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 Diabetes: “El conocimiento nos da poder” y es una parte fundamental del tratamiento
Entrevistas

Diabetes: “El conocimiento nos da poder” y es una parte fundamental del tratamiento

3 octubre, 2026

Especial para InfoSur

Jimena Gauna, médica diabetóloga; Daniela Cocha, licenciada en Enfermería y educadora en diabetes; y Flavia Butassi, nutricionista, integrantes de la Unidad de Diabetes del Hospital Alvear, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, abordaron integralmente una enfermedad que requiere mucho más que medicación. Educación, alimentación, actividad física, controles periódicos, vacunación, acompañamiento familiar y trabajo interdisciplinario forman parte de un tratamiento en el que el propio paciente tiene un papel central.

La extensa conversación permitió además recorrer el trabajo que el equipo viene realizando durante este año a través de un ciclo de educación diabetológica abierto y gratuito, pensado no solamente para transmitir información, sino para que quienes conviven con diabetes puedan comprender qué sucede en su organismo y adquirir herramientas para tomar decisiones cotidianas.

Porque, como explicó Gauna, una persona puede encontrarse con su equipo sanitario apenas algunas horas durante todo un año. El resto del tiempo es ella misma quien convive y toma decisiones frente a su enfermedad.

“El conocimiento nos da poder”, resumió la especialista.

Una enfermedad que necesita un equipo

Una de las primeras definiciones de Gauna fue que la diabetes no puede pensarse únicamente desde la figura del médico.

El abordaje puede involucrar a diabetólogos, enfermeros, nutricionistas y educadores en diabetes, pero también, de acuerdo con las necesidades de cada paciente, profesionales de salud mental, podología, cardiología, odontología, oftalmología, traumatología o cirugía vascular.

“Es una enfermedad que se caracteriza porque requiere de un equipo para su atención”, explicó.

La razón está vinculada con las distintas manifestaciones que puede presentar y con las complicaciones que se busca prevenir.

En ese esquema, la educación ocupa un lugar que el equipo considera equivalente a los demás componentes del tratamiento.

Gauna explicó que el abordaje combina tratamiento farmacológico, alimentación, ejercicio físico y educación diabetológica.

Esta última herramienta resulta determinante porque el objetivo no es solamente indicarle a una persona qué debe hacer, sino ayudarla a entender por qué debe hacerlo y cómo actuar ante distintas situaciones.

“Los otros 364 días” son del paciente

La médica utilizó un ejemplo especialmente gráfico.

Una persona con diabetes puede concurrir al equipo sanitario tres o cuatro veces durante el año. Sumadas, esas consultas representan apenas unas horas.

“Los otros 364 días y 22 horas, los que conviven con esta enfermedad crónica, es cada persona que tiene diabetes”, señaló.

De allí surge la importancia del autocuidado.

Saber qué comer, cómo utilizar correctamente una medicación, cuándo realizar controles, cómo incorporar actividad física o reconocer situaciones que requieren atención profesional permite que el paciente tenga mayor autonomía.

Por eso el equipo decidió que la educación que habitualmente se brinda dentro del consultorio debía salir también a un ámbito grupal.

Así nació el ciclo desarrollado durante el año en el Hospital Alvear, con encuentros aproximadamente quincenales, gratuitos y abiertos incluso a personas que no se atienden habitualmente con el equipo.

No es una enfermedad exclusiva de los adultos mayores

Otro concepto sobre el que las profesionales hicieron especial hincapié es que diabetes no significa necesariamente adulto mayor.

Gauna explicó que existen distintos tipos de diabetes y que las dos formas más conocidas, tipo 1 y tipo 2, tienen características diferentes.

La diabetes tipo 2 es ampliamente la más frecuente. Según explicó la especialista, representa alrededor del 90 al 95% de los casos.

Tiene una importante predisposición genética, pero existen factores que favorecen su aparición, particularmente el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo.

También señaló como antecedente a considerar haber presentado diabetes durante un embarazo.

El cambio observado durante las últimas décadas es que una enfermedad que antiguamente se asociaba fundamentalmente con edades mayores comenzó a diagnosticarse en adultos cada vez más jóvenes e incluso puede presentarse en adolescentes y niños.

