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 La economía podría estar mejor en los próximos meses, pero la democracia cada día está más erosionada y a Milei no le interesa
Columnistas Sergio Mammarelli

La economía podría estar mejor en los próximos meses, pero la democracia cada día está más erosionada y a Milei no le interesa

15 septiembre, 2024

Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
.

Los argentinos seguimos pensando que “democracia” es solo concurrir cada tanto a votar. El concepto casi se reduce a eso. Por esta razón es tan común que, luego de elegir, el gobierno elegido gobierne con discrecionalidad y sin control. Esta idea es reforzada por una tranquilidad ciudadana de que si esto no se interrumpe como solía suceder en el pasado con algún “golpe de estado militar”, la democracia está asegurada.

Pero, ¿qué asegura que el fantasma del pasado no vuelva, en un ambiente político donde la sociedad es cada vez más crítica de la dirigencia política y del Estado? Pareciera que la única solución a este deterioro está en manos de la Constitución y la República. ¿Y qué sería esto? Fácil, la Constitución y la República nos aseguran los controles necesarios para poner freno a esta democracia mal entendida.

El peligro de hoy es que la sociedad argentina tiene una profunda desconfianza de sus representantes. Hasta siente un hartazgo general expresado en esta palabra de moda: La casta, de la que el Presidente Milei colabora en mantener en la memoria colectiva todo el tiempo, aunque de a poco, solo para lo que le conviene.

Milei es un maniqueo. Divide continuamente a la sociedad entre buenos y malos. Él es casta económica, como lo demuestra su pasado laboral para quiénes trabajó hasta ser diputado y luego presidente. Esas mismas empresas e instituciones tuvieron siempre una relación interesante con la casta política y más de una vez, participaron de esa misma corrupción de la que ahora todos nos asombramos y detestamos. Sin embargo, hoy Milei se muestra como el abanderado de la anti casta política, con un perfil profundamente populista y violento: desprecia como seres humanos a la oposición. El éxito de su experimento, ya a esta altura, es bastante conocido. Milei se convirtió en el candidato a mano de toda una ciudadanía que solo quería expresar un sentimiento de bronca y varias emociones de hartazgo, desilusión y ansiedad. Muy pocos lo votaron por su propuesta económica, sino porque se expresaba en contra de aquellos a los que verdaderamente odiaban los argentinos casi por igual: los políticos y el Estado. Milei, criticando a la casta, lejos de faltarle el respeto a los ciudadanos, aumenta su caudal político, mientras que la política y el Estado en argentina le vienen faltando el respeto a los ciudadanos hace años. El Estado te jode todos los días en contra de aquella idea que mayor Estado es mayor bienestar y la corrupción de los políticos te hiere todos los santos días con nuevas noticias de cómo se robaron la Argentina toda.

Es profundamente paradójico que en nuestro país el Estado se preocupe más de los jubilados o los viejos, pero sin embargo abandone a la niñez, que son el futuro. De ahí los índices de pobreza e indigencia en los niños.

Hay una nueva clase social: los millonarios pobres. Casi el 60% de la población es marginal en nuestra sociedad. Sin atención sanitaria básica, con escuelas devenidas en comedores y sin trabajo o con uno precario. Hasta ahora Milei llenó el país de familias pobres que ganan $ 1 millón. Más del 60% del país se encuentra allí, donde las personas no acceden a una sana alimentación, viven hacinados, sin cloacas, sin agua potable, con una paupérrima educación, con escuelas que se han convertido en comedores y guarderías escolares más que centros de estudio.  Y precisamente allí está la mayoría de nuestros jóvenes y niños. Ellos no tienen oportunidad de hacer marchas ni tampoco están representados por ningún colectivo organizado que los defienda. ¿Acaso alguien pensó cómo saldrán de ese estado de pobreza estructural, mal comidos, sin capacitación, mal vestidos y sin derecho alguno a vivir rodeado de una infraestructura básica que los demás gozan todos los días?

En los últimos meses, a pesar de los intentos de Javier Milei para calmar las aguas, el frente político de La Libertad Avanza entró en estado de ebullición. El más reciente borboteo ocurrió cuando nada menos que el Presidente Previsional del Senado, Bartolomé Abdala, admitió que usa empleados públicos para preparar su precampaña a gobernador en San Luis. En el Senado, 6 senadores de Milei tienen 88 asesores y gastan más 120 millones de pesos al mes. Como hace poco dijo Malamud, está lleno de amateurs. Es un corso a contramano. Son una banda que se achica cuando lo lógico es que se agrande puesto que son el oficialismo. Lo gravísimo es que demostraron que son HIPER casta o algo peor, una casta aspiracional. No vinieron a cambiar las cosas, sino a reemplazar a los que estaban. Con sus mismos hábitos y costumbres. Como prueba irrefutable de ello, esta semana nos enteramos del primer pedido de “coima” en la empresa de carbón mineral “Río Turbio”. Y seguramente, comenzarán de a poco a aparecer muchísimos más casos como éste.

