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Anti-Peronismo S.A.: la fe que mueve montañas
Por: Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
La clave electoral del domingo fue más que simple y contundente. La Libertad Avanza ganó en casi todas las provincias que componen la mayoría del electorado del país. El resultado más evidente es que el oficialismo de Milei se consolida en el Congreso de una manera distinta. No hay más peligro de juicio político. Sus vetos serán absolutamente efectivos. Pero lo más importante, es que aún sin quorum ni ser mayoría, puede consolidarse como primera minoría con apoyo de aliados. Por primera vez, está más cerca de lograr los mismos consensos que dinamitó hace menos de un año. Pocos tienen la suerte de una segunda oportunidad.
La segunda clave del domingo es cómo lo hizo. Y la pregunta es interesante aun cuando la respuesta no nos agrade. El milagro se hizo, en parte, gracias a un sentimiento más viejo que la grieta: el anti-Peronismo, o por lo menos el miedo a la vuelta del Kirchnerismo. No fue un voto por reformas. Fue un voto por castigo.
Había gente que tenía miedo y gente que todavía tenía esperanza. Y todo se juntó en ese poco más del 40%. Sin embargo, ¿la pregunta desde esta semana es cuánto dura? Simple, el cumplimiento de las expectativas del miedo y de las esperanzas.
¿Y qué provocó el milagro? La polarización, que se llevó puestos, por ejemplo, a los gobernadores de “Provincias Hundidas”, que ahora enfrentan el siguiente dilema: ¿Oposición o subordinación? Y aún en ambos casos, pierden. El dilema que se les presenta es brutal: enfrentarse a Milei o parecerse al PRO. Perdieron sus referentes en Santa Fe, Córdoba, Chubut, Jujuy y Santa Cruz. Solo Valdés sobrevivió en Corrientes. Tal vez sean más inteligentes de ahora en adelante y decidan acompañar con matices, esperar que el clima político cambie, y rezar mucho.
Los grandes derrotados:
Fuerza Patria quedó detrás. Provincias Unidas fracasó. La izquierda resistió. Y Milei arrasó incluso en territorio enemigo.
Sin embargo, a pesar de este claro resultado, todavía me queda algo de memoria y no puedo dejar de pensar, que pasará, luego de esta semana de euforia, con los discapacitados, con el financiamiento de los hospitales públicos, el financiamiento de las universidades, que vamos a hacer con nuestros jubilados y principalmente, que será del déficit de infraestructura que padece la Argentina hace dos años por lo menos. Por ahora es todo festejo, pero la Argentina sigue rodando.
La lectura de los economistas no es electoral. Es más, su discurso no es político ni tampoco electoral. En el corto plazo, todo es bastante simple. Hoy es la esperanza de estabilización, pero en el mediano plazo la expectativa será crecimiento y si no llega, comenzarán los problemas.
Todo esto junto, me hace pensar en una pregunta brutal ¿Cuánta miseria estamos dispuestos a tolerar con tal de que el Peronismo no vuelva? ¿Hasta dónde se justifica lo injustificable? Posiblemente, ese miedo a la vuelta del Kirchnerismo sea tan fuerte que corre el umbral de dolor a límites poco vistos. Dicho de otro modo, Milei logró renovar confianza con el 40,75%, que no es el 56% pero no es poca cosa para una elección de medio término. La fe antiperonista sigue haciendo milagros.
La desaparición de la oposición clásica:
La UCR quedó con apenas 6 bancas. El PRO, reducido a 14, es una sombra. El ARI ya es arqueología. El Peronismo federal de Pichetto también se diluyó. Provincias Unidas no unió nada: sacó 7% y tendrá 8 bancas. La izquierda, con el 4%, logró 3 bancas. El resultado es claro: el mapa opositor quedó reducido a escombros. En ese desierto, el Peronismo es el único con alguna posibilidad de reorganizarse.
El Kirchnerismo: acta de defunción definitiva.
Esta fue la elección que marcó el final simbólico del Kirchnerismo como fuerza nacional. El miedo al regreso de Cristina fue funcional al Mileísmo y esperemos que sea la última vez. Que se quede presa en casa, feliz, cómoda, pero por favor en silencio y alejada de la política.