Gauna relacionó ese desplazamiento, entre otros factores, con la aparición del sobrepeso y la obesidad a edades más tempranas.

Antecedentes familiares: una señal para prestar atención

La predisposición hereditaria fue otro punto importante de la explicación.

Gauna señaló que tener familiares con diabetes tipo 2 incrementa la posibilidad de desarrollarla, aunque aclaró que no se trata de la presencia de un único gen, sino de una predisposición genética más compleja.

La especialista mencionó como referencia que una persona con uno de sus padres con diabetes tipo 2 puede tener aproximadamente un 25% de posibilidad de desarrollarla, porcentaje que señaló que aumenta cuando ambos padres presentan la enfermedad.

Sin embargo, tener antecedentes familiares no significa inevitablemente desarrollar diabetes tipo 2.

Ahí aparece uno de los conceptos centrales de la entrevista: es una enfermedad sobre la que puede trabajarse preventivamente.

Mantener controles periódicos, atender el peso corporal, sostener actividad física y trabajar sobre los hábitos alimentarios adquiere particular importancia cuando existe predisposición familiar.

Una enfermedad que puede avanzar silenciosamente

El control de salud resulta fundamental además porque la diabetes tipo 2 puede permanecer durante años sin ser detectada.

“Es una enfermedad silenciosa”, explicó Gauna.

Una persona puede sentirse bien y, si abandona durante años los controles clínicos y de laboratorio, descubrir el diagnóstico mucho tiempo después de que la enfermedad comenzó.

El problema es que para entonces pueden haberse desarrollado complicaciones cardiovasculares, renales u oftalmológicas.

El equipo remarcó por eso algo que suele ocurrir al terminar la adolescencia: durante la infancia existe una rutina relativamente estable de controles pediátricos, pero al llegar a los 16 o 18 años muchas personas dejan de realizar controles preventivos.

Cocha insistió en recuperar esa práctica durante la vida adulta, aun cuando no existan síntomas evidentes.

Diabetes tipo 1: otra enfermedad y otro tratamiento

Uno de los pasajes más didácticos de la entrevista permitió aclarar una confusión habitual: tipo 1 y tipo 2 no representan etapas sucesivas de una misma enfermedad.

No se comienza con “diabetes 1” para luego pasar a “diabetes 2”.

Gauna explicó que la diabetes tipo 1 tiene un origen autoinmune. El propio sistema inmunológico genera anticuerpos que atacan las células del páncreas encargadas de producir insulina.

Como consecuencia, el organismo deja de producirla y el tratamiento requiere reemplazarla mediante insulinoterapia.

La estrategia intenta reproducir, de manera externa, el funcionamiento normal del organismo.

Existe una insulina de acción prolongada que busca mantener un nivel basal y otras dosis de acción rápida vinculadas con las comidas.

En esos casos, la persona necesita conocer su glucemia, calcular los carbohidratos que va a consumir y determinar la dosis correspondiente de insulina rápida.

Es una rutina que puede implicar varias aplicaciones diarias y una vigilancia permanente.

La carga mental de convivir con diabetes tipo 1

Gauna introdujo aquí otro concepto menos visible: la carga mental.

Contar carbohidratos, controlar glucosa, calcular insulina, aplicarla y repetir diariamente el procedimiento supone una atención constante.

En niños, gran parte de esa responsabilidad inicialmente recae sobre madres, padres o cuidadores. Durante la adolescencia, paulatinamente comienza a trasladarse al propio paciente.

“Uno tiene que estar tan atento todo el día”, explicó la diabetóloga.

Por eso el acompañamiento psicológico puede convertirse también en parte del tratamiento.

No porque exista necesariamente un trastorno de salud mental, sino porque convivir permanentemente con una enfermedad crónica y con decisiones terapéuticas cotidianas puede resultar demandante.

Es otro motivo por el cual el equipo insiste en un abordaje interdisciplinario.

Diabetes tipo 2: alimentación, movimiento y diferentes medicamentos

En la diabetes tipo 2, en cambio, existen diferentes alternativas farmacológicas.

Gauna explicó que pueden utilizarse medicamentos orales y que determinadas personas pueden necesitar insulina en algún momento de la evolución de su enfermedad.

