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 La oportunidad del cambio y terminar con el péndulo
Columnistas Sergio Mammarelli

La oportunidad del cambio y terminar con el péndulo

3 septiembre, 2023

Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

Hoy ya observamos los perfiles de la campaña electoral hacia octubre.

Massa recibiendo las consecuencias de una devaluación inconsulta y sin sentido, padeciendo una verdadera “ola de desobediencia” a sus recientes medidas, tanto por parte de provincias peronistas, municipios y una enorme resistencia del sector privado.

Patricia Bullrich, presentando a su candidato a ministro de Economía, Carlos Melconian, como su apuesta mas audaz, para sacarlo a la escena política, como vocero económico, mostrando de ese modo una mayor solvencia técnica y una sensación de gobernabilidad, perfilando su nueva campaña.

Mientras tanto Milei, el gran triunfador, no deja de producir hechos provocadores polarizando con todo el resto, pero comenzando a crear una inquietante sensación de “salto al vacío”.

Todavía pesa sobre los argentinos la enorme incertidumbre que planteamos la semana pasada: Lo viejo no murió y lo nuevo no nació. Es cierto, que como nos sucede siempre, pensamos que, al ganar la primera ronda de un mundial, ya somos campeones del mundo y Milei festeja, con muchísima razón, aunque creo que solo pasamos la primera ronda.

La elección del 22 de octubre es muchísimo más que una elección de presidente de la república. En esa elección, se juega muchísimo más que eso, tanto para el futuro nacional, como para muchísimos futuros provinciales, aún en aquellas, donde ya tenemos un ganador. Pero de eso nos ocuparemos en otro editorial.

Octubre, tiene tres escenarios altamente probables, con consecuencias muy distintas, aún cuando Milei pueda resultar el ganador en cada uno de ellos. Con esto, parto de los datos del termómetro político actual, es decir, politólogos y encuestas, dan a Milei como ganador indiscutible.

Mas allá de poner en duda, ese resultado sin haberse jugado el partido, veamos los tres escenarios, en que Milei resulte el triunfador.

Un primer escenario, sería convalidar lo que seguramente los fanáticos de Milei quisieran: La posibilidad de que su candidatura, consiga la difícil tarea de triunfar en los comicios de octubre en la primera vuelta. Fuera de la sorpresa del resultado, no podemos negar que Milei perfila a la argentina de un modo particular. Podríamos así sintetizarlo: Triunfó el cambio, pero con una enorme inestabilidad institucional, que nos crea más interrogantes que certezas acerca del cómo será posible ese cambio mucho más que sobre las medidas concretas prometidas, que desde ya son muy pocas y por sobre todo polémicas. Los argentinos en ese caso, elegimos el presidente más débil de la historia democrática desde 1983 y además le encargamos realizar el cambio más profundo de los últimos cuarenta años. Sin gobernadores, sin superar el tercio de sus diputados y senadores en ambas cámaras del Congreso, Milei deberá agudizar justo lo que no tiene, “su capacidad de diálogo y búsqueda de consensos”, para lograr gobernabilidad. La idea es fascinante cuanto peligrosa y cualquier traspié lo pone institucionalmente, no ya frente al fracaso de sus medidas, sino frente a las puertas del juicio político, como mecanismo institucional de salida de un gobierno. Hoy, todo pareciera encaminarse a este desenlace. Milei no para de crecer y las otras dos fuerzas, todavía no le encuentran la vuelta para cautivar y pescar en la enorme pecera de votos en disputa. De algo no hay duda, si sucede esta posibilidad: lo viejo murió, pero lo nuevo nació con enorme debilidad y posibilidad de morir en cualquier momento.

 El segundo escenario, que muchísimos pronostican también, en particular Massa y Milei, es superar octubre camino al ballotage, dejando en el camino a Juntos por el Cambio. Lo interesante es que además de prolongar la agonía hasta noviembre, aquí la posibilidad del cambio se torna muy difusa, pero la opción es bien nítida: Lo viejo o lo nuevo. En esta hipótesis, lo viejo no murió y lo nuevo todavía no nació. Seguramente, pasado el duelo de Juntos por el cambio, que lo pone al borde de su disolución como espacio político, la pregunta es dónde irán los votos de Patricia Bullrich.? Pensemos que, en estas elecciones de ballotage, el que perderá es el que tiene más oportunidades de colocar al próximo presidente. Aún así, ganando Milei, lo nuevo nacerá conviviendo con lo viejo en lo institucional y nuevamente dependerá de lo que no tiene -capacidad de diálogo y consenso- para que la criatura crezca.

