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De la ilusión democrática a la ilusión libertaria
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.
Hay algo que las encuestas no pudieron captar: Algo estaba ocurriendo debajo de la superficie que casi nadie pudo alcanzar a ver -encuestadores y politólogos- y menos aún sus adversarios.
Milei ganó por candidato más votado, pero no su espacio político, que obtuvo un pésimo resultado en todas las elecciones provinciales. El resultado de las PASO es la confirmación de que su estilo y su discurso perforó esa superficie, que casi nadie advirtió.
En menor medida, con una pésima elección como espacio político, le sucedió algo parecido a Patricia Bullrich, cuya victoria en una interna absolutamente desigual con Larreta, no pudo festejar como ella hubiera querido. Fue la segunda fuerza más votada, dejando un sabor amargo, como espacio y que la pone ahora ya consolidada como candidata a presidente, en una situación muy incómoda, que sintéticamente lo dijo Milei esta semana: “Bullrich es mucho menos que mi segunda marca”.
El impacto de esta sorpresa electoral tiene otra consecuencia muy importante de cara al 22 de octubre: “El discurso que viene”, que seguro será mucho más emotivo que hasta ahora, aunque todos comenzarán a explicar sus planes de gobierno, intercalando algo de racionalidad para afianzar o cambiar la emotividad de los argentinos. Los votos de Milei no dependieron de la consistencia de sus propuestas sino de un liderazgo que conquistó a su electorado. Simpleza y eficacia con dos ideas que penetraron la superficie: dolarización y eliminar la casta. Ambas ideas, ya comenzaron a ser fuente de críticas con el fin de destruir esos mitos: la dolarización es poco viable y la eliminación de la casta, no alcanza como ajuste para solucionar el problemático déficit fiscal.
Ambos, Patricia y Milei, juntan las preferencias del casi el 60% de los argentinos, cuyo mensaje podríamos sintetizarlo de dos modos diferentes: El primero peyorativo, por su corrimiento a la derecha extrema. El segundo optimista, la verdadera mayoría que triunfó en las PASO, fue el giro radical al cambio. La mala noticia, es que uno solo podrá capitalizar el mismo.
El país el domingo 13 de agosto, se tiñó de violeta y no de amarillo como se pensaba. Salvo Entre Ríos, Corrientes y CABA, todo fue violeta a excepción del celeste en Provincia de Buenos Aires, Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Catamarca.
No hay duda de que el gran perdedor de las PASO fue la clase política. Massa y Cristina, como primeros exponentes del fracaso. En el caso de Massa su fracaso fue absoluto, porque lo hizo como ministro de economía y también como candidato: No pudo bajar la inflación, no pudo contener el dólar, dejó el Banco Central sin reservas y como candidato, dejó al peronismo tercero por primera vez en su historia, sin siquiera poder imponer a su esposa como candidata en Tigre. El espacio perdió el 13 % de electorado que obtuvo en 2019 y es muy difícil de recuperar, de cara a lo que se espera en la economía en los próximos dos meses.
En Juntos por el cambio, Martin Lousteau, se transformó en el nuevo Filmus, Rodriguez Larreta junto a Morales, representantes de la casta de Juntos por el cambio, perdieron en sus propios distritos. Mauricio, apenas salvó la ropa, con su primo y su apoyo oblicuo a Patricia y como fuerza política, no lograron imponerse en las elecciones. Probablemente Larreta y Morales, sean los responsables de la derrota de todo el espacio, insistiendo con viejas ideas y formas de hacer política, no advirtiendo la emotividad de voto que odiaba precisamente lo que ellos ofrecían. Prefirieron los acuerdos políticos y las fotos, pensando que el volumen político de la casta convencería al electorado, consiguiendo que Juntos por el Cambio, se pareciera al peronismo y no pudiera ser contundente en la expresión del cambio.
El impacto electoral en la economía hasta ahora fue desastroso, apareciendo el fantasma de la hiperinflación en la esquina. Esta noticia, dejó a Massa solo, gestionando un gobierno que parece haberlo abandonado.
Faltan 65 días para las elecciones generales de octubre y en los próximos días comenzaremos a ver cuál será el nuevo mensaje a la sociedad, donde Patricia Bullrich y Juntos por el Cambio, tienen el mayor desafío.