Pero independientemente del tratamiento farmacológico, permanecen dos componentes fundamentales: alimentación adecuada y ejercicio físico.

Y allí las profesionales hicieron una aclaración reiterada durante toda la entrevista: alimentación adecuada no significa vivir permanentemente sometido a una dieta restrictiva.

“Saquemos la palabra dieta”

Butassi fue particularmente enfática sobre este punto.

“Yo lo que trato siempre de sacar es la palabra dieta”, explicó.

Para la nutricionista, el objetivo es realizar una reeducación alimentaria capaz de sostenerse en el tiempo.

Una dieta extremadamente restrictiva puede lograr que durante algunas semanas o meses determinados indicadores mejoren. El problema aparece cuando, conseguido ese resultado, la persona vuelve completamente a sus hábitos anteriores.

“¿Y después qué?”, planteó.

La diabetes es una enfermedad crónica y, por lo tanto, el cambio debe poder incorporarse a la vida cotidiana.

Eso tampoco significa que una persona no pueda compartir una comida familiar, asistir a una reunión o darse ocasionalmente un gusto.

Gauna habló de sostener buenos hábitos durante la mayor parte del tiempo, evitando transformar el tratamiento en una condena incompatible con la vida social.

Tener diabetes no significa eliminar todos los carbohidratos

Uno de los primeros comportamientos que Butassi encuentra en el consultorio es el paciente que llega diciendo: “Dejé todas las harinas y todos los azúcares”.

La recomendación del equipo no pasa por eliminar indiscriminadamente los carbohidratos.

“Los carbohidratos nosotros los necesitamos porque son una fuente de energía”, explicó la nutricionista.

La pregunta cambia entonces.

No se trata solamente de si consumirlos, sino de determinar qué carbohidratos, cómo, cuánto y cuándo.

La reeducación alimentaria busca incorporar más fibra, proteínas y grasas de mejor calidad, ajustar cantidades y construir una alimentación que pueda mantenerse en el tiempo.

Comer saludablemente también tiene que ser económicamente posible

La entrevista incorporó además un aspecto especialmente importante en el actual contexto social: la economía de cada paciente.

Butassi sostuvo que una indicación nutricional que ignore las posibilidades económicas de la persona pierde sentido.

“No puedo ser una nutricionista y decir ‘comés salmón todos los días’ cuando entiendo que la mayoría de la población no lo puede hacer”, ejemplificó.

La profesional trabaja entonces a partir de lo que cada persona efectivamente tiene disponible.

Si en una casa hay fideos, arroz o papa, la estrategia puede consistir en revisar porciones, cantidades, combinaciones y variedad.

También destacó el aprovechamiento de frutas y verduras de estación y la búsqueda de alternativas accesibles.

“No puedo ser ciega en ese sentido”, afirmó.

El concepto atraviesa buena parte del trabajo del Hospital Alvear, donde el equipo atiende también a numerosas personas sin cobertura de obra social.

La familia también aprende

Los encuentros grupales tienen otra ventaja frente a la consulta individual: pueden participar familiares, amigos y acompañantes.

Butassi destacó que modificar hábitos resulta más sencillo cuando el entorno comprende qué necesita la persona.

La propuesta deja entonces de ser “la comida especial del diabético” para comenzar a trabajar hábitos que pueden resultar saludables para toda la familia.

Cocha coincidió en la necesidad de incorporar al entorno en el proceso de autocuidado.

La educación diabetológica no apunta únicamente a transmitir indicaciones al paciente, sino a generar una red que pueda acompañarlo.

¿Se puede entrar en remisión?

Gauna introdujo también un concepto relativamente reciente dentro del abordaje de la diabetes tipo 2: la remisión.

Y fue especialmente cuidadosa en diferenciarlo de la curación.

“No quiero confundir ni generar falsas expectativas”, advirtió.

Según explicó, existen personas que alcanzan niveles de control tan buenos y sostienen cambios de estilo de vida de manera tan consistente que el equipo médico puede comenzar progresivamente a reducir los medicamentos.

En determinados casos pueden mantener valores adecuados sin tratamiento farmacológico.

A eso se denomina remisión.

Pero remisión no significa que la persona nunca haya tenido diabetes ni que pueda abandonar los hábitos que permitieron alcanzar ese estado.

