Ola Rada Tilly 2026 consolidó una propuesta integral con más
La euforia por la normalidad y la ceguera del éxito
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
En poco más de cinco días el Gobierno de Milei pasó de una pesadilla de derrotas en el Congreso y un peligroso ambiente económico, a tomar nuevamente la iniciativa tras un claro éxito. Le voltearon los pliegos de los jueces propuestos para la Corte Suprema y le crearon una comisión para investigar el escándalo cripto. En ese viernes negro, la inflación trepaba al 3,7% y ese mismo día estuvo obligado a vender más de 400 millones de dólares para mantener el tipo de cambio.
Sin embargo, todo cambió el viernes por la noche: la euforia del viernes concluyó con haber confirmado el acuerdo con el Fondo por US$ 20 mil millones, pero sobre todo por la dimensión del primer desembolso de US$ 12 mil que lo llevó a anunciar el levantamiento parcial del cepo porque beneficia a las personas, no a todas las empresas.
En fin, hoy poco importa si el resultado fue fruto de la desesperación o una estrategia cuidadosamente programada. ¿“Cedió o era el plan”? ¿Acaso importa algo? Si la estrategia fue perder más de 2500 millones de dólares en 15 días Dios nos guarde de esas estrategias. Lo único que importa es que hasta ahora el “conejo de la galera” salió bien. El peligro de la primera semana fue sorteado con toda claridad y la Argentina ingresa nuevamente en una sorprendente normalidad que hasta nos cuesta acostumbrarnos.
Lo importante es que el levantamiento del cepo, el fin del dólar blend y de la tablita, y la flotación entre dos bandas eran consejos razonables que algunos “mandriles” hicieron puntualmente y a su tiempo, y por los cuales muchas veces les cayeron con dureza funcionarios comenzando por Milei y otros operadores digitales de la Casa Rosada.
¿Acaso, también será una cuidadosa estrategia, que la baja de retenciones era con un plazo, que ahora se eliminan? “Vendan, porque después vuelven las retenciones a lo que eran antes”, dijo Milei. Y aunque el sector agropecuario respondió: “Nos están extorsionando”, la realidad es que siempre fue así. Las retenciones no se bajan por una política comercial o productiva ligada al campo, sino para estimular a que el sector exportador venda y ofrezca dólares. Es el problema de la Argentina desde hace casi 100 años.
Tampoco sabemos si formó parte de esta estrategia cuidadosa, que el Gobierno renuncie a tener el control sobre el dólar como una herramienta antiinflacionaria. Lo cierto es que, de ahora en adelante, solo queda otra variable económica para llegar a las elecciones: la tasa de interés, que, dicho sea de paso, ya ha subido.
Milei sabe que el mayor peligro de su experimento es que la derrota de la inflación no termine en una recesión.
Lo que a esta altura me resulta muy irritante, por su pavoroso parecido con Cristina, es la mentira envuelta en relato triunfalista.
¿Por qué no admitir que el Gobierno el lunes devaluó? No solo es lo que pasó, sino que además está bien. Algo similar pasará con el pasaje a precios de la devaluación. Claramente no dependen del Gobierno salvo en una cosa: su credibilidad. La experiencia indica que cuando más credibilidad hay en la política económica menos impacta el pasaje a precios de una devaluación.
No es una buena manera de crear confianza, la euforia, el insulto y la creación de un nuevo relato que no existió. A punto tal que esa euforia, incluso se transmitió a la política, cosa que se observa con la posición agresiva del Gobierno con el Pro, en particular con Jorge Macri y Mauricio. Hasta la ligó Antoni Gutiérrez-Rubí, el catalán que asesoró a Massa en ese momento y que ahora asesora a Jorge Macri. Le quitaron el permiso de residencia porque descubrieron que había dicho que tenía un contrato con una universidad que finalmente no tenía. Todo porque le atribuyen ser el autor de una campaña sucia contra los Milei.
Hoy como nunca podemos afirmar que solo existe en nuestro país un solo partido nacional: La libertad Avanza y nada más. Cristina, presidente del Partido Justicialista a nivel nacional acaba de capitular reconociendo que solo es una facción minoritaria en la provincia de Buenos Aires. El radicalismo, aún ganando en Santa Fe, solo confirma que quedó relegado a un partido multi/provincial. Y para colmo, Macri se conforma con descender a una disputa por la derecha en la ciudad que vio nacer a su partido: el Pro. Todos hoy son una suerte de partidos provinciales que luchan por sobrevivir frente al único partido nacional: La LLA.
En este contexto, Milei sabe que esta elección es una gran interna de la derecha y nada más. Debe ganarles a los amarillos para monopolizar en la verdadera elección que será la futura presidencial. Su objetivo es claro, comerse a la derecha. Por eso no hay ficha limpia.
Solo queda una única reflexión: El mayor peligro de Milei es él mismo. Hoy solo hay posibilidad para los errores autoinfligidos. De ahí la pregunta por su mayor debilidad: enceguecerse con el éxito.
