Valentina Ramos Mercegué vivió su tercer mundial de gimnasia aeróbica
Alzheimer: “El cerebro de los 60 a los 80 se cuida entre los 30 y los 60”
Especial para InfoSur
Hernán Barreda, director médico de INECO Comodoro, en diálogo con InfoSur Radio, que se emite por Petroleros Jerárquicos, sostuvo que la prevención de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares durante la vida adulta puede tener incidencia sobre la salud cerebral en edades posteriores. En el marco de las actividades por el Día Mundial del Alzheimer, remarcó además la necesidad de diferenciar los problemas de atención de los trastornos de memoria y de acompañar no solamente a quien recibe un diagnóstico, sino también a su entorno familiar.
Barreda explicó que una de las primeras preocupaciones que suele aparecer ante olvidos reiterados es determinar si se trata de una dificultad vinculada con la atención o de un verdadero trastorno de la memoria.
La diferencia, indicó, resulta fundamental porque conduce a evaluaciones y abordajes distintos.
En ese sentido, puso el foco sobre un fenómeno que actualmente atraviesa a distintas generaciones: la enorme cantidad de estímulos e información que las personas reciben simultáneamente.
Atención y memoria no son lo mismo
El teléfono celular, las redes sociales y el permanente cambio entre contenidos obligan al cerebro a desplazar continuamente su atención.
Barreda utilizó la imagen de distintos “cablecitos” que van quedando conectados a los temas por los que pasó una persona durante el día. Aunque conscientemente ya esté ocupada en otra cosa, explicó, parte de la actividad cerebral continúa vinculada con los estímulos anteriores.
“Eso es lo que termina generando la neblina y la fatiga mental”, señaló.
Por eso, olvidarse dónde quedaron las llaves o tener dificultades para concentrarse no significa necesariamente estar frente a una enfermedad neurodegenerativa.
“Lo primero que tenemos que diferenciar es si es un problema realmente de esa patología o es un problema de atención”, explicó Barreda.
Y agregó: “Hoy estamos frente a un gran problema de atención en toda la población, desde todas las edades”.
La prevención comienza mucho antes de la vejez
Al abordar específicamente las demencias, Barreda mencionó estudios recientes realizados en países de América Latina y el Caribe que, según explicó, muestran diferencias vinculadas con las estrategias preventivas aplicadas durante la adultez.
De acuerdo con el profesional, aquellos países que ponen mayor énfasis en la prevención de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares entre los 30 y los 60 años presentan posteriormente una menor prevalencia de enfermedades cerebrales entre los 60 y los 80.
De allí surge uno de los principales conceptos que dejó durante la entrevista: “El cerebro de los 60 a los 80 se cuida entre los 30 y los 60”.
Barreda resumió las principales herramientas preventivas en cuatro grandes componentes: alimentación saludable, actividad física, descanso adecuado y cuidado de la salud mental.
Las denominó “las cuatro S”: “saber comer, saber gastarlo, saber dormir y salud mental”.
Son hábitos, señaló, que no solamente repercuten sobre la salud cerebral, sino que también forman parte de la prevención de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras patologías.
Más diagnósticos y una población que vive más
Barreda indicó además que actualmente existe una mayor cantidad de diagnósticos de demencia que décadas atrás.
Entre las explicaciones mencionó una mejor capacidad para reconocer cuadros que anteriormente podían interpretarse simplemente como olvidos propios de la edad, pero también un fenómeno demográfico: las personas viven más años.
El aumento de la expectativa de vida hace que aparezcan con mayor frecuencia enfermedades cuya prevalencia crece con la edad.
Durante la conversación, Barreda mencionó como referencia un cambio desde aproximadamente uno de cada diez adultos mayores a uno de cada seis. Ese dato corresponde a la explicación brindada por el profesional durante la entrevista y requeriría identificar el estudio específico antes de presentarlo como una estadística epidemiológica independiente.
“No perder el humanismo”
La prevención llevó también a Barreda a reflexionar sobre la relación entre médicos y pacientes.
Consideró que uno de los desafíos actuales consiste en combinar los avances científicos y tecnológicos con una medicina capaz de mantener el vínculo humano.
“¿Cómo lograr hilvanar, trenzar los avances técnicos de su especialidad con no perder el humanismo médico?”, planteó.
Barreda sostuvo que la consulta no debería reducirse a interpretar estudios, completar datos frente a una computadora y establecer un tratamiento. La confianza entre profesional y paciente, remarcó, también resulta importante cuando se pretende modificar hábitos.
Incluso aseguró que determinadas acciones comunitarias aparentemente sencillas pueden generar un enorme impacto preventivo.
“El profe de educación física que se sienta en la plaza y da clase en la plaza, o la nutricionista que le enseñó a la gente a cocinar el fin de semana para tener comida para la semana, salva más vidas que yo”, expresó.
Cuidar también a quien acompaña
Otro de los ejes estuvo puesto sobre las familias de las personas con Alzheimer y otras demencias.
A diferencia de una enfermedad aguda que puede atravesar un proceso de recuperación, explicó Barreda, las demencias implican condiciones crónicas que requieren acompañamiento prolongado.
Eso puede generar angustia, frustración, incertidumbre y agotamiento en familiares y cuidadores.
“Hay que tener mucho cuidado en acompañar a quien acompaña”, remarcó.
Barreda señaló que no existe una única respuesta porque cada familia transita la experiencia de una manera diferente. Por eso consideró fundamental construir redes de apoyo que incluyan tanto a la persona con demencia como a quienes forman parte de su vida cotidiana.
Desde los espacios de neurorehabilitación, agregó, también resulta necesario brindar herramientas concretas para trasladar al hogar las estrategias trabajadas con los profesionales.
Una red para evitar el aislamiento
Como parte de esa estrategia, INECO y la Secretaría de Desarrollo Humano de la Municipalidad realizaron recientemente un taller destinado a personas que acompañan a pacientes con demencia.
Participaron profesionales de distintas disciplinas y familiares que pudieron compartir experiencias, dudas y dificultades.
Barreda destacó que inicialmente aparecieron relatos atravesados por angustias y situaciones complejas, pero el encuentro permitió posteriormente intercambiar experiencias y construir herramientas de acompañamiento.
La actividad cerró con una propuesta vinculada con la música, mientras que ya se proyectan nuevas acciones comunitarias para octubre.
Para Barreda, ese tipo de espacios también responde a un principio más amplio: los vínculos sociales forman parte de la salud cerebral.
“La cultura es salud cerebral. Los vínculos sociales son salud cerebral”, afirmó.
Desde esa perspectiva, la prevención del Alzheimer y de otras enfermedades cerebrales no comienza cuando aparecen los primeros olvidos ni termina dentro de un consultorio. Implica cuidar durante años la alimentación, el movimiento, el descanso, la salud mental y los vínculos, además de construir una comunidad capaz de acompañar cuando aparece un diagnóstico.
Observación de edición: evitaría poner en título o bajada el dato “uno de cada seis” hasta identificar el estudio latinoamericano al que se refiere Barreda. También revisaría antes de publicar la afirmación atribuida durante la conversación a la Sociedad Argentina de Pediatría sobre “no pantallas hasta los 8 años”: es un punto secundario para esta nota y la transcripción no aporta la fuente ni el documento específico. El eje preventivo sobre salud cerebral se sostiene perfectamente sin esos dos datos.