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Café y cafeína: cuándo el consumo cotidiano puede empezar a jugar en contra
Especial para InfoSur
Agostina Parodi, licenciada en Nutrición, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, analizó el consumo cotidiano de café y explicó que la cafeína actúa como estimulante del sistema nervioso, por lo que la cantidad, el horario y la edad son factores que deben tenerse en cuenta. También advirtió que recurrir permanentemente al café para compensar el cansancio puede ocultar otras necesidades, como una alimentación insuficiente o un descanso inadecuado.
Parodi aclaró desde el comienzo que el café no debe ser presentado como un alimento prohibido.
Puede formar parte de una rutina, de un encuentro social o simplemente consumirse porque resulta agradable.
La diferencia, sostuvo, aparece cuando deja de ser una elección y se transforma en una necesidad permanente para poder comenzar o sostener el día.
“Me gusta y disfruto sentarme a tomar un café” no es lo mismo, explicó, que pensar “me levanto y tengo que tomar sí o sí”.
¿El café realmente nos da energía?
Una de las situaciones más habituales es asociar automáticamente el café con la energía.
Frente al cansancio, muchas personas recurren a una taza para mantenerse despiertas o recuperar rápidamente la sensación de vitalidad.
Parodi explicó que la cafeína produce justamente un efecto estimulante, pero invitó a preguntarse qué hay detrás de esa necesidad.
En algunas situaciones, sostuvo, el organismo puede estar reclamando alimentos y no necesariamente más café.
Una fruta, un yogur o una comida completa aportan nutrientes y energía desde un mecanismo diferente al efecto estimulante de la cafeína.
“Muchas veces me pide café porque estoy bajo de energía, pero en realidad lo que me está pidiendo es 100% comida”, explicó.
Desde la mirada psiconutricional, Parodi propuso entonces observar el vínculo que se construye con el café y preguntarse si se consume por disfrute o porque se percibe que sin él resulta imposible funcionar normalmente.
El horario también importa
El efecto estimulante explica por qué el momento del día puede ser relevante.
Parodi recomendó evitar el café cuando se encuentra demasiado próximo al horario habitual de descanso, especialmente en personas que tienen dificultades para conciliar el sueño.
No se trata, aclaró, de establecer que después de una determinada hora exista una prohibición universal.
La referencia debe ser el horario en el que cada persona se va a dormir.
Por eso la mañana suele resultar un momento más conveniente para quienes incorporan el café dentro de su rutina.
La nutricionista volvió así sobre un concepto que viene trabajando en sus columnas: alimentación, descanso y actividad cotidiana forman parte de un mismo conjunto de hábitos.
Café con las comidas: por qué recomienda separarlos
Parodi puso especial atención sobre otro hábito frecuente: acompañar determinadas comidas con café.
Según explicó, su consumo puede interferir con la absorción de algunos nutrientes, particularmente minerales como el hierro.
Por ese motivo recomendó separar aproximadamente una hora y media o dos horas el café o determinadas infusiones de las comidas principales, especialmente cuando se busca aprovechar mejor los nutrientes presentes en los alimentos.
La nutricionista utilizó como ejemplo un desayuno con tostadas y queso: si el objetivo es construir una comida nutricionalmente completa, sostuvo que conviene observar también qué bebida la acompaña.
El planteo vuelve a la idea de consumo consciente: no necesariamente eliminar el café, sino decidir cuándo y cómo incorporarlo.
Niños y cafeína
La profesional hizo especial hincapié en la infancia.
Parodi señaló que no recomienda ofrecer café a los niños pequeños por el efecto estimulante de la cafeína sobre el sistema nervioso.
En la conversación ubicó alrededor de los 12 años una edad a partir de la cual puede comenzar a considerarse un consumo muy reducido, aunque tampoco lo planteó como una bebida que deba incorporarse o recomendarse.
La advertencia no alcanza solamente a una taza de café.
La cafeína puede encontrarse también en otras bebidas y productos, por lo que recomendó prestar atención al consumo acumulado durante el día.
Parodi fue especialmente crítica con la posibilidad de ofrecer bebidas con cafeína a bebés y niños pequeños.
Su recomendación general fue mirar la composición de los productos y leer las listas de ingredientes, en lugar de considerar únicamente el nombre comercial o el tipo de bebida.
Café y alcohol: una combinación que desaconseja
Otro de los mitos abordados durante la columna fue la creencia de que tomar café puede contrarrestar los efectos del alcohol.
Parodi fue clara: el café puede aumentar la sensación de alerta, pero no “elimina” el alcohol ingerido.
Por ese motivo desaconsejó utilizarlo como supuesto mecanismo para recuperar rápidamente la sobriedad.
También puso el foco sobre las bebidas que combinan alcohol con sustancias estimulantes o cafeína.
Según explicó, se están enviando señales diferentes al organismo: mientras el alcohol tiene un efecto depresor sobre el sistema nervioso central, la cafeína actúa como estimulante.
El hecho de sentirse más despierto, por lo tanto, no significa que el alcohol haya dejado de producir efectos sobre el organismo.
¿Y el descafeinado?
Durante la conversación surgió también una alternativa habitual: el café descafeinado.
Parodi señaló que puede representar una opción con menor presencia de cafeína, aunque aclaró que descafeinado no necesariamente significa ausencia absoluta de cafeína.
Una vez más, recomendó revisar las características y la composición del producto elegido.
Lo mismo planteó frente a la búsqueda permanente de sustitutos.
Cambiar una conducta por otra no necesariamente modifica el vínculo que existe detrás del consumo.
El objetivo, explicó, debería ser construir una relación más consciente con los alimentos y bebidas.
“Vamos tranquilos”
Para Parodi, el criterio central no pasa por demonizar una taza de café.
El problema aparece principalmente con el exceso y con la suma inadvertida de distintas fuentes de cafeína durante una misma jornada.
Una persona puede tomar café por la mañana, consumir después alguna bebida que también contenga cafeína y agregar otras tazas durante el resto del día.
Al final de la jornada, la cantidad acumulada puede ser considerablemente mayor de lo que percibe.
“La idea es tener una relación sana y consciente acerca de los alimentos”, resumió.
Y dejó una regla sencilla para quienes disfrutan del café: no convertir el gusto en una necesidad permanente y observar qué está pidiendo realmente el cuerpo cuando aparece el cansancio.