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 En la Argentina, cada vez que alguien anuncia el “último clavo en el ataúd del Peronismo”, termina comprando el martillo y vendiendo el ataúd en cuotas
Columnistas Sergio Mammarelli

En la Argentina, cada vez que alguien anuncia el “último clavo en el ataúd del Peronismo”, termina comprando el martillo y vendiendo el ataúd en cuotas

14 septiembre, 2025

Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

Lo que alguna vez fue presentado como una épica disruptiva, hoy se desinfla como globo pinchado por el más viejo de los alfileres: el de la realidad. La reciente elección en la provincia de Buenos Aires fue más que un revés electoral: fue un referéndum anticipado sobre la viabilidad política de un gobierno que se jacta de no construir puentes. Con un 66% del electorado bonaerense dándole la espalda, el mensaje fue contundente. Y lo peor es que no lo dijo Grabois, ni Kicillof, ni Cristina, sino la sociedad. Gobernar sin consensos es inviable. Gobernar desde la agresión, insostenible.

El cachetazo bonaerense: Kicillof, el oponente inesperado, convertido en candidato a presidente.

La Libertad Avanza no solo perdió: hizo un papelón. Milei esperaba un voto que legitimara su estilo de gobierno y recibió todo lo contrario. El Peronismo no solo ganó con contundencia, sino que logró un resultado que fue, en simultáneo, un triunfo de Kicillof sobre Milei y por sobre todo sobre Cristina Kirchner. El domingo, la jefatura del Peronismo cambió de manos sin necesidad de proclamas, renuncias ni elecciones internas. Ese 47% que votó al Peronismo no es Kirchnerismo duro ni Cristinismo fanático. Es un electorado que encontró en Kicillof el vehículo más eficaz para ponerle un freno al modelo de motosierra y topadora que propone el Presidente. Con la ausencia de La Cámpora, el bajo perfil de Máximo, Massa escondido, la única centralidad fue la de Axel mostrando que el Peronismo bonaerense ya definió su futuro.

La Argentina es una fábrica de resurrecciones. Mauricio Macri creyó que con su impronta de “modernidad” iba a clausurar la etapa kirchnerista. Pero en su intento, terminó devolviendo a Cristina al centro de la escena. Sin proponérselo, con sus excesos y su guerra abierta, Javier Milei, con la furia libertaria y el grito contra la casta, acaba de lograr algo parecido contra todos, está fabricando un nuevo “único líder” en el Peronismo: Axel Kicillof.

Así funciona nuestra política: los líderes opositores, en lugar de demoler al adversario, terminan dándole aire, razón de ser y hasta una segunda vida. Una especie de paradoja nacional donde los rivales se convierten en parteros del próximo liderazgo que los enfrentará. Y es ahí donde aparece nuestra verdadera condena: no sabemos derrotar al adversario, sólo sabemos reinventarlo.

Kicillof se planta como opositor sin el barro de la interna kirchnerista ni el desprestigio del pasado. Lo acompaña una imagen de honestidad que, justo ahora, cotiza alto. Y, lo que, es más: es economista. Uno que, guste o no, tiene espalda para discutir números.

Le preguntaron a Perón que iba a hacer para volver al gobierno. Respondió: “Nada. Todo lo harán mis enemigos”. ¿Por qué esa obsesión de un sector de nuestra sociedad en sostener que el problema de la Argentina es el Peronismo, argumentando que mientras exista no hay salida posible? Y cuando todo presagiaba que «vamos a clavar el último clavo en el ataúd del Kirchnerismo«, como dijo Milei en la provincia de Buenos Aires, el domingo nuevamente lo resucitaron.

La frase de Perón sintetiza de manera ejemplar, una de las claves de la política argentina: el Peronismo, más que ser derrotado, suele ser “revivido” por errores y excesos de sus adversarios.  Sería saludable que la obsesión anti-peronista de sectores liberales, conservadores y parte del progresismo, en vez de insistir con su narrativa, se dedicaran a construir y consolidar un modelo económico abierto y estable, en vez de seguir pensando en el Peronismo como si fuera un virus que impide el desarrollo. Tal vez es hora de que asuman que el Peronismo fue, en distintos momentos, gobierno, oposición, resistencia, sindicalismo, Kirchnerismo, Menemismo, Duhaldismo y hasta parte del Macrismo residual. No es un bloque homogéneo, sino un ecosistema político, con dos características que lo hacen casi inmune a todo: sensibilidad popular y vocación de poder. Luego la ideología se adapta.

Milei, con su frase, cometió el mismo error que otros: creer que se puede clausurar un ciclo con una sentencia. Pero la política argentina muestra que esas declaraciones suelen sellar el renacimiento del adversario.

Ojo que el Congreso sigue funcionando hasta fin de año.