Por lo poco que pudimos ver esta semana, Massa pretenderá polarizar con Milei y lo paradójico es que Milei también quiere polarizar con Unión por la Patria. En ese ninguneo, Patricia Bullrich debe retener los votos de Larreta y evitar al mismo tiempo una fuga de votos duros a Milei, construyendo un nuevo discurso. Milei mientras tanto disfruta de su triunfo, sintiéndose casi presidente de los argentinos (estamos preparados para hacernos cargo del gobierno mañana) y todo hasta ahora hace presagiar que lejos de girar al centro continuará con su línea dura.
En 1983, Raúl Alfonsín triunfó en la argentina, logrando instalar la ilusión democrática: “Con la democracia se come, con la democracia se educa y con la democracia se cura”. Con ello, formuló una priorización de la política y una “incomprensión” de la economía, que terminó con su gobierno en forma anticipada.
Hoy estamos asistiendo a una nueva ilusión. La ilusión libertaria: “con la libertad se come, con la libertad se educa, con la libertad se cura y con la libertad doblegaremos la inseguridad en la argentina”. Se invirtió la ecuación, poniendo el acento en la economía y desentendiéndose más que de la política, de la “institucionalidad”.
Milei, ya está soñando con sellar su destino en la primera vuelta. Necesita llegar al 40% (y tal vez ya lo tenga a partir del efecto espuma que históricamente favorece al ganador) y solo debería como objetivo, lograr que Patricia Bullrich y Massa, no alcancen a superar el 30%. La tarea es difícil, pero para nada imposible.
Esta semana, vimos a un Milei ganador atrayendo la atención de toda la prensa del país. Sin embargo, también comenzó a aparecer su debilidad, centrada en la viabilidad de su plan, cuyos cuestionamientos comenzaron a aparecer dentro y fuera del país. Esta semana, comenzó por pelearse con todos: políticos, economistas, periodistas, científicos y artistas. También se peleó con países como China y Brasil, a quienes considera comunistas.
Sin embargo, de admitir la posibilidad de estos pronósticos, lo que se viene si gana Milei es muy complicado y peligroso, no porque sea malo o bueno, sino por una razón absolutamente institucional. Si gana rotundamente como se prevé, obtendría a lo sumo 8 senadores y no más de 35/40 diputados. No cuenta con ningún gobernador de su signo político y hasta ahora tampoco aparece ningún futuro aliado.
La única experiencia similar que tuvo el país fue el gobierno de Macri. Él tuvo que gobernar habiendo conquistado los tres distritos más importantes del país y fracasó.
Todavía falta mucho para octubre. Patricia Bullrich recién comenzó a reunir la tropa después de la batalla, donde debe curar heridos y reunir todo un ejército de Gobernadores, intendentes, legisladores provinciales y nacionales y unificar los equipos técnicos de todos los espacios que componen Juntos por el Cambio. Si lo hace bien, en ese núcleo hay una “potencia” muy grande para mostrar desde lo institucional y desde sus propuestas. Juntos por el Cambio sin duda está preparado para gobernar y tiene con qué. Es más, tal vez tenga los mejores equipos técnicos de la argentina. Sin embargo, las elecciones se ganan en otro terreno, el mensaje y la emotividad y en ese sentido tiene la pesada carga de ser el “hijo del medio” -ni ganó, ni perdió- y para pretender polarizar, primero debe lograr la atención de su hermano mayor (Milei) que piensa que ya ganó y su hermano menor (Massa), que no están dispuesto a subirse a su pelea.
A diferencia de las PASO, donde muchísimas provincias ya habían definido su destino y fueron expectantes de un duelo ajeno, ahora en la elección general, deberán involucrarse. Ningún Gobernador quiere perder sus diputados y senadores. De hecho, en los distritos donde se jugaban cargos provinciales y municipales, Milei no pudo triunfar.
En octubre, se va a dar la primera gran batalla. Ya sabemos qué piensan los argentinos con un enorme sector, de 11 millones de electores ausentes que no fueron y están habilitados para votar el 22 de octubre y que hasta ahora solo demostraron su abstencionismo, pero no sabemos qué piensan. En pocos días, todos los candidatos volverán a pescar en la gran pecera del electorado. Por ahora, muchas dudas y nadie sabe quién triunfará en el Torneo.
