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La educación en debate: tensiones, desafíos y el impacto de la IA
Especial para InfoSur
Teresa Ruiz, Carlos Magno y Horacio Avendaño participaron de un profundo análisis sobre el presente del sistema educativo en diálogo con el programa radial En Línea, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos Radio. Desde trayectorias y roles diferentes, coincidieron en señalar que la educación atraviesa un momento de indefinición, atravesado por tensiones estructurales, cambios acelerados y un marcado desgaste de quienes sostienen cotidianamente las aulas.
El escenario actual muestra un sistema sometido a transformaciones constantes, muchas de ellas abruptas, que no siempre vienen acompañadas por los recursos, la planificación ni los consensos necesarios. Esta dinámica impacta de lleno en las instituciones educativas y, especialmente, en los docentes, que enfrentan una sobrecarga de tareas, responsabilidades crecientes y una presión administrativa que se intensifica hacia el cierre del ciclo lectivo. A esto se suma un contexto económico adverso que obliga a multiplicar horas de trabajo, con consecuencias directas sobre la salud y la calidad de la enseñanza.
La discusión sobre la educación, lejos de ser nueva, aparece hoy más abierta que nunca. Se trata de un sistema históricamente en disputa, en el que se confrontan distintas miradas sobre el rol del Estado, el sentido de la educación pública y el tipo de sociedad que se busca construir. En ese marco, se advierte una tendencia a trasladar problemas estructurales al plano individual, señalando a docentes o escuelas, mientras se diluye la responsabilidad estatal de garantizar condiciones dignas, previsibilidad y un rumbo claro.
Uno de los aspectos más sensibles es el desgaste acumulado en la docencia. La intensificación del trabajo, la burocratización de las tareas y la exigencia permanente de respuestas inmediatas generan un clima de agotamiento que no se limita a quienes están frente al aula, sino que se extiende a toda la comunidad educativa. Las instituciones también se resienten cuando sus agentes trabajan bajo presión constante, sin espacios reales para la reflexión pedagógica ni para el cuidado de la salud mental.
En este contexto, la tecnología y la inteligencia artificial irrumpen como un nuevo factor de debate. Si bien se las presenta como herramientas capaces de modernizar y optimizar el sistema, en la práctica muchas veces terminan reforzando lógicas de control y acumulación de tareas administrativas. En lugar de aliviar el trabajo docente, los sistemas digitales suelen sumar exigencias, plazos y reportes, profundizando el cansancio y desplazando el eje pedagógico.
Al mismo tiempo, la incorporación de la inteligencia artificial plantea interrogantes de fondo sobre el sentido de la educación. No se trata solo de aprender a usar nuevas herramientas, sino de definir para qué se las utiliza y al servicio de qué proyecto educativo. Sin una orientación clara, existe el riesgo de que estas tecnologías amplíen desigualdades, fragmenten aún más el sistema y se conviertan en un fin en sí mismas, en lugar de fortalecer procesos de enseñanza y aprendizaje críticos y creativos.
Otro elemento central del análisis es la transformación del vínculo entre la escuela, las familias y la sociedad. La red de responsabilidades compartidas que históricamente sostenía el sistema educativo aparece hoy debilitada. En muchos casos, la escuela queda como el único espacio de contención visible, cargando con demandas sociales que exceden su función específica. Esta situación se ve agravada por discursos que deslegitiman la educación pública y erosionan la autoridad pedagógica, generando tensiones y conflictos que se hacen más visibles en momentos clave del calendario escolar.
Detrás de estas problemáticas emerge una pregunta que atraviesa todo el debate: ¿para qué y para quién es la educación pública? Los cambios normativos frecuentes, las reformas anunciadas y las discusiones inconclusas no son neutras, sino que responden a intereses y modelos de organización social que rara vez se explicitan. Recuperar ese debate de manera abierta, amplia y democrática aparece como una condición indispensable para reconstruir consensos y pensar un sistema educativo con proyección a largo plazo. Lejos de clausurar la discusión, el intercambio dejó en claro que la educación sigue siendo una de las principales ventanas abiertas hacia el futuro. En un contexto de transformaciones tecnológicas aceleradas y tensiones sociales persistentes, el desafío es volver a poner en el centro el sentido colectivo de la educación, el cuidado de quienes enseñan y aprenden, y el rol indelegable del Estado como garante de un derecho fundamental.