Israel: ganancias estratégicas, (in) estabilidad regional
Por Alberto Hutschenreuter
Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido profesor en la Escuela Superior de Guerra Aérea, en la UBA y en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN). Su especialidad es la geopolítica. Su último libro, publicado por Editorial Almaluz en 2023, se titula «El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre».
Los hechos se suceden vertiginosamente en el Oriente Medio. En poco más de siete días, varios dirigentes de Hezbolá sufrieron ataques selectivos letales por parte de las fuerzas israelíes, cayendo el propio líder del grupo político y militar chiita libanés fundado a principios de los años ochenta durante la confrontación civil en el Líbano.
Asimismo, Israel lanzó una incursión militar en el sur del Líbano con el fin (en principio) de empujar a Hezbolá lejos de su frontera de casi 80 kilómetros con ese país.
Como consecuencia, Irán, por segunda vez en pocos meses, atacó con una gran cantidad de misiles el territorio de Israel, ubicado a 1800 kilómetros de Irán. Si bien el ataque no produjo ninguna muerte israelí, sí exigió el activo despliegue del sistema de defensa antimisisles de Israel («Domo de Hierro», “Cúpula de David” y «Hetz- Arrow»).
¿Qué reflexiones podemos hacer sobre esta peligrosa situación?
Acaso la principal es la relativa con la «funcionalidad» del ataque del 7 de octubre de 2023 al territorio de Israel por parte de los varios grupos terroristas de Gaza.
Es posible que dicho ataque tuvo como propósito, además de causar daños extremos a los israelíes, «deslaterializar» el conflicto palestino-israelí y refrenar el curso de acuerdos entre Israel y países árabes, rumbo que, de concretarse, prácticamente habría significado el final de los objetivos palestinos de independencia o de «dos Estados».
Sin embargo, el ataque del terrorismo palestino prácticamente no sólo acabó con Hamas y Gaza, sino que pudo haber proporcionado a Israel la oportunidad para golpear contundentemente al denominado «eje de resistencia» de Teherán en la región. A juzgar por los hechos, posiblemente fue (y es) así.
Israel sabe que Irán rehúsa un enfrentamiento directo contra sus fuerzas. De lo contrario, habría atacado con mayores capacidades y no con misiles que sabe muy bien serán neutralizados por Israel.
Sin duda que Irán ha construido poder a escala regional, fungiendo algunos hechos favorables en relación con su proyección de influencia, por caso, la desarticulación del Estado de Irak, que tuvo consecuencias regionales e incluso globales que se extienden hasta hoy.
Pero su gasto en defensa es muy inferior al de Israel; asimismo, si bien su poder aéreo puede ser cuantitativamente similar al de Israel, este país lo aventaja con la tecnología, por ejemplo, dispone del F-35, es decir, un sistema de armas «furtivo» que puede evadir radares (hay empresas israelíes como Axon Vision y Asio Technologies que actualmente desarrollan tecnologías militares con base en la inteligencia artificial). Su sistema de inteligencia estatal es uno de los más eficientes del mundo y su principal activo de seguridad; tiene proyección espacial; cuenta con el apoyo de Estados Unidos y Reino Unidos (hoy mismo Israel y Estados Unidos consideraban ataques a infraestructuras energéticas de Irán); y, finalmente, dispone del arma nuclear (único país de la región en poseerla).
En relación con otros poderes extra zonales, Rusia y China apoyan a los palestinos y mantienen buenas relaciones con Irán. Pero no tienen una alianza de defensa con este país ni tienen malas relaciones con Israel, sobre todo, Rusia. Como bien sostiene el argentino Jorge Elías, el propósito de esos poderes es, ante todo, frenar la influencia de Washington y sus tendencias monopolares.
Completa este breve cuadro la situación socioeconómica de Irán, datos que necesariamente deben adjuntarse a su ascenso geoestratégico.
En nivel de vida de los iraníes ha descendido a una situación parecida a la que tenía hace dos décadas. Y ello no obedece tanto a las sanciones, pues buena parte de las exportaciones de petróleo se dirigen a China, que no participa de las mismas.
La inflación, el grado de corrupción en el Estado y el clientelismo desplegado por éste, son tres de las principales causas del estancamiento y el incremento de la pobreza en el país.
Para la juventud y la población económicamente activa, la revolución no sólo es algo que ha quedado muy atrás, sino que nada demasiado superior al viejo régimen monárquico existe hoy.
De manera que la ofensiva israelí puede responder a la pertinencia estratégica para afectar las capacidades regionales de Irán.
Ello no traerá orden regional, pues nunca podrá haber orden en un escenario donde haya partes que tengan como propósito la desaparición física de otra parte. La ofensiva solo implicará un «reajuste» estratégico en relación con el poder iraní y sus extensiones y medios para perpetrar ataques. Por ello, desde la perspectiva de la analista estadounidense Dalia Dassa Kaye, Israel no buscará por ahora una salida diplomática, sino una afirmación militar.
Pero esa búsqueda y sus ganancias estratégicas también podrían crear situaciones sumamente inestables, por ejemplo, como bien advierte el analista de Geopolitical Futures, Kamram Bokhari, si en su incursión en el Líbano, debido a sus éxitos militares, Israel amplía sus objetivos hacia no solo el debilitamiento militar de Hezbolá, sino también hacia su debilitamiento político, creando una oportunidad para sus oponentes políticos en ese país. Se trata de un escenario interesante, pues si ello sucede y todo marcha bien, ello podría significar la desaparición de la estrategia regional iraní. Pero también se correría el riesgo de desencadenar una nueva guerra civil en el Líbano.
Asimismo, disminuidas las capacidades “visibles” de Irán en la región, se podrían potenciar sus capacidades “intangibles”, principalmente, el terrorismo regional, continental y global.
En breve, se trata de hechos en Oriente Medio, la placa geopolítica del mundo donde los conflictos son irreductibles, es decir, apenas pueden gestionarse por cortos espacios de tiempo, y siempre por vía de la fuerza.
