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Cómo organizar la alimentación infantil: claves para generar hábitos saludables desde casa
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en nutrición, en diálogo con el programa radial En Línea, que se emite por 106.1 Petroleros Jerárquicos Radio, brindó una guía práctica para organizar la alimentación de niños y niñas, haciendo foco en la importancia de generar hábitos sostenibles, conscientes y adaptados a la vida cotidiana de cada familia.
La especialista planteó que uno de los pilares fundamentales es respetar los tiempos de alimentación, proponiendo una frecuencia que permita sostener la ენერგía y evitar situaciones de hambre extrema.
“Lo ideal es que los niños coman cada 3 a 4 horas, porque están en crecimiento y necesitan energía constante”, explicó.
En ese sentido, diferenció el hambre real —asociado a señales físicas como cansancio o dolor de cabeza— del hambre emocional, y remarcó que una correcta organización de las comidas ayuda a evitar estos desbalances.
Parodi insistió en que la alimentación debe pensarse de manera integral, contemplando todos los grupos de nutrientes necesarios para el desarrollo.
Entre ellos, mencionó las fuentes de energía rápida, como las harinas refinadas, y las de energía prolongada, presentes en legumbres y cereales integrales.
Ambas, explicó, cumplen un rol importante en la dieta infantil, siempre que se administren en proporciones adecuadas.
A esto se suman las proteínas —tanto de origen animal como vegetal—, las frutas y verduras como fuente de vitaminas y minerales, y las grasas saludables, fundamentales para el desarrollo neuronal.
“Las grasas saludables son clave para las conexiones neuronales y muchas veces no se tienen en cuenta en la alimentación de los niños”, señaló.
En esa línea, recomendó incorporar alimentos como frutos secos, semillas, aceites en crudo y palta, adaptando siempre su presentación según la edad del niño.
Otro aspecto central es la construcción del plato, combinando distintos grupos de alimentos para lograr una nutrición equilibrada.
Más allá de la teoría, Parodi hizo hincapié en la importancia de llevar estos conceptos a la práctica cotidiana, especialmente en contextos como la escuela.
En relación a la lonchera, advirtió sobre la tendencia a replicar modelos ideales que muchas veces no se ajustan a la realidad.
“No tiene que ser perfecto, tiene que ser algo que el niño realmente coma”, explicó.
En ese sentido, recomendó priorizar alimentos conocidos y aceptados por los chicos, evitando enviar preparaciones que luego regresan sin consumir.
Entre las opciones, mencionó panqueques caseros, frutas, yogur o pequeñas porciones de alimentos que formen parte de su dieta habitual.
También subrayó la importancia de leer etiquetas en productos industrializados, como barritas de cereal, ya que muchas veces contienen azúcares ocultos.
“Puede decir que no tiene azúcar, pero tener jarabes que cumplen la misma función”, advirtió.
En cuanto a las bebidas, priorizó el consumo de agua y, en menor medida, jugos naturales, siempre considerando las cantidades.
“Un jugo puede concentrar varias frutas, por lo que también hay que regular su consumo”, indicó.
Otro de los ejes abordados fue la organización de las comidas principales del día: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
Parodi remarcó que no es necesario duplicar ingestas —como ocurre en algunos casos entre hogar y escuela—, sino mantener una estructura ordenada.
Respecto a la cena, recomendó que sea una comida más liviana, teniendo en cuenta la cercanía con el descanso.
“La idea es no acostarse con la panza llena, porque eso afecta el descanso”, explicó.
En ese sentido, sugirió que, en caso de comidas más abundantes, exista un margen de al menos dos horas antes de ir a dormir.
Asimismo, planteó la posibilidad de estructurar la cena en varios pasos —como sopa, plato principal y postre—, siempre cuidando el equilibrio nutricional.
En relación a hábitos complementarios, destacó la importancia del ambiente en el que se come.
“Es fundamental que sea un espacio tranquilo, sin pantallas, donde se pueda comer despacio”, señaló.
También hizo referencia a prácticas culturales arraigadas, como el consumo de infusiones inmediatamente después de las comidas, recomendando evitarlo en niños por su impacto en la absorción de nutrientes como el hierro.
Finalmente, Parodi insistió en que no se trata de buscar perfección, sino de construir hábitos sostenibles en el tiempo.
“La idea es que la alimentación sea saludable, pero también consciente”, concluyó.
De esta manera, la organización de la alimentación infantil aparece como un proceso que va más allá de elegir alimentos, involucrando tiempos, hábitos, entorno y decisiones cotidianas que impactan directamente en la salud y el desarrollo.