y a todo lo que nos esta pasando. Me hace reflexionar en lo que pienso y escribo cada domingo. Y por sobre todo, me hace dudar de todas esas frases vacías que nos tiene acostumbrado nuestro actual Presidente: “el mejor ministro de economía, el mejor gobierno de la historia, vieron mandriles ensobrados, etcétera”.
En fin, por unos instantes, pensé en que diría Tato acerca del actual gobierno de Milei: “Buenas noches, compatriotas: otra vez refundando el país. Cambian los carteles, los discursos y los culpables… pero la miseria siempre es la misma. ¡No necesitamos refundar la Argentina! ¡Necesitamos gobernarla! Y rápido, porque mientras ellos hablan… nosotros nos fundimos.”
Tato Bores no era humorista, era cronista anticipado de un país que decidió no corregirse nunca y mientras nuestro país repita su historia, la voz de Tato será eco eterno de nuestra caída.