Esa muerte, ojalá produzca que el Peronismo quede libre para repensarse. Sin fantasmas. Sin culpas. Y con terreno electoral disponible. Solo debe saber reconstruir sin repetir errores, a sabiendas que todavía es la única fuerza política que aun perdiendo resiste su desaparición como ocurrió con las demás opciones.
La pregunta sigue abierta: ¿tendrá posibilidad de volver el Peronismo en 2027? Probablemente sí. Siempre será necesaria una oposición y a diferencia de sus rivales, aún conserva estructura, territorio y base social. Y porque, en esta tierra cíclica, siempre vuelve el que mejor se adapta al espanto.
Y ahora vendrán o no las prometidas reformas.
El domingo triunfó la racionalidad formal del capitalismo, cuyos rasgos más evidentes son la libertad de mercado, el equilibrio fiscal y la baja de la inflación. La emocionalidad democrática de valores, justicia o aspiración de felicidad cedió frente a esa racionalidad, aún sin brotes verdes o sin el derrame de la copa. La noticia no es mala, solo que me parece insuficiente. En lo personal siempre estaré a favor de un gobierno edificado en la iniciativa privada, pero sin abandonar determinados valores que la sociedad tardó mucho tiempo en construir y que agregan nada más y nada menos que “equidad”. Es lo que vemos en aquellas sociedades en que nos gustaría vivir, nada más.
Lo que viene es bastante fácil de adivinar en esta lógica capitalista. Venimos de dos años donde lo único que intentamos solucionar fue “construir precios”. La Argentina estaba desfasada de los precios internacionales. Había que por lo menos parecerse y así comenzamos con combustibles, energía, bienes y servicios, junto con la baja de la inflación. El único precio que todavía nos provoca problemas, es el más complicado: el precio del dólar. El resultado de este proceso, microeconomía en profunda recesión y con inmensa mayoría de los argentinos que no llegan a fin de mes. Nada de esto cambiará con la elección del domingo y no sabemos el tiempo que llevará superarlo.
La segunda etapa, si queremos que alguien invierta en la Argentina, lo anunció el propio Presidente y en lo personal, coincido con él. Son los costos. Es lo que marca que alguien decida invertir acá o en otro lado. Hasta ahora, solo se invierte dónde los costos importan poco. Energía en algunos casos, minería y pocas cosas más. ¿Pero cómo reducimos costos? ¿Qué reformas son necesarias? Pues bien, todos lo sabemos. De ahí la importancia en la reforma fiscal, previsional y laboral. Toda la política sabe que es necesario pensar un país diferente, el único problema es que para que ocurra debemos alcanzar algún consenso que forme mayorías. Si no es así, todo será un lamentable péndulo. Les sucedió primero a los intentos de gobiernos militares, le sucedió a Menem, le sucedió a Macri y no tengo duda que le sucederá a Milei.
Toda esta segunda etapa, necesita si o si de una cosa. El Parlamento. Y aquí aparece el gran interrogante, que por ejemplo Macri, no logró sortear. Construir un oficialismo y consenso que respalde las reformas con mayoría en el Congreso.
Hasta ahora, el Gobierno, durante todo este año, solo intentó resistir reformas que le hacía otros. El resultado del domingo modificó el escenario y lo acerca a la construcción de las mayorías que necesita. Hoy el discurso de Milei va en ese sentido y eso es más que bueno, ¿pero, será sincero? En esta semana anunció que irá tras la búsqueda de todos los fragmentos de poder en que está diluida la Argentina, comenzando con los gobernadores. Ojalá abandone el enojo y autoritarismo, solucione su propia interna y comprenda, aunque no le guste, “que no hay economía sino hay política”. La Argentina tiene un problema económico y no político. Su desempeño democrático es impecable. No hay violencia política. Sin embargo, la solución de la economía es política. Ojalá el Gobierno lo entienda. Porque el futuro no se declama, se construye y si eso no se logra, solo deviene el fracaso.
