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COSTUMBRES ARGENTINAS
Un recorrido por los hábitos cotidianos que moldean nuestra forma de convivir, conducir y relacionarnos en la vida urbana, entre aciertos, contradicciones y desafíos que siguen pendientes.
En diálogo con el programa radial En Línea, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos Radio, la referente de la Escuela de Conducción Defensiva del IAPG, Sabrina Guerrero, visitó por primera vez el estudio y compartió una conversación profunda sobre educación vial, hábitos de conducción y los desafíos crecientes que enfrenta la seguridad vial en Comodoro Rivadavia y en todo el país. Guerrero comenzó señalando que, aunque se trabaja desde hace años en capacitaciones y formación permanente, la realidad en la calle muestra que todavía persisten maniobras antirreglamentarias, consumos de alcohol al volante y comportamientos que ponen en riesgo la vida propia y la de los demás. “Uno cree que ciertos conceptos ya están aprendidos, pero la práctica demuestra que hay que reforzarlos”, dijo.
El diálogo giró rápidamente hacia un fenómeno que ella considera central: la naturalización del incumplimiento. Recordó el llamado “fenómeno del auto de vidrios rotos”, un estudio sociológico que muestra cómo la sociedad deja de cuidar lo que percibe abandonado. La analogía es directa: cuando un conductor infringe normas y nunca recibe una sanción clara, vuelve a hacerlo. Y así, la conducta indebida se multiplica.
A lo largo de la entrevista, Guerrero compartió ejemplos concretos. Reconoció que el uso del celular al conducir es, sin dudas, una de las infracciones más frecuentes. Basta con pararse en cualquier esquina para comprobarlo. Pero también remarcó que, en Comodoro Rivadavia, las multas más comunes siguen vinculadas al estacionamiento, especialmente al sistema de estacionamiento medido. Allí aparece otra preocupación: las sanciones económicas, aunque necesarias, muchas veces se vuelven un trámite liviano, fácil de pagar y que no genera un verdadero cambio de conducta. “Si no duele, se repite”, sintetizó.
En su mirada, sería clave incorporar instancias de reeducación obligatoria, tal como se aplica en otros países y en algunos municipios del país. Explicó que, cuando una infracción viene acompañada de una instancia formativa o incluso de un componente de exposición social, el impacto suele ser mayor. Recordó las campañas de megáfonos que advertían públicamente a los peatones, o la exitosa experiencia del “conductor designado” en los años fuertes de los boliches, donde quien no tomaba accedía a beneficios concretos. “Esas campañas funcionaban porque intervenían sobre la conducta, no solo sobre el bolsillo”, afirmó.
Durante la charla también surgió otro eje crucial: la infraestructura. Calles deterioradas, señalización insuficiente, esquinas sin visibilidad y rampas de discapacidad obstruidas generan entornos más peligrosos y demandan decisiones urgentes. Guerrero sostuvo que, aunque la Argentina tiene una de las legislaciones de seguridad vial más completas del mundo y adoptó estándares internacionales como ABS, control de estabilidad y cinturones inerciales, el problema central sigue siendo el mismo: fallamos en el comportamiento y fallamos en el control.
Analizando casos cotidianos —como autos que terminan incrustados en viviendas, daños materiales sin respuesta o incidentes provocados por falta de visibilidad en las ochavas—, la especialista insistió en que la educación vial debe volver a ocupar un lugar prioritario. Allí también destacó el trabajo de organizaciones como Estrellas Amarillas, que transforman el dolor en acción y luchan por cambios reales en materia de prevención.
Sobre el final, Guerrero reflexionó sobre una idea que atraviesa todo el tema: el valor de la vida y el respeto por el otro. Actitudes simples, como detenerse para atender el teléfono, poner el celular en modo avión o respetar la rampa de una persona con movilidad reducida, pueden evitar tragedias. Sin embargo, la cultura social tiende a minimizar esos gestos hasta que ocurre lo irreversible. “Tenemos legislación, tenemos herramientas y tenemos tecnología. Lo que nos falta es asumirlo como política de Estado y, sobre todo, como responsabilidad cotidiana”, concluyó.
Durante la visita, entregó además una taza institucional de la Escuela Técnica Virtual del IAPG y celebró el vínculo permanente que mantiene con el programa. La despedida fue cálida y dejó la sensación de que la seguridad vial, lejos de ser un tema menor, es un desafío colectivo que exige decisiones firmes y, sobre todo, un cambio cultural profundo. “Son estas charlas las que nos ayudan a pensar y a construir conciencia”, remató el conductor del programa, sintetizando el espíritu del encuentro.