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LA INDUSTRIA PETROLERA Y EL AMBIENTE
Comodoro Rivadavia y el petróleo. Su historia y el presente. La construcción de ese futuro cuyo punto de partida, sin lugar a dudas, inicia cada día.
Por Jordana Mrla y Nicolás Coluccio, referentes de Ambiente, Municipalidad de Comodoro Rivadavia.
Es imposible narrar el presente y proyectar los días que vendrán dejando de lado la historia que marcó a la ciudad, la región y su pueblo. Las decisiones políticas nacionales de aquellos años pasados, que apostaron a la industria extractiva del petróleo, aprovechando los precios de los commodities de la época a nivel internacional, permitieron el conocido boom del oro negro, que llenó de expectativas a la cuenca del Golfo San Jorge, traducidas en el tiempo, en crecimiento demográfico, prosperidad económica y desarrollo exponencial de instalaciones dedicadas a la obtención de tan preciado fluido.
Pero a principios del siglo XX, cuando todo esto fue posible y se llenó de promesas la política energética de la época, las tecnologías empleadas para el desarrollo productivo, así como las regulaciones fueron escasas. En materia ambiental directamente inexistentes, porque su abordaje aún no existía en el mundo. Los primeros yacimientos, estuvieron próximos a los desarrollos habitacionales, donde hoy están los barrios más poblados de la ciudad, para avanzar luego sobre los cañadones y llegar a la meseta, la llamada “Pampa”, que hoy nuclea la mayor actividad. Todos quienes habitamos esta tierra, oímos hasta hace muy poco tiempo atrás, entre nuestros conocidos, amigos, familia, aquella frase: “subí a yacimiento”, “estoy bajando”.
El desarrollo productivo de esta industria a la par del crecimiento de la ciudad, cuyo enlace y convivencia han sabido perdurar más de un siglo, atravesó, sin lugar a dudas, más de 50 años de operación carentes de conocimientos en materia ambiental, por los motivos antes expuestos. La actual venta de esas áreas maduras, grandes extensiones que fueron las pioneras en la zona y también las que se sometieron a esas condiciones de la época, mayormente en nuestro suelo comodorense, generan un importante impacto, económico, social y ambiental.
La salida de YPF SA, invita a un análisis profundo y colectivo de la comunidad, que convoca a todos en la evaluación del daño ocasionado por el pasivo ambiental, pero también por las viejas instalaciones no abandonadas o inactivas que quedaron sobre el ejido y por las afectaciones directas e indirectas, que legó este desarrollo. Hoy más que nunca, tenemos que tener presente, que las reglamentaciones ambientales, los controles y la inversión destinada a ello, son prioritarias y no deben ser puestas jamás en segundo lugar, para garantizar así el cuidado de nuestros recursos y la sostenibilidad de los desarrollos productivos.
El ambiente está presente en todo el desarrollo de la industria. El mantenimiento preventivo de las instalaciones, la inversión en nuevas tecnologías, el recambio de viejas instalaciones, el retiro de ductos en desuso y rezagos propios de la actividad productiva, las capacitaciones del personal y la concientización en general, deben preponderar y superar a las acciones de remediación y saneamiento, para que, en el futuro, no tengamos que encontrarnos con nuevos “pasivos”.
Comodoro Rivadavia, capital nacional del petróleo, con sus 102 años de crecimiento de la empresa Yacimiento Petrolíferos Fiscales, posee historia y cicatrices. Observa salinización, cañadones cortados por locaciones que fragmentan su paisaje, erosionan sus taludes manifestándose como importantes grietas –cárcavas-. También posee cañerías no retiradas, antiguas instalaciones abandonadas y más de 6000 pozos dentro de su ejido, de los cuales más de un 25 % se encuentran inactivos, representando un potencial riesgo al ambiente y la seguridad.
En abril del pasado año, desde la Subsecretaría de Ambiente se inició un importante proceso de relevamiento de pozos inactivos, habiéndose superado los 600 ya, realizándose semanalmente de forma ininterrumpida hasta la fecha. Pero también, hizo lo propio con instalaciones activas, como las plantas y baterías, detectando instalaciones de emergencia con contenido de hidrocarburos en su interior, redes dañadas, falta de instalaciones de control, incidentes, entre otros. Resaltándose una vez más la importancia del mantenimiento preventivo de las instalaciones en materia ambiental.
Es nuestro compromiso como sociedad empezar a generar esa conciencia y compromiso sobre los daños ambientales, que van desde la mancha de petróleo, viejas instalaciones asociadas a la producción petrolera, antiguas piletas enterradas, hasta salinización y erosión, producto de la compactación y fragmentación de nuestras laderas y cañadones; para procurar un mejor desarrollo a las generaciones venideras.
Debemos también, desde el estado, generar los marcos regulatorios necesarios para cada uno de los aspectos que requieran este desarrollo, y poder así trazar el camino de la política pública que deseamos que persista en ese futuro. El saneamiento, remediación y compensación del daño ambiental, debe ser prioritario en toda agenda, porque mejora la calidad de vida de todos quienes habitamos esta tierra. Existen tecnologías para ello. Pero también debe ser, para quienes operan las áreas hidrocarburíferas, la inversión ambiental destinada prevención y así como toda acción tendiente a mejorar el control de las instalaciones o la calidad de las mismas.
Atravesamos a diario situaciones complejas generadas a partir de la venta de las áreas de YPF SA y su pronta salida, sin terminar de sanear situaciones que la propia empresa venía atendiendo. Contamos entre ellas con el retiro de antiguas instalaciones petroleras soterradas detectadas en proyectos de urbanización que afectan a más de 850 lotes de familias. Sitios donde los pozos se encuentran abandonados, pero no fueron retiradas, por ejemplo, sus cañerías. Complejo, porque impide la continuidad de las obras, pero de simple atención en su remediación, implicando el retiro de las cañerías y suelo que pudiera haberse afectado. Acciones que la empresa saliente había iniciado, pero detuvo al vender sus áreas, omitiendo su responsabilidad asumida ante el pasivo ambiental reconocido y relevado.
Por ello, no debemos dejar de lado las responsabilidades sobre el daño ambiental generado, conceptualizadas en la Ley General del Ambiente N° 25.675, pero también en los marcos normativos que de ella se desprenden. Nos merecemos construir un futuro mejor, entendiendo lo que nos pasa y reclamando todo aquello que solucione los problemas de nuestros vecinos, pero también garantice un mejor porvenir.