Frente a esta alternativa, deberemos asistir a un debate muy interesante. Cuantos quieren un cambio peligroso y cuántos prefieren la vieja argentina trucha. El liderazgo mesiánico de Milei, se enfrenta al liderazgo de todos lo que siguen prefiriendo una argentina trucha, entendida por todo lo que vivimos en las últimas décadas: privilegio, clientelismo, corrupción, empresariado prebendario, sindicatos especuladores, etc. Y en esto Massa es el candidato perfecto.

Posiblemente en ese duelo, la economía defina y Milei resulte ungido con el voto popular, llegando igual a la presidencia de la nación. Sin embargo, ahora el peligro institucional toma otro tipo de relevancia: El cambio estará jaqueado por lo viejo, que seguramente impedirá que se produzca. Lo que sucederá es más que incierto, pero sinceramente poco alentador. Aquí, realmente la “gobernabilidad está en peligro”, salvo que el famoso pacto entre Milei y Massa, además de un acuerdo electoral, se convierta en un acuerdo de gobernabilidad, pero “quién le compra un auto usado a Massa¡”.

Por fin llegamos al escenario más deseable, no para los candidatos, pero si para la argentina. Es la opción que a mi juicio equilibra la balanza y tranquiliza una futura gobernabilidad y asegura la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo. En efecto, qué sucedería si en el mes de octubre, ganan Milei y Patricia, sin importar el orden, dejando fuera definitivamente a Unión por la Patria en el ballotage.

La primera consecuencia, se provocaría puertas adentro del peronismo. Explotó la bomba tan temida. El peronismo, ni será mencionado de octubre en adelante, explotarán las diferencias internas y nadie sabe a ciencia cierta, el tiempo que le llevará al espacio ya no para su autocrítica, sino esta vez, para “reinventarse”. Algo bastante similar a lo que le sucedió al radicalismo en el 2001 y todavía sigue luchando por transformarse en un Partido de Poder, habiendo pasado más de veinte años.

Fuera de ello, lo inédito e interesante, es que se consolida definitivamente una aspiración de una enorme mayoría de la sociedad: La argentina, ya no volverá a lo viejo. El cambio ya sabemos que tendrá un efectivo parto y nacimiento a partir de diciembre y además le estamos asegurando una vida saludable en sus primeros años de infancia.

Solo queda la incertidumbre en noviembre, de quién conducirá el cambio y de qué manera se hará. Noviembre será en este caso una verdadera elección “relajada”. Ya en octubre tenemos claro, que seguramente la argentina tendrá un presupuesto equilibrado, finalizará la fiesta de la emisión monetaria, tendremos una moneda más fuerte, sea el dólar o una economía con dos monedas, sabemos que no tendremos más piquetes, que la argentina se deberá edificar sobre la idea del trabajo y el mérito, que nuevamente la argentina se abrirá al mundo, etc, etc.  

En la elección de noviembre existirá un solo debate: quién conducirá y cuál es la forma del cambio. Nos enfrentaremos por primera vez, a un ballotage con ideas diferentes pero un mismo final: la argentina va a cambiar a partir de diciembre. Lo inédito de este escenario, es que la elección de noviembre se transformará en una paradójica PASO, entre dos fuerzas que se parecen mucho a una interna de un solo espacio.  Ambas fueron elegidas para que el cambio sea posible y no habrá marcha atrás. Ninguno de los dos, puede sacar los pies del plato, ninguno podrá hablar de ninguna otra cosa que no sea cambiar la argentina.

La elección de noviembre se transformaría así, en una gran “elección interna”, que pasaría a tener una lógica diferente:  el que gana conduce y el que pierde, esta vez, está obligado a acompañar como opositor. Esta nueva actitud que deberán adoptar los dos espacios tiene consecuencias más que interesantes. La primera, despojarse de lo viejo por un buen tiempo, mientras se juntan los pedazos del desastre nuclear hacia dentro del peronismo. Ello, asegura desde el punto de vista institucional, bloques de la oposición peronista divididos, Gobernadores peronistas desorientados, Municipios despojados de las peores costumbres de los últimos 40 años. A todo este alboroto de consecuencias impredecibles, se le une una institucionalidad, asegurada por el voto popular. Ninguna de las fuerzas que queden en la oposición del cambio pueden desestabilizar al que ganó: La gobernabilidad está asegurada, tanto si gana Milei como si gana Patricia Bullrich.  Todo lo que lo que hagan de allí en adelante, será el éxito o la culpa de ambos y posiblemente sobre esa base, se construirá la alternancia de los próximos años democráticos.

En un escenario así, poco importa quién gane en noviembre. Ahí, la emocionalidad de todos los argentinos tiene una misma dirección. Seguramente nuestros corazones estarán con uno u otro candidato, pero por fin podremos decir que lo nuevo ya nació.

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