Precisamente mantener la alimentación adecuada, la actividad física y los controles continúa siendo indispensable.

Contar carbohidratos: aprender una herramienta para manejar la insulina

En las personas con diabetes tipo 1, la nutrición incorpora una herramienta mucho más específica: el conteo de carbohidratos.

Butassi explicó que se trata de un aprendizaje progresivo que requiere varias consultas.

La persona primero necesita reconocer qué alimentos contienen carbohidratos. Luego aprende a calcular aproximadamente cuántos gramos consume en cada comida para relacionarlos con la dosis de insulina indicada.

En las primeras etapas, la nutricionista procura realizar controles frecuentes y utiliza fotografías, tablas y otros recursos visuales para facilitar el aprendizaje.

No se trata solamente de memorizar números: el objetivo final es que la persona pueda tomar decisiones con mayor autonomía.

“Es contar literal cada gramo de carbohidratos que uno come en cada comida”, explicó.

La fruta no está prohibida

Otro mito abordado durante la entrevista fue la idea de que una persona con diabetes no puede comer fruta porque contiene azúcar.

“Pobre fruta, la castigaron mal”, bromeó Butassi.

La nutricionista explicó que una fruta no aporta solamente azúcares: también contiene fibra, vitaminas y minerales.

La fibra modifica la respuesta de la glucemia después de comer.

Y aquí apareció una distinción importante: no es exactamente igual comer una fruta entera que beber su jugo.

Cuando se consume entera se conserva mucho mejor el aporte y el efecto de su estructura y fibra. Al convertirla en jugo cambia la forma en que se incorpora.

Por eso el mensaje no es “la fruta está prohibida”, sino aprender cómo consumirla y en qué cantidades.

Azúcar, miel, mascabo y edulcorantes

También aparecieron varios productos que suelen percibirse como alternativas “más saludables”.

Butassi aclaró que reemplazar azúcar blanca por miel o azúcar mascabo no transforma automáticamente el producto en una opción libre de azúcar.

El mascabo puede tener menor procesamiento, pero continúa siendo azúcar.

Con los edulcorantes, en cambio, el problema planteado por las profesionales estuvo especialmente relacionado con la cantidad y con acostumbrar el paladar a niveles extremadamente altos de dulzor.

La recomendación general del equipo fue utilizar la menor cantidad posible.

Gauna puso como ejemplo la diferencia entre colocar una pequeña cantidad de edulcorante en una infusión y reemplazar sistemáticamente el agua por grandes volúmenes diarios de gaseosas, jugos o aguas saborizadas dietéticas.

La cantidad y la frecuencia también importan.

¿Hace falta tomar suplementos vitamínicos?

El auge de suplementos y complejos vitamínicos también llegó a la consulta.

La posición expresada por el equipo fue clara: la base debe seguir siendo una alimentación variada.

Gauna explicó que los alimentos pueden aportar macronutrientes —hidratos de carbono, proteínas y grasas— y micronutrientes, entre ellos vitaminas y minerales.

La suplementación ocupa un lugar posterior y debe responder a necesidades concretas.

Incluso utilizó una expresión gráfica para referirse al consumo innecesario de multivitamínicos: en determinados casos, dijo, la persona termina “pagando una orina carísima”, porque el organismo elimina aquello que no necesita.

Butassi señaló como situaciones que pueden merecer una consideración particular la vitamina D —especialmente en una región con características climáticas como la nuestra— y la vitamina B12 en determinadas poblaciones, por ejemplo personas vegetarianas.

Eso no convierte a la suplementación indiscriminada en una recomendación general.

Vacunarse también forma parte del tratamiento

Un capítulo que suele pasar inadvertido es la vacunación.

Cocha sostuvo que para las personas con diabetes tener el calendario adecuado forma parte del cuidado integral.

Durante las consultas encontraron incluso pacientes con años de diagnóstico que nunca habían revisado específicamente su esquema de vacunación.

La educadora mencionó particularmente la vacunación antigripal anual y las vacunas destinadas a prevenir enfermedad neumocócica, además de revisar otros componentes del calendario que correspondan según edad, antecedentes y situación individual.

El argumento es preventivo: determinadas enfermedades crónicas pueden aumentar el riesgo de complicaciones frente a algunas infecciones.