Milei empezó su mandato ganando votaciones. Hoy las pierde casi todas. De 17 sesiones clave entre abril y agosto, perdió 16, pero el Congreso no cambió. Cambió él. La confrontación, la falta de negociación, el desprecio a potenciales aliados, y la decisión de dinamitar todos los puentes dejaron al oficialismo encapsulado. El Senado, históricamente conservador, le dio media sanción a una reforma que limita los DNU. La jugada no salió del Kirchnerismo: la impulsaron los gobernadores, cansados de ser tratados como enemigos. La aprobación por 56 votos fue un mensaje: Milei ya no puede gobernar por decreto sin pagar costos. Veremos qué pasa en Diputados. El proyecto introduce tres cambios estructurales:

  • Fin de la sanción ficta: cada DNU deberá ser ratificado por ambas cámaras en 90 días; de lo contrario, queda derogado automáticamente. Además, basta el rechazo de una sola cámara para anularlo.
  • Prohibición de decretos ómnibus: cada DNU deberá circunscribirse a un solo tema, bloqueando instrumentos como el DNU 70/23.
  • Limitaciones temporales: el Congreso podrá sesionar en receso para tratar DNU y se prohíbe reemitir decretos similares a uno ya rechazado hasta el período legislativo siguiente.

A esta dinámica, el Gobierno vuelve a arrojar leña al fuego con los recientes vetos de financiamiento universitario, hospitales y distribución de ATN. Nuevamente todo listo para una nueva embestida, aprovechando a un Gobierno que no se da tregua.

Juicio político: la amenaza que nadie nombra (pero todos contemplan).

El juicio político no es ciencia ficción. Es política regional. En América Latina, cuando la calle hierve, los medios escarban y el Congreso suma enemigos, la fórmula se repite. Collor, Dilma, Lugo, Castillo, Kuczynski, Lasso… la lista crece. En Argentina no hay antecedentes presidenciales, pero los cimientos están. Y tiemblan.

El oficialismo no tiene los números para blindarse. Ni en Diputados ni en el Senado. La fuga de aliados, como el bloque Coherencia, agrava la situación. Y con escándalos de corrupción multiplicándose, la figura de Karina Milei—una especie de «copresidenta»—se vuelve un blanco fácil. Si ella cae, cae el relato.

Tres futuros posibles, un presente urgente

La ciencia política es clara: Milei tiene tres caminos por delante.

  1. El bloqueo crónico. Sin consensos, sin leyes, con decretos que caducan y un país que se paraliza.
  2. La coalición tardía. Pactar con el PRO o sectores dialoguistas del PJ. Implica tragarse el personaje. Difícil.
  3. El colapso político. Juicio político, renuncia, destitución. No es una fantasía: es un patrón regional.

Pero el verdadero drama no es si Milei pierde votaciones. Es que ya no suma actores. No lidera: repele. No gobierna: sobrevive. La democracia requiere acuerdos. La soledad presidencial es el síntoma más evidente de un Gobierno que confunde convicción con capricho.

Final con cuchillo: el síndrome del tercer año anticipado

A Milei le faltan poco menos de 90 días para empezar su tercer año. Pero ya huele a final. De la Rúa no sobrevivió a ese tramo. Macri se derrumbó. Cristina empezó su declive. Alberto renunció al protagonismo. ¿Qué queda para un presidente que no solo perdió la calle, sino que nunca tuvo el Congreso?

El cántico “Axel conducción” no fue casual. Fue la aparición del rival. Ya no son trolls contra “casta”. Es economista contra economista. Es honestidad contra sospecha. Es gestión contra Twitter.

Como bien advirtió el politólogo Andrés Malamud en diálogo con Feinmann, la derrota bonaerense no es solo un golpe electoral: es el mazazo que evidencia la soledad política del oficialismo.

¿Ahora el problema es octubre? Hasta el domingo, todos partían de la premisa segura, de que las legislativas nacionales el Gobierno las iban a ganar, como dicen las encuestas, de todos los candidatos de Milei en casi todo el pais. ¿De dónde se obtienen estos datos? De las mismas encuestas que decían que el domingo se perdía por cinco puntos a lo sumo, cuando la diferencia se verificó en 14 puntos. ¿Qué sucederá si esas mismas encuestas la estan pifiando también respecto de octubre? La elección de aquí a octubre está muy cerca y muy lejos. Es poco imaginable que Milei haga una autocrítica sincera y dé un volantazo a tiempo. Ya anunció que no habrá cambios e intentará impactarnos con una “mesa política”, con los mismos que estaban hasta ahora y una negociación con gobernadores que no quieren prestarse para la foto. Hoy por hoy la hipótesis más probable es que el gobierno de Milei entre en una larga agonía, que solo puede despertar si logra un triunfo electoral en octubre.

En fin, todo muy incierto y con muy poco margen de maniobra para provocar un shock que modifique la inercia de las últimas semanas. Mientras tanto, como suele suceder con quién se quedó solo, el resto disfruta.

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