Con esta miopía política estamos destruyendo el futuro, porque un niño mal alimentado no tiene un buen futuro. Los rendimientos escolares son fruto de la pobreza. El 70/80% de los chicos están mal comidos. Cuando tienen la edad de saber leer y escribir (5/6/7 años), se drogan en barrios vulnerables. Cuando tienen 12/13 años no saben leer y menos aún comprender. Cuando llegan a la secundaria, la abandonan porque no entienden. Sin embargo, para Milei el único problema es la economía y todos estos problemas los solucionará el anarcocapitalismo.

Hace más de 20 años que nuestro país viene en contramano con toda Sudamérica. Empeoramos en economía, mientras el resto de los países latinoamericanos mejoraron todos sus índices. Nuevamente Malamud nos consuela con que mejoramos en política: tenemos menos fragmentación que nuestros vecinos y no tenemos violencia política. Como consuelo, me sabe a poco.

Hace menos de una semana, reapareció Cristina para indicarnos a los argentinos que está viva. Que el Kirchnerismo todavía no murió. Tal vez sea así. Coincido hace tiempo con muchos analistas políticos, que el Kirchnerismo es simplemente una etapa del Peronismo. En otro momento fue el Menemismo indestructible.  La explicación es bastante lógica. El Peronismo no es una ideología, es una identidad socio política. Será por eso por lo que los peronistas jamás decimos “yo voto al Peronismo” sino “yo soy peronista”. El Peronismo es, coincidiendo con Malamud, una identidad del mismo modo que tu equipo de futbol. Ninguno cambia de equipo, cuando a tu cuadro le va mal y pierde partidos o cuando la dirigencia es pésima y corrupta o el director técnico es un desastre. Es la combinación perfecta entre identidad popular y vocación de poder. Por eso el Peronismo puede ser triple A o Montoneros. La ideología es irrelevante. Y lo peor, es una moda que continuamente se adapta. Precisamente eso explica que todavía conserve casi en forma invariable ese 30% de piso en casi todas las elecciones. Ser peronista y votar al Peronismo son conceptos relacionados, pero absolutamente distintos. Ser peronista implica una identificación ideológica y emocional con los principios y valores del Peronismo, que incluyen la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Se siguen admirando a figuras históricas como Juan Domingo Perón y Eva Perón, y se sienten parte de una idea en busca de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores más vulnerables. Como signo de independencia, somos los únicos que frente al parafraseo de que todos piensan o van para determinado lado, simplemente se contesta: Y a mí que me importa. En cambio, votar al Peronismo puede ser una decisión más pragmática y puntual. Eso es otra cosa.  Y es la razón por la cual muchos peronistas no votaran al Peronismo durante décadas.

¿Porqué digo todo esto? Porque es difícil ver a Cristina como candidata, pero no imposible. Siempre da alguna sorpresa. Sigue siendo históricamente, la dirigente política más importante de la Argentina, dos veces elegida Presidente y otra como Vice. Nadie tuvo el éxito que ella tuvo. Ni Roca, ni Néstor tuvieron esa suerte. Tiene sensibilidad popular y vocación de poder y además tiene votos, nada menos que el conurbano bonaerense. Con lo expuesto, pensar en el fin del Peronismo o aún del Kirchnerismo, todavía está por verse, no porque lo quiera sino porque es una posibilidad real.

Pese a los peores pronósticos, Argentina por su posición geográfica se encuentra al margen de la efervescencia y continúa teniendo en su haber aquello por lo que nuestros abuelos la eligieron: paz. Asimismo, es la tercera economía más grande de América Latina, es el octavo país más grande del mundo en territorio y según el último informe del Banco Mundial: “el país cuenta con abundantes recursos naturales. Tiene tierras agrícolas extraordinariamente fértiles, cuenta con importantes reservas de gas y litio, y tiene un enorme potencial en energías renovables”. Es líder en producción de alimentos, con industrias de gran escala, particularmente en agricultura y ganadería vacuna. Tiene grandes oportunidades en algunos subsectores de manufacturas y en el sector de servicios innovadores de alta tecnología”. Así nos ven, menos nosotros.

En nuestro país el hartazgo y la inmoralidad han provocado un cambio disruptivo en la política, rompiendo con los modelos tradicionales de partidos ya que ninguno de los anteriores ha solucionado los problemas de la ciudadanía. Argentina ha migrado del modelo tradicional a una especie de gerenciamiento público del Estado subordinando la propia política a la mera administración económica, esto genera una relación diferente del Estado con una sociedad, una sociedad que se dio cuenta de que el dinero no cae del cielo. Mi enorme duda frente a los hechos que suceden día a día es si ese gerenciamiento sucumbirá como le sucedió a Macri, que con idioma más gentil nos prometió exactamente lo mismo.

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