Por eso el equipo aprovecha las consultas para explicar qué enfermedad intenta prevenir cada vacuna y por qué está indicada.

“Me vacuné y me engripé igual”

Otro mito frecuente apareció inmediatamente.

“Yo no me voy a poner la antigripal porque el año pasado me la puse y me engripé”, relató Gauna como una frase habitual entre pacientes.

La médica explicó que es necesario diferenciar gripe de resfríos, faringitis y otras infecciones respiratorias provocadas por distintos agentes.

La vacuna antigripal no protege contra todas las enfermedades respiratorias.

Incluso una persona vacunada puede presentar influenza, pero el objetivo fundamental de la inmunización en poblaciones de riesgo es disminuir la posibilidad de cuadros graves y complicaciones.

“Ninguna vacuna te asegura el 100%”, resumieron durante la conversación.

El ciclo recorrió prácticamente todos los aspectos del autocuidado

La extensión de la entrevista ayuda también a comprender por qué el Hospital Alvear pudo sostener durante prácticamente todo el año encuentros quincenales sin agotar los temas.

El programa comenzó con conceptos generales: qué es la diabetes, por qué aparece y cómo se trata.

Luego avanzó sobre complicaciones y controles necesarios, medicamentos orales, insulinoterapia, ejercicio físico, alimentación, prevención del pie diabético y vacunación.

Las actividades incluyeron además la participación de otros profesionales. En una de las jornadas, por ejemplo, una profesora de Educación Física no solamente explicó los beneficios del movimiento, sino que realizó ejercicios junto con los propios participantes.

La última instancia nutricional prevista profundizará sobre índice y carga glucémica y lectura de etiquetas o rótulos alimentarios.

La fecha todavía debía ser modificada al momento de la entrevista, por lo que el equipo recomendó seguir los canales oficiales del Hospital Alvear para conocer la convocatoria definitiva.

Un hospital público abierto a toda la comunidad

Gauna aprovechó además la entrevista para despejar otra idea instalada en parte de la población: que el Hospital Alvear atiende exclusivamente a adultos mayores o afiliados de PAMI.

La médica recordó el proceso histórico atravesado por la institución y explicó que actualmente se trata de un hospital público provincial abierto a la comunidad.

Su guardia y sus consultorios reciben diferentes poblaciones y el establecimiento incluso cuenta actualmente con atención pediátrica.

En el caso específico del equipo de diabetes entrevistado, la atención se realiza desde la adolescencia en adelante por una cuestión vinculada con la formación profesional del servicio. Los pacientes pediátricos con diabetes sin cobertura cuentan con otras referencias dentro del sistema público, explicó Gauna.

Vivir con diabetes no significa renunciar a una vida plena

Después de recorrer medicamentos, inyecciones, alimentación, ejercicio, vacunas y controles, quizá uno de los conceptos más importantes de la entrevista fue también uno de los más sencillos.

Crónico no significa terminal.

Gauna explicó que esa suele ser una de las primeras aclaraciones que realiza cuando comunica un diagnóstico.

La diabetes es una enfermedad crónica, pero existen diferentes opciones terapéuticas y los tratamientos pueden modificarse según la evolución de cada persona.

El seguimiento permite saber cuándo una estrategia continúa funcionando y cuándo debe ajustarse.

Con tratamiento adecuado, controles y autocuidado, sostuvo, una persona puede desarrollar una vida plena y continuar con sus proyectos mientras convive con la enfermedad.

Ese concepto termina explicando también por qué la Unidad de Diabetes dedica tantas horas a la educación.

No alcanza con entregar una receta.

No alcanza con decir “no coma azúcar”.

Tampoco alcanza con que los valores de laboratorio mejoren durante algunas semanas.

La propuesta es que cada persona comprenda su enfermedad, pueda reconocer los alimentos, conozca sus medicamentos, incorpore movimiento, mantenga sus controles, revise sus vacunas, sepa cuándo consultar y pueda trasladar todo ese aprendizaje a la vida cotidiana.

Porque el tratamiento ocurre en el consultorio, pero la diabetes se maneja todos los días.

Y en esa tarea, como sintetizó Gauna durante la entrevista, cuanto mayor es el conocimiento, mayores son también las herramientas para cuidarse.

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